Bajo el síndrome de Orfeo Por Antonio Pardines Como todo cuento de hadas clásico, el narrado por Jacques Demy se inicia con el cansino y remoto «Érase una vez…». Pues sí, lo fue y todo comenzó de la pluma del cuentista Charles Perrault, autor del cuento que inspiró a Demy su Piel de asno ( Peau d’âne , 1970). El cineasta logra una de sus películas más emblemáticas, creativa y, visualmente, ambiciosa, aunque Los paraguas de Cherburgo ( Les parapluies de Cherbourg , 1964) quizás sea de las suyas la más aplaudida y ensalzada; valoración de la que tampoco discrepo. Pero esta logra algo distinto: consigue envolverte en una atmósfera de fantasía colorista y musical, de magia cinematográfica que el cineasta francés maneja con elegancia para llevarnos por un reino donde el rey vive en el cuerpo de Jean Marais, el protagonista de dos de las fantasías cinematográficas francesas más poéticas. Me refiero a las rodadas por Jean Cocteau: La bella y la bestia ( La Belle et la Bête , 1947) y Orfeo ...