Simplificando y viajando en el tiempo, veo a Sócrates —si el Sócrates que conocemos lo fue, o fue la imagen que quisieron otros— en la plaza del pueblo rodeado de sus discípulos, a quienes plantea cuestiones que les lleva a asentir y a concluir con un “convengo en ello, maestro”. Él pregunta y, como quien no quiere, guía las respuestas de los jóvenes. Es un buen método, mejorable, eso sí, como cualquier método. Lo importante es que el profesor trata de enseñar a pensar, a plantear interrogantes, a dudar, incluso de lo aprendido, aunque quizá no de cuanto él da por hecho. En definitiva, para sus alumnos es más provechoso que les muestre u ofrezca opciones, variables, preguntas, que afirmaciones discutibles, en todo caso. El docente interpretado por Donald Pleasence en la versión televisiva de Sin novedad en el frente ( All Quiet in the Western Front , 1979) no hace preguntas, ni tiene en cuenta a sus alumnos. No les respeta como mentes, solo como depositarios de su doc...