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Mostrando las entradas etiquetadas como miguel mihura

Boda en el infierno (1942)

<<Divide y vencerás>> no era un dicho que entrase dentro de las ideas escogidas por la propaganda franquista para su campaña de desprestigio a la República, al contrario, el suyo sería algo así: <<engloba que conviene que la gente de a pie y la comunidad internacional se creen que todos los del otro lado son “rojos” y anticristos exaltados>>. Aún hoy, perdura tal idea entre un importante sector poblacional que no distingue entre anarquistas, sindicalistas, republicanos, burgueses, liberales y católicos, que de estos y de otros los había en ambos lados, socialistas moderados y radicales, comunistas, poumistas, catalanistas, nacionalistas vascos, galeguistas y aquellos que no presentaban más ideología que la de vivir (que también de estos había en ambos bandos). De algún modo, aquella propaganda funcionó igual que la de los otros, pues, popularmente, se tiene la idea de que todos los que estaban con los sublevados eran fascistas, sin matizar que también había una ...

Mihura y la invención de Madrid

Siempre he sentido curiosidad por el nacimiento de las ciudades y buscando en los orígenes de algunas encontré explicaciones en las narraciones de Italo Calvino , en los aullidos de una loba capitolina, en el silencio de aquel ermitaño que, paseando por tierras galaicas, que habían pertenecido a la legendaria reina Lupa, dijo verse sorprendido por luminarias que le señalaban el final del Camino. O mismamente en la sincera confesión que  Miguel Mihura ofrece en Mis Memorias sobre la invención de Madrid. Las palabras del fundador y director de revista  La codorniz quizá no detallen con exactitud la creación de la ciudad que le vio nacer, culpa de la memoria, que todo lo cambia e inventa sin aviso y, por tanto, sin culpa del sujeto que la porta confiado. Pero no vayamos a hacer de ello un drama, mejor aceptar que lo que es, quizá no lo sea tanto; y lo que no es, quizá tenga su razón de ser o no ser, sin que el danés shakespeariano venga a cuento. Mihura dice que cuando estaba...

Una de miedo (1935)

<<Para realizar una película de miedo lo primero que hay que hacer es esperar a que se haga de noche y después ir y coger un campo y echarle encima mucha agua, para fastidiar a los señores que pasen por él. Por ejemplo, vemos este coche...>>, explica el narrador que introduce Una de miedo (1935) al tiempo que desvela los secretos mejor guardados de <<un film bufo de Eduardo G. Maroto >>. En apenas veinte minutos <<y con permiso de ustedes>>, Maroto  desarrolla un estudio sobre los films de terror. Lo hace con pocos medios, incluso algún graciosillo robará la cámara para impedir que el rodaje se prolongue, pero el equipo no desespera y aprovecha la desaparición para saborear su bocadillo de chorizo. Con gracia y descaro, este irreverente pionero de la parodia cinematográfica en España desvela las pautas y los trucos que ...

Un bigote para dos (1940)

Sus labores diplomáticas en Washington no impidieron que Edgar Neville  tuviese vacaciones y viajase hasta Hollywood para comprobar qué se cocía por allí, quizá un buen cocido madrileño. Lo cierto es que por allí se cocía mucho, por ejemplo su amistad con Chaplin , Pickford  y  Fairbanks  y, tras un breve regreso a España, su experiencia como supervisor (director en la práctica) de la versión castellana de El presidio ( The Big House , George Hill , 1930), así como un cameo en la magistral Luces de ciudad ( City Lights ; Charles Chaplin , 1931). Pero, además, observó que los estudios cinematográficos necesitaban escritores, actrices, actores y cualquiera que, conociendo la lengua materna de  Conchita Montenegro  -que también andaba por allí-, contribuyese en la elaboración de las versiones en castellano de sus películas habladas. Por aquel entonces el doblaje no entraba en los planes de los Mayer y compañía, y los subtítulos, o cansaban o no se leían,...

La corona negra (1951)

El territorio suevo se extendía por la antigua Gallaecia romana (hoy Asturias, Galicia, León y norte de Portugal) a inicios del siglo V. Fue el primer reino europeo que surgió de las cenizas del Imperio Romano occidental, pero su existencia apenas se prolongó en el tiempo y, hacia finales de la centuria siguiente, el poderío del conquistador visigodo supuso su desaparición. A día de hoy, la presencia de aquel pueblo germano todavía pervive en los libros de Historia, en topónimos de localidades gallegas, en el imaginario popular y en el Suevia Films sobreimpreso en la imagen de la Ría de Vigo que abre las producciones de  Cesáreo González . Fundada en 1941, la productora y distribuidora de este pionero vigués del cine espectáculo fue la única que hizo sombra a  CIFESA  durante los años cuarenta y, tras el ocaso de la poderosa empresa valenciana, la que reinó en la industria cinematográfica española con títulos de dudosa calidad, otros decorosos y algunos del calib...

Mi adorado Juan (1949)

Escrita por Miguel Mihura y dirigida por su hermano Jerónimo Mihura ,  Mi adorado Juan  presenta ciertas similitudes con las comedias de  Frank Capra , además de plantear desde su comicidad cuestiones que giran en torno a la decisión de un hombre que se aparta de la sociedad para encontrar su plenitud existencial, decisión que le lleva a chocar de pleno con su entorno, sobre todo con quien se convertirá en su mujer, quien se sacrifica por amor, pero en quien asoman dudas que podrían despejarse si Juan ( Conrado San Martín ) encontrase el equilibrio entre su filosofía vital y su amor hacia ella. Al inicio del film Juan se presenta como un tipo simpático, apreciado por todos y a quien todos acuden cuando tienen algún problema, pero también es alguien sin ataduras materiales, sustituidas estas por los pequeños placeres que le proporcionan la amistad y el saberse útil para demás. Sin embargo, su vida sufre un vuelco cuando Eloísa Palacios ( Conchita M...

Bienvenido, Mister Marshall (1952)

Estrenada la década de 1950, la Europa del plan Marshall despegaba su desarrollo económico mientras que, sin plan ni más ruta que la nacionalcatólica del franquismo, España pasaba por momentos económicos y sociales muy mejorables. Esto ya no era novedad alguna, pero, por lo visto, lo que no estaba tan claro era que, para salir de aquella precaria situación, el cambio en la política, mejoras en el sistema educativo o un trabajo bien hecho eran opciones más fiables en sus resultados que la oración, los milagros, las fiestas de guardar o las romerías populares. Para hacer hincapié en esto, tanto Juan Antonio Bardem como Luis García Berlanga escribieron el guion de ¡Bienvenido, Mister Marshall!  (1952) —se desconoce hasta qué punto contribuyó  Miguel Mihura ; el escritor y humorista nunca se atribuyó ser parte— con la clara intención de satirizar ese comportamiento social que se individualiza en la ilusión que se apodera de un pueblo castellano (que podría generalizarse a to...