Una de las grandes parejas de cine no asoma en la pantalla, aunque uno de sus miembros luzca en ella su faceta actoral. Su relación se afianza tras las cámaras, donde se gestan las historias y las suyas son grandes en su complicidad y su humanismo. Calan hondo, resultan entrañables y humanas, pues su principal interés se centra en el ser humano, sin héroes ni villanos, ya sean dolosas como Ladrón de bicicletas ( Ladri di biciclette , 1948), fantasiosas y divertidas como Milagro en Milán ( Miracolo a Milano , 1951), tristes como Umberto D. (1952), o satíricas como El especulador ( Il boom , 1963). No nombraré más títulos, salvo uno, el que ahora corresponde, porque son muchas sus grandes aportaciones al cine y, con las citadas, me queda claro, no sé si a ustedes, que la pareja es Vittorio De Sica y Cesare Zavattini , dos imprescindibles de la historia cinematográfica, quienes, junto a Giuseppe Marotta, que también participó en el guion de El oro de Nápoles ( L’oro di Napoli , 1954...