Después del éxito de crítica y de público obtenido con Drive (2011), Nicolas Winding Refn volvió a contar con Ryan Gosling para, de nuevo, adentrarse en el thriller psicológico, más que de acción, pues, al igual que en la precedente, en Solo Dios perdona ( Only God Forgives , 2013) relega la acción a un plano secundario, en beneficio de los silencios que pretenden elocuencia. Sin embargo, su narrativa se aleja de la expuesta en su anterior película, para regresar a una más cercana a la que dio forma a Valhalla Rising (2009), en la que predomina lo experimental, el primitivismo de sus imágenes, la importancia del color en su fotografía y un montaje que juega con la realidad que se está contando ; aunque existen modos más directos y fluidos de contar, el cineasta escoge uno que le permite darse prioridad (y buscar el aplauso de la crítica más pedante y elitista, la que a escribe sin que ella misma sea capaz de entenderse) sobre la trama, los temas y las ideas que pue...