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Mostrando las entradas etiquetadas como roberto gavaldón

En la palma de tu mano (1951)

Con su bigote a lo Ronald Colman, ¿o será a lo Douglas Fairbanks ?, ¿o a lo Lawrence Olivier en Rebeca ( Rebecca , Alfred Hitchcock , 1940) o de capricho original?, Arturo de Córdova supo dar rostro, ambigüedad, elegancia y personalidad a sus personajes. De los suyos, siempre me vienen a la mente dos que, en mi memoria, resaltan sobre el resto. Se trata de los protagonistas de Él ( Luis Buñuel , 1952) y Los peces rojos (José Antonio Nieves Conde, 1955). En ambas logra transmitir más de lo que aparenta a simple vista. Crea interioridades heridas, obsesivas, extrañas, las que tanto Buñuel como Nieves Conde precisan para enrarecer el exterior que asoma en la pantalla y así, desde la interioridad, generar un ambiente insano, onírico, cargado de misterio, incluso de pesadilla espectral y existencial. El que interpreta en En la palma de tu mano (Roberto Gavaldón, 1951) apenas necesita que lo evoque porque lo tengo reciente. Y la idea que prevalece es que tampoco tiene desperdicio. Se ga...

La noche avanza (1952)

Versificaba  Manrique sobre lo efímero de la fama y de la vida; no se equivocaba el poeta al expresarlo. Somos existencias y suspiros del tiempo, aunque haya nombres que sobrevivan un periodo más largo que el de las dos o tres vidas que puedan recordarnos más allá de la nuestra. Los planos finales de La noche avanza (1952) muestran un cartel publicitario con el nombre del protagonista del film. El letrero vuela por la acción del viento y en la sucesión de planos con la que Roberto Gavaldón cierra su película se expresa a la perfección lo efímero de la fama, lo poco que esta significa para el perro que orina encima del nombre de quien minutos antes era el ídolo del frontón o para la propia humanidad, que admira al tiempo que olvida y sustituye lo admirado porque en el devenir nada suyo permanece ni el tiempo le pertenece. Tal vez por ello crease la ilusión de la historia, que no deja de ser la pretensión de perpetuarse, y de los dioses, consciente de su imposibilidad, de su miedo, ...

Días de otoño (1963)

La soltería femenina o el matrimonio, tema que a primera vista plantea Días de otoño (1964), puede sonar desfasada en la sociedad actual, que presume de liberal, aunque no dice que solo lo es donde consiente serlo, pero, aunque fuera así, queda el talento narrativo y melodramático de Roberto Galvaldón, cuyas atmósferas en La otra (1946), La diosa arrodillada (1947), Macario (1960) o Días de otoño se enrarecen a la par que se hacen oníricas, incluso espectrales, para ir más allá del exterior que envuelven. Dicho onirismo, que también puede rastrearse en otros guiones de Julio Alejandro, coguionista junto a Emilo Carballido del guion de Días de otoño (la cuarta colaboración de Alejandro y Gavaldón), cobra maestría en la iluminación de Gabriel Figueroa y en el rostro, en la mirada y los gestos, de Pina Pellicer, que da vida a Luisa, una mujer introvertida que llega a la ciudad donde, gracias a la recomendación escrita por su tía, encuentra trabajo en la pastelería de don Albino (Ign...

La diosa arrodillada (1947)

Un personaje que sentaba bien al actor  Arturo de Córdova era el hombre maduro y atormentado, acosado por fantasmas de deseos, represiones, miedos, celos,… que lo hace (auto)destructivo en las magistrales Él ( Luis Buñuel , 1953) o Los peces rojos ( José Antonio Nieves Conde , 1955). También en La diosa arrodillada ( Roberto Gavaldón , 1947) su personaje se desdobla entre el deseo y la lucha por vencerlo, para controlarlo. Claro que quien se impone en el film de Roberto Gavaldón , cada vez que asoma en la pantalla, es María Félix , actriz de innegable presencia y fuerza magnética. Su Raquel es la modelo que presta su anatomía desnuda a la escultura “la diosa arrodillada” —obra cuya desnudez generó las protestas de los sectores más conservadores de la sociedad mexicana de la época—, la misma pieza que Antonio Ituarte ( Arturo de Córdova ) compra como regalo de aniversario de su boda con Elena ( Charito Granados ), por quien decide vencer el deseo del que habla con uno de sus emp...

La otra (1946)

La ubicación inicial de La otra (1946), un cementerio, habla de muerte, pero no de duelo. Muestra un entierro, el del marido de una de las gemelas interpretadas por Dolores del Río , de quienes las asistentas al sepelio cuchichean que una es viuda joven y rica, que así el dolor desaparecerá pronto, y de la otra, así la llaman, dicen que llega tarde porque tiene que trabajar. La viuda no sufre, pero disimula su bienestar con su velo negro, que se quita en privado y deja ver su rostro: el mismo que el de su hermana. En ese instante, confiesa lo que su cuerpo y su cara reflejan, que no siente su pérdida, puesto que para ella nada se ha perdido. Magdalena radia lozanía; se sabe libre, guapa y millonaria, pero también deja ver su engreimiento y la altivez con la que se dirige a la otra, su imagen opuesta, para nada exuberante, más bien retraía, salvo por un instante, cuando se mira al espejo y ve su reflejo en la lujosa habitación de su hermana. Al ver su imagen reflejada, sin sus gafas y ...

Don Quijote cabalga de nuevo (1972)

La idea de adaptar Don Quijote de la Mancha no era nueva para Carlos Blanco , cuando decidió escribir  Don Quijote cabalga de nuevo  ( Roberto Gavaldón , 1972). Años antes, cuando vivía en Hollywood,  Gary Cooper  le propuso asociarse para dar forma a una versión de la obra cervantina que él mismo protagonizaría. Pero la muerte del famoso actor impidió que el proyecto se llevara a cabo. D urante años la idea permaneció en el limbo creativo, hasta que el guionista encontró en  Mario Moreno  " Cantinflas " a alguien más que interesado en interpretar a Sancho Panza. La participación del actor mexicano trajo consigo la coproducción, el reparto de costes y la necesidad de adaptar la personalidad del escudero literario a la imagen cómica del Cantinflas cinematográfico, como, años antes,  Blanco  había pensado hacer con Don Quijote y  Cooper . El guionista asturiano también sabía que era fundamental dotar de credibilidad a  Ferna...

Macario (1959)

La presencia de la muerte como personaje cinematográfico protagonista o antagonista luce rostros diferentes, aunque siempre condenada a ser el mismo destino, en Las tres luces ( Der müde tod , Fritz Lang , 1921), La muerte de vacaciones ( Death Takes a Holiday , Mitchell Leisen , 1934) y El séptimo sello ( Det sjunde inveglet , Ingmar Bergman , 1957), por citar tres grandes ejemplos que preceden en el tiempo a este clásico mexicano dirigido por Roberto Gavaldón en 1959. El título escogido, Macario (1959), refiere el nombre del personaje interpretado por Ignacio López Tarso , quien da credibilidad emocional al campesino al que da vida en la pantalla, leñador, padre de familia, alguien hastiado de la carestía que domina su existencia. Ubicada durante la época del virreinato de la Nueva España, Macario se inicia con una breve explicación de la importancia cultural del "Día de los Muertos", celebración en la que se entremezclan tradiciones cristianas e indígenas precolombin...