El cine de gánsteres de la década de 1930 encontraba inspiración para sus personajes y sus tramas en la novela negra, en los titulares de prensa y en las figuras de hampones reales. A grandes rasgos, se trataba de un cine de actualidad, por tanto, cercano al público. Era entretenimiento y, al tiempo, la radiografía de un tipo de criminal que surge en un momento concreto: la época de la “ley seca”. Algunas de las películas más recordadas de aquel ciclo gansteril — El enemigo público ( The Public Enemy , William A. Wellman, 1931), Hampa dorada ( Little Caesar , Mervyn LeRoy, 1931) o Scarface ( Howard Hawks , 1932)— exponían (y exponen) el auge y la caída del delincuente en dramas cuya violencia nace del enfrentamiento entre bandas en un espacio de criminalidad y de corrupción, pero también surge de la propia personalidad de los personajes y de su incontrolable deseo de alcanzar lo más alto, quizá porque todos ellos proceden de lo más bajo. Son jóvenes marginales, a menudo sin opcione...