Once años atrás, Paul Thomas Anderson se inspiró en Thomas Pynchon para rodar Puro vicio ( Inherent Vice , 2014), un film de detectives que iba más allá de investigaciones y cuestiones policiales; iba pasado de rosca en su atractivo y divertido retrato de la época y de su personaje principal, de quien asumía el colocón sin insistir ni presumir de ir puestísimo, cuya perpetua alucinación funcionaba (para mí) a las mil maravillas. Paul Thomas Anderson supo dar un toque humorístico y gamberro, sin perder clase ni estilo, a su paseo cinematográfico por una soleada california setentera en la que el ritmo de la película caminaba a la par que su protagonista. No diré que dando eses y bandazos entre paredes, porque el detective no estaba borracho, sino perpetuamente fumado, como si quisiera no sentir o no vivir en el mundo que le rodeaba, uno a todas luces cruel e injusto, tal como vendría a ser y hacemos ser el mundo que llamamos real. Mas al tratarse de una película, solo es el reflejo de l...