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Mostrando las entradas etiquetadas como vittorio de sica

El oro de Nápoles (1954)

Una de las grandes parejas de cine no asoma en la pantalla, aunque uno de sus miembros luzca en ella su faceta actoral. Su relación se afianza tras las cámaras, donde se gestan las historias y las suyas son grandes en su complicidad y su humanismo. Calan hondo, resultan entrañables y humanas, pues su principal interés se centra en el ser humano, sin héroes ni villanos, ya sean dolosas como Ladrón de bicicletas ( Ladri di biciclette , 1948), fantasiosas y divertidas como Milagro en Milán ( Miracolo a Milano , 1951), tristes como Umberto D. (1952), o satíricas como El especulador ( Il boom , 1963). No nombraré más títulos, salvo uno, el que ahora corresponde, porque son muchas sus grandes aportaciones al cine y, con las citadas, me queda claro, no sé si a ustedes, que la pareja es Vittorio De Sica y Cesare Zavattini , dos imprescindibles de la historia cinematográfica, quienes, junto a Giuseppe Marotta, que también participó en el guion de El oro de Nápoles ( L’oro di Napoli , 1954...

La ladrona, su padre y el taxista (1954)

Hay encuentros que marcan o cambian las vidas de sus protagonistas. Eso le sucede a Paolo ( Marcello Mastroianni ), el taxista, cuando conoce a Lina ( Sofia Loren ), la picara, y al padre de esta: Vittorio ( Vittorio De Sica ). Estos dos personajes traerán de cabeza al joven conductor y se convertirán en imprescindibles para él, ya sea para sus protestas o para enamorarse. Entre ellos, se crea un lazo cómico e incluso amoroso, y tan irreal como que viven una situación de cine basada en la historia de Alberto Moravia titulada El fanático . Pero si los encuentros cinematográficos se suceden ante los ojos del público para que se desarrolle la acción, en la realidad se producen sin que apenas llamen la atención de los curiosos, salvo que se trate de un encuentro tan lucido y chispeante como el que se da cuando Alessandro Blasetti reúne a De Sica , Loren y Mastroianni en La ladrona, su padre y el taxista (Peccato che sia una canaglia, 1954). Aunque no todos fructifiquen o vayan más allá ...

El médico y el curandero (1957)

Que Mario Monicelli fue uno de los más grandes cineastas italianos lo sabe cualquiera con una mínima noción histórica del cine; pero, curiosamente, incluso quienes se consideran expertos en la materia, suelen omitir al realizador de Un héroe de nuestro tiempo ( Un eroe dei nostri tempi , 1955) cuando se les pide que citen los nombres de los directores transalpinos más destacados. De inmediato, y por méritos propios de cada uno de los nombrados, suelen pronunciarse los Federico Fellini , Vittorio De Sica , Luchino Visconti , Roberto Rossellini y quizá alguien indique Pier Paolo Pasolini ; pero el de Monicelli , al igual que el de Marco Ferreri , otro indispensable e inimitable de la cinematografía italiana (y española), apenas se cita. El responsable de obras maestras como Guardias y ladrones ( Guardie e Ladri , 1951), film codirigido junto a Steno , Rufufú ( Il soliti ignoti , 1958), La Gran Guerra ( La Grande Guerra , 1959) o Los camaradas ( I compagni , 1963) fue fundament...

Daré un millón (1935)

La comedia italiana del periodo fascista encontró en Vittorio De Sica a su galán indiscutible de la pantalla desde ¡Qué sin vergüenzas son los hombres! ( Gli uomini, che mascalzoni! , 1932), film en el que le dirigía Mario Camerini , el mismo cineasta que en Daré un millón ( Daró a milione , 1935) realiza una de las grandes comedias de la época, tras cuya fachada y romance no es difícil entrever la mano de Cesare Zavattini , quien debutaba como guionista en este título que le unió por primera vez a quien sería su pareja profesional y su amigo.  Basada en un cuento* de  Zavattini  y Giaci Mondaini ,  Daré un millón es el encuentro entre De Sica y el guionista, pero también es un divertido, burlesco e irónico film que apunta sin disimulo la hipocresía social, solo que la ubica en Francia para evitar la censura italiana de entonces, quizá sin que esta se diese por aludida, cuando, en realidad, pobres y pudientes los hay en todos los lugares y, en ambos casos, sus c...

El juicio universal (1961)

La vena satírica de Cesare Zavattini , suyo es el argumento y el guion, y de Vittorio De Sica brilla sobre el Nápoles de El juicio universal ( Il giudizio universale , 1961). Se trata de una ciudad concreta, pero representa una cultura y una sociedad marcada secularmente por el catolicismo y por las diferencias socioeconómicas. Y aunque haya perdido religiosidad, no ha perdido su base religiosa. Es decir, que no basta que la sociedad se transforme en laica o elija serlo para que desaparezcan condicionantes morales y tradiciones que se heredan y perviven incluso en la forma de ser de las personas, sean o no creyentes; de ahí que los unos y los otros acaben por aceptar lo inevitable del asunto: que serán juzgados, y solo por este motivo existe culpabilidad, arrepentimiento y temor al castigo. Sin la amenaza del juicio o sin esa voz insistente, que primero es desoída y luego asusta, no habría culpa y todos los personajes del film seguirían como si nada, tal cual sucederá cuando la torme...

Bajo aristocrático disfraz (1937)

Desde su inauguración en 1937 hasta su destrucción durante la Segunda Guerra Mundial, Cinecittà fue un espacio para la ensoñación y la evasión cinematográfica. Construido para dar forma a las fantasías de celuloide de la Italia de Mussolini, suena lógico que lo principal fuese alejar la realidad de sus producciones, de sus historias e imágenes; se consiguió. Durante su primer año de vida, en el mítico estudio se rodaron diecisiete films, entre ellos Bajo aristocrático disfraz ( Il signor Max , Mario Camerini , 1937), y ninguno miraba la realidad; su espejo era otro y sus reflejos en nada recordaban al mundo real. Era la irrealidad y el escapismo cinematográficos, pero ni lo uno ni lo otro fueron exclusivos de Cinecittà  o del régimen fascista, aunque el fascismo los fomentase (también fuera de la pantalla) para mantener su engaño, su propaganda y a la gente aletargada y dentro del ideario que, con otros medios no cinematográficos , evitaba un posible despertar. Pero la fug...

Il Boom (1963)

Podría escribir un libro sobre Vittorio De Sica  y Cesare Zavattini y hablar sobre sus películas comunes o de las que realizaron por separado. Podría referirme a sus caminos profesionales, de celuloide y vidas; podría decir y comentar, como si creyese conocerles. Pero sé que no es así, que solo conozco ese algo suyo que han dejado impreso en planos, secuencias y diálogos de películas que todavía retengo en la memoria. Ese algo se descubre al acompañarles por una milagrosa barriada milanesa o por la eterna Roma de la posguerra o aquella que sufre el desarrollo económico satirizado en  Il Boom (1963). Arriba, dije que podría escribir sobre  Zavattini y De Sica , pero también puedo referirme durante medio día, y parte de la mitad restante, a  Alberto Sordi  y a su...

Ayer, hoy y mañana (1963)

Debido a su ubicación geográfica, <<Nápoles, Milán y Roma>> es uno de los dos títulos alternativos que Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo proponen para  Ayer, hoy y mañana  ( Ieri, Oggi,Domani , 1963) en su amena y completa monografía sobre  Vittorio De Sica 1 . El otro, quizás menos obvio, <<Pobres, ricos y burgueses>>, remite a la perspectiva socioeconómica de los personajes; y tampoco habría desentonado, el más evidente si cabe, "Adelina, Anna y Mara", en clara alusión a las mujeres que protagonizan los tres episodios. Aunque pueda imaginar cualquiera de estos títulos para nombrar el film de  De Sica , no quiero hacer lo propio con otra pareja protagonista, pues, en definitiva, las presencias de  Sophia Loren  y  Marcello Mastroianni  son parte indispensable del atractivo visible de la película. A la actriz y al actor los unió por primera vez en la pantalla  Alessandro Blasetti , en la comedia...

Los niños nos miran (1943)

La comedia Daré un millón ( Darò un milione , Mario Camerini , 1935) deparó entre otras circunstancias el primer encuentro entre dos espíritus afines, complementarios y rebosantes de la humanidad que iría asomando en sus películas comunes. Pero el afianzamiento de la relación profesional de  Vittorio De Sica y Cesare Zavattini  se produjo en Los niños nos miran ( I bambini ci guardano , 1943). Por lo que podríamos decir que, dejando en un aparte intentos previos que no vieron luz, este fue el inició visible de su colaboración, una de las más destacadas de la historia del cine. Pero más que un punto de arranque, Los niños nos miran  es un espléndido drama en el que ya encontramos aspectos que De Sica y Zavattini desarrollarían en posteriores proyectos en común. Me refiero al protagonismo infantil, el de la inocencia amenazada de los limpiabotas, de Bruno o de Totó, y a la doble mirada propuesta por la pareja: la que corresponde a sus personajes —desde la cual descubre...

Estación Termini (1953)

El amor y el desamor grandilocuentes no son prioritarios en el cine de Vittorio De Sica , él estaba interesado en el amor, pero en el que nace de su compasión y su honestidad hacia sus personajes, hacia el género humano, hacia los individuos anónimos que pueblan lo mejor de su obra cinematográfica. Los más, vapuleados por la vida y aún así se niegan a perder la entereza con la que se levantan cuando caen, la misma que les empuja a continuar caminando con dignidad por los espacios donde experimentan sus condenas. Eso era lo que interesaba a De Sica y a Cesare Zavattini , el ser humano y creer en una realidad mejor, quizá no tan fantasiosa como la accesible a los marginados de  Milagro en Milán ( Miracolo a Milano , 1951), pero sí una en la que los anónimos golpeados por la vida encuentren la justicia social que se les niega en su día a día. Esto no lo comprendió David O. Selznick cuando decidió buscar en el cineasta italiano un aliado que le devolviese el esplendor pasado, un b...

Neorrealismo. Soplo de libertad

<< ¿Cómo deberán ser nuestras películas? No será ni alegres ni tristes, y sin final; o al menos sin aquellos finales a los que se agarran los hombres. Haremos películas con un final cualquiera —camina, camina—, habremos encontrado el verdadero significado de la tristeza y de la alegría>>. Cesare Zavattini :  Straparole . Llibres de Sinera, Barcelona, 1968 Introduzco aceite y agua en un vaso y a continuación observo, pero no se mezclan hasta confundirse y solo veo que mantienen contacto dentro del mismo recipiente cristalino. Hecho esto, en lugar de sustancias, pienso en homogeneizar intenciones y pensamientos dispares en un solo espacio, en una sola palabra, entonces, me detengo, cuento hasta diez, y me pregunto si lo que pretendo no me confundirá o generará la creencia de que cuanto englobe el término es una única sustancia. Puede, y entonces, me digo: para qué aunar y correr el riesgo de simplificar individualidades, creatividades, perspectivas e intereses heterogé...