En su acercamiento al bélico como director, productor y guionista —estas dos ultimas funciones compartidas con Grant Heslov—, George Clooney también se reserva uno de los papeles principales y se decanta por realizar un film en la estela de El tren (The Train, John Frankenheimer, 1962), pero que, carente del conflicto emocional, de la tensión y de la contundencia logradas por Frankenheimer, elige desde su inicio el arte, la amistad, el elogio a sus héroes y, a partir de estos, a los más de trescientos hombres y mujeres en quienes recayó la misión de recuperar las piezas artísticas sustraídas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El título ya apunta su misión artística, la cual, solo para los elegidos por el teniente Frank Stokes (George Clooney), está por encima de la guerra. Dicho con mayor exactitud: proteger el arte es la guerra a librar por los “hombres de los monumentos”, que han de encontrar y devolver las pinturas y las esculturas robadas por los nazis durante su ocu...