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Mostrando las entradas etiquetadas como sergei m.eisenstein

Eisenstein y los libros

Para quienes posean una mínima noción sobre cine, no escapará que Sergei M. Eisenstein es uno de los nombres propios de la historia cinematográfica. Su uso del montaje revolucionó el medio y sus películas son la prueba física que aún hoy podemos descubrir y disfrutar. Si en La huelga  ( Stachka , 1924), su primer largometraje, despuntaba su revolución, El acorazado Potemkin ( Bronenosets Potemkin , 1925) la confirmó de pleno: en la yuxtaposición de planos había poesía y distancia respecto al montaje clásico. Pero ¿habría sido el mismo cineasta y la misma poesía sin su amor por los libros? Lo ignoro, pero quiero pensar que su pasión por ellos marcaron distancias entre el director que pudo haber sido y el gran cineasta que fue, el que marcó un antes y un después. Mi deseo nace de reconocer y compartir su pasión, aunque nunca podría expresarla como él hizo en estas líneas de sus Memorias Inmorales :...

Eisenstein. Ser o no ser.

Alguien podría cuestionar o preguntarse el por qué de la disyuntiva shakespeariana con la que introduzco la entrada sobre Serguéi Mijáilovich Eisenstein . Y sería una pregunta pertinente que encuentra su respuesta en el ser que pretendía revolucionar el cine y el no ser que se vio obligado a aceptar un papel indeseado para sobrevivir en una época marcada por el totalitarismo, las purgas y el culto a Stalin, tres características que definen una política que no dudó en deshacerse de quienes, como el gran novelista Isaac Bábel o el prestigioso director escénico Vsévolod Meyerhold , caían en desgracia. <<Pero cuando pienso en su personalidad, he de decir que siempre se pareció a una mátriushka rusa, la famosa muñeca de madera tallada que oculta otra en su interior, que a su vez oculta otra, y así ad infinitum . Por fuera era ruso soviético; por dentro, según algunos, un cristiano. Para estos era un judío; para aquellos, un homosexual; para unos pocos, un crítico cínico...

La huelga (1924)

El cine silente de Sergei M. Eisenstein está marcado por el empleo del montaje como parte fundamental de la narración, pero, además, la maestría del cineasta ruso en la edición le sirvió para exponer un discurso ideológico que exaltaba la idea de la revuelta proletaria como medio de liberación de una sociedad marcada por diferencias socio-económicas extremas. De tal manera, ya desde su primer largometraje, La huelga ( Stachka , 1924), prevalece en su discurso el enfrentamiento entre dos fuerzas vivas opuestas: los supuestos representantes del pueblo y aquellos que representaban al capitalismo (más que a la monarquía zarista derrocada en 1917). Como consecuencia, desde un punto de vista significativo, el cine de Eisenstein resulta manipulador, como ejemplifica la sucesión de planos en los que se observan a varios patronos de figura oronda y de elegante vestimenta que, ante las demandas de los obreros de la fábrica, se ríen exageradamente mientras fuman habanos y consumen licores, ...

Alexander Nevski (1938)

Existen películas que nacen con un fin concreto y  Alexander Nevski  (1938) puede servir de ejemplo, ya que no puede esconder su origen político ni su intención propagandística. La película se ubica cronológicamente en el siglo XIII, momento durante el cual se presenta al pueblo ruso como víctima de las sanguinarias tropas teutónicas que amenazan con invadir la madre patria, sin embargo, la verdadera intención del film se comprende si los hechos narrados se trasladan a 1938, cuando los líderes soviéticos mantenían una relación inestable con el gobierno alemán, quizá porque estos no ocultaban su pretensión de extender su zona vital hacia el este. Por ello, los invasores germánicos son mostrados como seres despiadados que no dudan en masacrar a niños, que arrojan a la hoguera sin mostrar la menor compasión. Entonces, ¿quién podría detener a estas hordas sádicas y crueles? ¿Quién podría unir al pueblo para vencer al invasor? ¿Superman? ¿E.T.? No, todavía no era tiempo para e...

El acorazado Potemkin (1925)

A estas alturas, nada nuevo descubro si escribo que los cineastas soviéticos de la década de 1920 fueron maestros del montaje, ni que en sus manos este recurso narrativo evolucionó hasta convertirse en el eje fundamental de sus películas. Quizá el ejemplo más empleado para corroborarlo se encuentra en  El acorazado Potemkin ( Bronenosets Potemkin , 1925 ), la cual se convirtió en un referente evolutivo en la edición cinematográfica como recurso indispensable para dotar de mayor ritmo y conflicto a la acción desarrollada. Desde la experimentación y la innovación,  Sergei M.Eisenstein  incluyó en su película más de mil trescientas tomas, cuando lo normal por aquel entonces serían la mitad, como consecuencia, su film se ha convertido en uno de los más estudiados y comentados de la Historia del Cine, sobre todo su famosa escena de la masacre en las escaleras del puerto de Odessa o las metáforas visuales que salpican su metraje de igual modo que las olas salpican ...