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Mostrando las entradas etiquetadas como antonio casal

La ironía del dinero (1955)

Mi memoria me dice que la primera película que vi de Edgar Neville fue Domingo de Carnaval  (1945), aunque bien podría estar errada y haber sido otra la que ocupa dicho puesto, pero, diga verdad o mentira, no es momento para contradecirla y dejaré que me guíe durante los primeros compases de estas líneas, y a ver hacia dónde me conduce. A partir de aquel (supuesto) primer y afortunado encuentro intenté ver cuanto pude de un cineasta de buen vivir y manifiesto humor que me atrajo más si cabe con La vida en un hilo  (1945), dicen que su obra maestra, y La torre de los siete jorobados  (1944), para mi memoria la más memorable. También despertó mi entusiasmo con El crimen de la calle de Bordadores  (1946) y sobre todo con las andanzas de Fernando y  El último caballo  (1950). Mas ahí no terminó mi idilio cinematográfico con  Neville , pues, más serio y menos costumbrista, me sorprendió con la biográfica El marqués de Salamanca  (1948) y con el melo...

El fantasma y doña Juanita (1944)

Enamorado y superado por el temor a revelar su humilde procedencia, el oficinista interpretado por Antonio Casal   en  Huella de luz  (1942)  asume una identidad falsa para conquistar el amor de la joven acomodada a quien dio vida  Isabel de Pomés . Lo mismo sucede con su payaso en El fantasma y doña Juanita  (1944), cuando conoce a Juanita ( Mary Delgado ) y decide hacerse pasar por contable, pero la diferencia fundamental entre ambos personajes reside en que el primero logra confesar su mentira, mientras que el segundo no tiene la oportunidad de hacerlo y acaba su existencia convertido en el espectro que vive en la memoria de la Juanita ( Camino Garrigó ) del presente, durante el cual se desarrollan los primeros y últimos minutos de la película. Entremedias, las imágenes nos llevan al pasado que doña Juanita desvela a su sobrina Rosita ( Mary Delgado ),  haciéndole participe de la huella imborrable y dolorosa que el amor perdido dejó en ella. Su con...

Antonio Casal. Entre cómico y sentimental

Escribir sobre Antonio Casal es hacerlo sobre la comedia española de la década de 1940. Su rostro y su cuerpo dieron vida a personajes inolvidables como el suicida de  El hombre que se quiso matar , el supersticioso de  La torre de los siete jorobados , o su ceniciento de Huella de luz , a quien calificó de <<modesto oficinista. Pero no me quejo, a pesar de que solo tengo un traje que llevo desde hace diez años. Y no me quejo porque mi papel, entre cómico y sentimental, está lleno de humanidad>>. La humanidad a la que hizo alusión en la revista cinematográfica  Primer Plano (nº 117, enero de 1943) definía a sus personajes al tiempo que traspasaba la gran pantalla para conectar con el público de la época, que reconocían en el actor gallego, nacido en Santiago de Compostela en 1910 e instalado en A Coruña desde los seis a los dieciocho años, al hombre corriente de cualquier pueblo o ciudad española. Aunque algunos dudasen de su <<majestad>...

Doce lunas de miel (1943)

Tras rodar en Reino Unido, Hungría (su país natal), Francia e Italia, Ladislao Vajda llegó a España en 1942 huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Un año después realizaba sus dos primeros largometrajes españoles, la comedias  Se vende un palacio (1943) y  Doce lunas de miel . Esta última significó su encuentro con el cuentista y humorista  José Santugini , quien había debutado en la realización de largometrajes con Una mujer en peligro (1936), a la postre su única película como director. Durante la posguerra  Santugini inició una prolífica carrera como guionista que dio pie a títulos emblemáticos del cine español, entre ellos  Viaje sin destino  ( Rafael Gil , 1942),  La torre de los siete jorobados  ( Edgar Neville , 1944), que adaptaba la novela homónima de Emilio Carrere ,  Carne de horca  (1953) o Mi tío Jacinto (1956), estas dos últimas, para quien escribe, sus mejores colaboraciones con Vajda . De aquellas dos comedias solo se...

Viaje sin destino (1942)

Gracias a sus interpretaciones de hombres corrientes e ingenuos,  Antonio Casal  se convirtió en uno de los rostros masculinos más reconocibles de la comedia española de la posguerra. Sus personajes no tardaron en ganarse la simpatía del público, que esperaba ver en los enredos protagonizados por el actor gallego al individuo cercano, de condición humilde y de buen fondo que, salvando las distancias, el espectador estadounidense podría esperar de  Gary Cooper  y de  James Stewart  en las películas de Frank Capra . Pero, al contrario que estos dos astros hollywoodienses, la fama de Casal lo encasilló en el género cómico y jugó en su contra cuando, en el último tramo de la década de 1940, las adaptaciones literarias, el cine religioso y los melodramas históricos se pusieron de moda y los directores que habían contado con él, como fue el caso de Rafael Gil , prescindieron de sus servicios porque no lo encontraban adecuado para el drama de altos vuelos...

Huella de luz (1943)

La Guerra Civil española (1936-1939) y la posterior dictadura echaron por tierra los logros alcanzados durante la breve y frágil democracia nacida en 1931, como también lo hizo con la joven industria cinematográfica que durante la primera mitad de la década de 1930 intentaba abrirse paso de la mano de  Benito Perojo , Carlos Velo ,  Nemesio M. Sobrevila ,  Luis Buñuel , Florían Rey , Rosario Pi , o de las actrices  Imperio Argentina  y Conchita Piquer . Por aquellos años  Rafael Gil  escribía críticas cinematográficas para varias revistas especializadas, sin pensar que poco tiempo después el conflicto (bélico, económico, ideológico y social) lo cambiaría todo y le llevaría a rodar cortometrajes de propaganda al servicio de la República. Posteriormente, ya en el bando franquista (más afín a su pensamiento), continuó realizando documentales panfletarios hasta que  CIFESA  le produjo su debut como realizador de largometrajes de ficción, con la...

Botón de ancla (1947)

<<Por primera vez, en 1948, desde que en 1938, diez años antes, me dediqué a este oficio, había logrado un éxito popular. Cuando hacíamos presentaciones en los cines de reestreno, las ovaciones eran estruendosas, los saludos, los abrazos, rebosaban admiración, simpatía, cariño. La gente me reconocía por la calle. No se habían aprendido todavía mi nombre, pero me señalaban y decían: ¡Mira, mira: el que se muere en Botón de ancla !>>.  Fernando Fernán Gómez recordaba en sus memorias que a raíz de su participación en  Botón de ancla  (1947) el público lo reconocía por las calles. Esa popularidad repentina le sorprendía, ya que, a pesar de su juventud, llevaba una década dedicada a la interpretación, había participado en títulos tan populares como  El destino se disculpa  ( José Luis Sáenz de Heredia , 1944), pero su buen hacer había pasado desapercibido. Más allá de su mediocridad, la película de  Ramón Torrado fue un éxito monumental, sin exag...

El hombre que se quiso matar (1942)

Sin amor, si n trabajo, la vida pierde el sentido para Federico Solá ( Antonio Casal ), decidido a poner fin a una existencia dominada por el fracaso que achaca a los favoritismos y al egoísmo dominantes que le han impedido alcanzar sus objetivos. Federico reniega de la vida, intenta suicidarse de varias maneras, aunque el resultado siempre es el mismo; incluso en su intención de abandonar el mundo de los vivos fracasa, sin embargo, su decisión es inquebrantable y anuncia durante una conferencia su propósito de acabar con todo en un plazo de cuatro días. Desde que hace públicas sus intenciones suicidas, su comportamiento cambia de forma radical; abandona su eterno semblante de derrota y aparca la compasión que siente hacia sí mismo, hecho que le permite un nuevo enfoque vital en el que pierde su miedo a vivir y le convence para dejar a un lado los condicionantes sociales que le han convertido en un tipo gris. Con su ruptura con el orden establecido el joven se convierte en alguien atí...

La torre de los siete jorobados (1944)

En otro momento y en otro país,  La torre de los siete jorobados  (1944) pudo haber sido el punto de partida para un cine fantástico y de terror español que no tuvo continuidad ni presencia hasta la década de 1960, por lo que se trata de una película atípica para su época, que mezcla sin complejos y con gran acierto el fantástico, la intriga, el humor y el costumbrismo, tan característico en la filmografía de  Edgar Neville . Esta obra fundamental, de un realizador fundamental dentro de la cinematografía española de la posguerra, toma prestados aspectos del expresionismo alemán para enfatizar la sensación de irrealidad y amenaza que   Neville  introdujo de manera eficaz, sin que se resienta su tono castizo, lo cual confiere a la película un aire divertido al tiempo que opresivo.  La presencia de influencias expresionistas se observan en el magnífico decorado de la ciudad subterránea donde se desarrolla parte de los hechos, en el empleo de las l...