Dos títulos claves del cine gansteril “moderno” iniciaron su rodaje en octubre de 1966, pero el dirigido por Arthur Penn, cuyos derechos estaban en posesión de Warren Beatty, se anunció mucho antes que el de Roger Corman, aunque fue el de este icónico de la serie B el primero en estrenarse. Su velocidad de rodaje ya era legendaria por entonces y no tenía que ver con la de Penn, tampoco la idea de la figura del gánster coincidía con la de aquel. Bien es cierto que los de uno y otro film difieren ya siquiera por un hecho concreto: el crack del 29, el antes y el después de la Gran Depresión. Mas diferencias aparte, ambas producciones hicieron posible el nuevo auge del cine gansteril de finales de los 60 y principio de los 70; aunque el impacto de Bonnie and Clyde (1967) la elevó y la situó en un pedestal que pocas producciones alcanzan: el de leyenda. En su perspectiva, Corman presenta a los personajes cual crónica de sucesos, pues eso es lo que pretende: detallar los hechos y los pasos q...