<<Diego Gelmírez hizo lo que no supo —o no pudo— su predecesor Diego Peláez, todo un prelado de pelo en pecho, todo un político tan misterioso como de gran talla.>>, comenta Adro Xavier omitiendo a Dalmacio, el obispo que gobernó Santiago entre ambos Diegos… <<De ese obispo enigmático>>, se refiere a Peláez, <<de este señor gran innovador, fue paje o familiar, muy pronto, Diego Gelmírez. Allí, en la escuela catedralicia, aquella en ebullición renovadora a la sazón, se educó, abrió los ojos a la política, a la grandeza del Reino de Galicia. Allí vio la caída de su mecenas, vio cómo entre cepos se lo llevaron a la cárcel de León, y más tarde, aquí, por las rúas de líquenes y orvallo, un día recogió la noticia de que Peláez había logrado huir y refugiarse en el reino de Aragón, al amparo de Pedro I, donde con un puñado de parientes y fieles, luchaba en vano, esperaba sin resultado su reposición en el obispado.>> Mientras tanto, en tierras gallegas, <...