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Mostrando las entradas etiquetadas como john huston

La roja insignia del valor (1951)

La herida de cualquier héroe: ser igual de cobarde que cualquiera Por Antonio Pardines Cualquiera podría llegar a la conclusión de la cabecera y a la que sigue, y a muchas otras: que en un campamento de reclutas se les adiestra y adoctrina, nunca se les enseña ni se les invita a pensar, pues la enseñanza introduciría la capacidad crítica, la reflexión y el pensar por uno mismo; lo cual no conviene cuando no estás formando personas, sino armas letales, tal como expone Stanley Kubrick en la primera mitad de La chaqueta mecánica ( Full Metal Jacket , 1987), sobre todo en la transformación de Pyle, el recluta “Patoso”, de buen muchacho a un trastornado letal y con fusil. Este muchacho, quizás iletrado y de lento aprendizaje, sufre un lavado de cerebro inverso al de Alex, el espabilado protagonista de otra mecánica del sistema también expuesta por Kubrick, cuyo cine, más allá de la estética, no se andaba sin ética ni crítica. ¿Qué hay de heroico en ser francotirador, es decir, un asesino l...

Reflejos en un ojo dorado (1967)

A John Huston le gustaba experimentar con la textura y los tonos de sus películas en color. Moulin Rouge (1952), Moby Dick (1956) y Reflejos en un ojo dorado (Reflections in a Golden Eye, 1967) son los mejores ejemplos. De ahí que fuese insistente en ese punto y algo “dejado” en otros —no se preocupaba demasiado en indicar a los actores y actrices qué esperaba de sus actuaciones, cómo actuar o crear sus personajes; les dejaba libertad para improvisar—. Era un tipo peculiar, de eso no cabe duda, tampoco la hay respecto a que era un cineasta de primera, con un sentido visual innato, osado, dispuesto al reto, como lo pudo ser llevar a la gran pantalla el libro  Reflejos en un ojo dorado y lograr una película perturbadora, cuyo tono dorado apagado y su marco físico —un fuerte militar en el sur de los Estados Unidos— elevan la sensación represiva y la carga psicológica que pesa sobre los personajes. A pesar de que ese espacio les reúne, no hay comunión ni posibilidad de establecerl...

Moby Dick (1956)

¿Cómo adaptar una novela de varias capas, de complejidad a priori inadaptable? Quizá un modelo a seguir sería lo hecho por John Huston y Ray Bradbury en Moby Dick (1956). No saber qué hacer y esperar a saberlo, ocupando el tiempo en burlas y en distanciarse. Dicho así, suena estúpido o a idiotez. Suena como si quien esto escribe no supiera qué decir, puede, o como si la cosa fuera sencilla, pero no hay nada sencillo en las relaciones humanas; tampoco en las profesionales. Al menos, no en la que mantuvieron escritor y guionista, en la que el segundo era víctima de las bromas del primero, que tachaba de debilidad algunos miedos del autor de Fahrenheit 451 . Desorientado por el comportamiento de Huston , que iba de tipo duro y posiblemente lo fuese tanto como juerguista, pendenciero y brillante en lo suyo, Bradbury se preguntaría más de una vez ¿qué tomar de la novela de Herman Melville y ponerlo al servicio del director al que tanto admiraba? El cineasta quería contar en imágenes la h...

La bala mágica (1940)

La enfermedad (sífilis) que padece el primer paciente que vemos atender al doctor Paul Ehrlich (Edward G. Robinson) —papel que inicialmente estaba pensado para ser interpretado por Paul Muni— no se nombra en ningún momento de la primera parte de La bala mágica (Dr. Ehrlich’s Magic Bullet, William Dieterle, 1940). En la segunda, sí; pero debido a la censura, que por entonces controlaba qué decir y qué mostrar en el cine producido en Hollywood, se pronuncia lo menos posible; en Gran Bretaña se suprimió “sífilis” de los diálogos y la película fue estrenada con la clasificación “solo para adultos”. Esta intervención censora es al tiempo irrisoria y patética, por no insistir en el atentado que supone contra la libertad de expresión y, por tanto, contra la ciudadanía, la persona y la democracia. Me refiero a observar cómo la decencia en un país democrático, sea por medio del código Hays, por la censura británica o por cualquier guardián de lo políticamente correcto, se impone al resto de la ...

Juárez (1938-1939)

En la década de 1930, la Warner tenía en nómina a estrellas de la talla de James Cagney , Bette Davis y Edward G. Robinson , pero la que más brillaba era Paul Muni . Gracias a títulos como Scarface ( Howard Hawks , 1932),  Soy un fugitivo ( I Am a Fugitive from a Chain Gang ,  Mervyn LeRoy , 1932) o La tragedia de Louis Pasteur ( The Story of Louis Pasteur ,  William Dieterle , 1936), el actor había alcanzado la posición privilegiada que le permitía exigir un ritmo de trabajo más pausado que el del resto de asalariados del estudio, que solían realizar entre seis y siete largometrajes al año. La producción en cadena era imparable tanto en la Warner como en las demás compañías de aquel Hollywood dorado e idealizado tras su desaparición, donde, salvo excepciones, ningún actor ni actriz lograban “imponerse” a los mandamases de las fabricas de sueños y sucedáneos de celuloide. Muni lo logró en la medida de lo posible. Su posición de estrella le permitía exigir a Jack Wa...

La burla del diablo (1953)

La imagen legendaria con la que dibujo a John Huston en mi mente me trae la figura de un cineasta aventurero y bravucón, con ganas de pelea y de reírse de sí mismo en La burla del diablo ( Beat the Devil , 1953), film que le brindó la oportunidad de parodiar su cine con humor, ironía, engaño y cinismo. La imagen podría ser la de un espíritu burlón que quiere ser libre y la de un cineasta al que Jack Clayton posicionó entre <<uno de los diez mejores directores de cine de nuestra época>>. 1   Clayton , el futuro director de Suspense ( The Innocents , 1961) y de otros magníficos largometrajes, participaba como jefe de producción de esta película que empezó a gestarse en la cama o, con mayor precisión en su ubicación, brotó en la mesilla de noche de una habitación ocupada por Huston . El realizador recordaba que <<El truco de Claude Cockburn de dejarme su novela de “James Helvick”, La burla del diablo , en mi mesilla de noche en casa de Oonagh funcionó. Me pareci...

Al otro lado del viento (2018)

Podría escribir un centenar de frases sobre Orson Welles  que me sirviesen de introducción para este comentario y ciento una serían inexactas, algunas incluso similares a tantas otras ya escritas, pero me decanto por escribir la una que señala a   Welles  como un provocador, un inconformista y un innovador que, consecuencia del rechazo y la incomprensión de estas características que suelen ir unidas, no pudo llevar sus intenciones creativas a su máxima expresión. Desde su primer largometraje, Ciudadano Kane ( Citizen Kane , 1941), hasta la última producción que estrenó en vida, Fraude ( F for Fake , 1973), un falso documental que abría nuevas vías cinematográficas a su cine,  Welles  nunca dejó de provocar reacciones dispares en el público y en la industria cinematográfica (en la que nunca llegó a encajar y en la que se sintió traicionado), como tampoco dejó de reinventarse en sus películas, quizá por su deseo de rodar siempre algo más grande o puede que las c...

El viento y el león (1975)

Para codearse con las viejas potencias europeas, ganarse su respeto e incluso su temor, cuando no sustituirlas, el Corolario Roosevelt de 1904, basándose en la Doctrina Monroe , daba vía libre a la intervención estadounidense en cualquier lugar del globo donde sus ciudadanos o los intereses de sus empresas se vieran afectados. A partir de entonces, aquel intervencionismo no hizo más que crecer hasta alcanzar e incluso superar al resto de potencias que todavía se repartían o actuaban en distintas zonas mundiales donde la influencia estadounidense se acrecentó gracias a la presencia de sus tropas y de sus grandes multinacionales. Sin llevarnos a engaños, los intereses económicos (materias primas, ampliar y controlar mercados, abaratar costes de producción,...) fueron los principales impulsores del colonialismo y neocolonialismo de los países más desarrollados durante los siglos XIX y XX, pero también existían otras intenciones como la de ganarse el respeto, suprimir o intimidar a las...

Jezabel (1938)

Un año antes de que David O. Selznick , Victor Fleming y compañía arrasaran las taquillas de medio mundo con  Lo que el viento se llevó  ( Gone to the Wind ; Victor Fleming , 1939),  William Wyler  adaptó para la Warner la obra teatral de Owen Davis   Jezebel , estrenada sin pena ni gloria en Broadway en 1934 y ambientada en un espacio y en una época similares a los escogidos por  Margaret Mitchell  para desarrollar su novela. Fiel a su estilo, y a riesgo de ser despedido por el retraso del rodaje,  Wyler priorizó por encima de la espectacularidad —que  Selznick   sí perseguiría en su superproducción— la puesta en escena, en la que nada parece faltar ni sobrar, las relaciones y las reacciones de sus personajes, principio y fin de una película que en apariencia se aprovechaba de la expectativa generada por el anunció de la adaptación del éxito de ventas de Mitchell . Pero, al contrario que  Lo que el viento se llev...