La propuesta de James L. Brooks en Mejor… imposible (As Good as It Gets, 1997) bascula entre el cuento amable y el viaje a la felicidad de su protagonista; desde el rechazo inicial hasta la victoria del amor; eso propone el realizador de La fuerza del cariño (Terms of Endearment, 1983) en su reencuentro con Jack Nicholson, a quien proporciona un vehículo para lucimiento del histrión del que ha hecho gala no en pocas ocasiones, algunas con mayor fortuna que otras, pero también le brinda la posibilidad de sacar al actor de sobrada capacidad para reconducir y evolucionar a sus personajes, haciendo de su Melvin un tipo que pasa del rechazo a la aceptación. Nicholson logra las simpatías del público tras mostrarse antipático superlativo, pero con causa, pues Brooks justifica su comportamiento desvelando que se trata de alguien que padece un trastorno emocional que le aleja de cualquier posibilidad de establecer relaciones más allá de sus protestas y desplantes. Melvin teme el desorden de su ...