No puedo precisar con total certeza que Orgullo y pasión ( The Pride and the Passion , Stanley Kramer, 1957) fuese la primera película en la que vi Santiago de Compostela en el cine, pero bien pudo ser y así lo acepto. Recuerdo que era muy niño, y que me sorprendió ver a Cary Grant en la misma plaza que yo había visto y pisado tantos días de mi corta vida. Me sentí orgulloso de aquel rincón que combinaba estilos arquitectónicos con grandiosa armonía. El tiempo se me antojaba allí distinto, compañero de la atenta quietud pétrea y gris lluvia que formaba parte del encanto de la fachada principal de la catedral, que a día de hoy (y espero que del mañana) también domina el conjunto artístico que, por entonces, todavía era incapaz de sentir con la pasión que se desataría más adelante, cuando abrí los sentidos a la belleza y a la armonía de las piedras que el oficial británico, al que da vida el actor, no presta la menor atención; según el titular de la noticia, a Grant le interesaban...