Donde cielo e infierno se citan en ti Por Antonio Pardines «—¿Te acuerdas de Raskólnikov? Ivanof le sonrió irónicamente. —Era de esperar que fueras a parar a eso más pronto o más tarde. Crimen y castigo ... En verdad, te vuelves senil o infantil. —Un momento, un momento —dijo Rubachof yendo y viniendo con aire agitado—. Hasta ahora no ha habido más que palabras, pero ahora nos acercamos al meollo de la cuestión. Si recuerdo bien, el problema es saber si el estudiante Raskólnikov tiene el derecho de matar a la vieja usurera. Él es joven y bien dotado; ella, vieja y absolutamente inútil en el mundo. Pero la ecuación se desquicia. Primero las circunstancias le obligan a asesinar a otra persona; tal vez es la consecuencia imprevisible e ilógica de un acto tan simple y lógico en apariencia. En segundo lugar, la ecuación no funciona, porque Raskólnikov se da cuenta de que dos y dos no son cuatro cuando las unidades matemáticas son seres humanos...» Arthur Koestler: El cero y...