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Mostrando las entradas etiquetadas como espionaje

Llamada para un muerto (1966)

Peones grises   Por Antonio Pardines Al igual que John le Carré, autor cuya novela adapta el guion de Paul Dehn para  Llamada para un muerto ( The Deadly Affair , 1966), Sidney Lumet siempre priorizó la psicología de los personajes y del espacio que habitan —la atmósfera que los envuelve y les afecta, reflejo externo de las emociones y de los sentimientos, de miedos y tensiones— por encima de la acción. Y en buena medida esto se debe a su interés por lo humano del sistema: los tribunales, la policía, la escuela, la familia o, en esta película, el ámbito del espionaje. Así me explico que sus películas mantengan la vigencia y la fuerza que tuvieron el día de su estreno, independientemente de que fuesen o no éxitos de taquilla. Llamada para un muerto  es un ejemplo claro de esa predilección, más si cabe si se realiza una comparación —ya sé que alguien podría decir que son odiosas— con cualquier título de la saga 007 de su época, que son películas más pop, coloristas y alegre...

El ojo de la aguja (1981)

Aislados en la tormenta Por Antonio Pardines La literatura de consumo, aquella que aspira a entretener, por lo tanto a no exigir intelectual y emocionalmente al lector más allá de la superficie, y a convertirse en superventas suele resultar más fácil de llevar a la pantalla precisamente por su falta de pretensiones literarias y reflexivas. Dicha ausencia facilita al adaptador cinematográfico su labor, aunque también existe el riesgo de que el público le critique por alejarse del original sin detenerse a pensar que texto y filme son medios distintos que exigen diferentes soluciones. Pero cómo iba a dedicar un minuto o dos a reflexionar, cuando precisamente la falta de profundidad y de complejidad son claves para que el asunto —sea intriga, melodrama o drama— y las ventas funcionen. Se trata de que los ojos del lector devoren las líneas o se pasmen mirando la pantalla; todo cuanto sea sacarlo de esa situación sería algo así como una derrota para el autor del libro o de la película. El ca...

Topaz (1969)

El vicio de espiar (de Hitchcock) Por Antonio Pardines   Aunque generalmente no se nombre entre sus grandes obras, Topaz (1969) es un ejercicio narrativo cinematográfico de primer orden en el que Alfred Hitchcock, a partir del guion escrito por Samuel Taylor —basándose en la novela del hacedor de superventas Leon Uris— despliega su talento para llevar la situación a donde quiere. Tras más de cuatro décadas generando tensión, desplegando sus obsesiones sobre la pantalla y jugando con la ilusión-percepción del público, Hitchcock sabe qué se trae entre manos y cómo manejarlo. El mundo del espionaje no tiene secretos para él; y si los tiene, lo disimula. Su adaptación de Uris funciona sin las irregularidades de Cortina rasgada ( Torn Curtain , 1966), la otra película suya con la Guerra Fría como decorado principal. Sitúa ambas de lleno en el conflicto geopolítico que marcó la segunda parte del siglo XX, pero la ambientada en la Europa tras el «Telón de acero» es más popular entre el ...

Demasiado cálido para junio (1964)

Espías ante la inflación Por Antonio Pardines El cine es ante todo un negocio que apuesta sobre lo que considera seguro y esa seguridad se sostiene en no pocas ocasiones sobre un éxito comercial probado con anterioridad. Más o menos, así se explican las imitaciones, las series, las parodias, las secuelas y precuelas de una película o de un personaje popular como James Bond, cuyo paso de la literatura a la gran pantalla vino influido por el deambular irónico de Cary Grant en Con la muerte en los talones ( North by Northwest , 1959). Esta, a su vez, encuentra su semilla en otro film de Alfred Hitchcock: Los 39 escalones ( The 39 Steps , 1935). Pero el agente a imitar en los años 60, momento dulce de la cultura Pop, fue el 007, al que Ralph Thomas, en Demasiado cálido para junio ( Hot Enough for June , 1964), da por muerto al inicio del film. Se trata de un instante de guiño y de burla hacia el agente más famoso del servicio secreto británico, el mismo servicio que engaña a Dirk Bogard...

Espía por mandato (1961)

El ámbito de los espías ha sido retratado en la pantalla en numerosas ocasiones y de diversas formas, aunque quizá la más popular haya sido también la más alejada de aquello que podría presumirse de realidad. Hablo de James Bond, personaje que nace de la inspiración de Ian Fleming, quien durante la Segunda Guerra Mundial había trabajado para el servicio secreto británico y conocía la profesión, su ambigüedad y sus exigencias. No obstante, adaptado al cine, su personaje nace heroico, luminoso, irónico, colorista, como la caricatura pop que se adapta a la contemporaneidad de la década de 1960. Ese mismo decenio, Martin Ritt llevaba el espionaje a un entorno gris, frío, triste en El espía que surgió del frío (The Spy Who Came in from the Cold, 1965), en la que el cineasta estadounidense adaptaba la novela de John LeCarré, uno de los escritores más prolíficos del género y uno de quienes mejor describió el entorno y la psicología del espía. Esa misma década, antes de que Bond fuese proyect...

36 horas (1964)

Contaba Claudio Sánchez-Albornoz en su Anecdotario político que cuando acudió a Valencia a entrevistarse con Manuel Azaña, en la ciudad del Turia, desde el tertuliano de un café hasta el limpiabotas del local, todo el mundo comentaba que el ejército republicano iba a realizar una ofensiva sobre Aragón, lo cual chocó al historiador madrileño de nacimiento, aunque abulense de adopción y raíces. Probablemente, en ese instante inicial, desconocía que era obra de la propaganda comunista, para elevar la moral ciudadana y mantener a la población sosegada, que creyese estar en buenas manos, esperanzada en la posibilidad de la victoria. Alborzoz, perplejo, no daba crédito a lo que escuchaban sus oídos, pues era consciente de que un secreto a voces dejaba su secretismo de lado para ser comidilla popular. Incapaz de hacer algo para evitarlo, pues los republicanos liberales apenas pintaban ya, no le extrañó el posterior fracaso de la ofensiva, de la que deja caer que bien pudo fracasar debido a q...

Spy Game (Juego de espías) (2001)

La industria de Hollywood siempre apuesta sobre seguro, aunque a veces pierda en su apuesta y sufra un descalabro, que no fue el caso de Juego de espías ( Spy Game , 2001), aunque no dio todo el buen rendimiento económico que se esperaba. Recuerdo haberla visto en el cine, cuando se estrenó por aquí. ¿Por qué acudí a verla? Es evidente, por su pareja protagonista, Robert Redford y Brad Pitt, y por la trama, aunque no por el cómo se desarrolla, pues todavía no tenia una idea clara de ese cómo. Hoy, sí. Más que un film de espionaje, se trata de una película de acción o, si se prefiere, como apunta el título, de un juego de despiste visto desde la perspectiva del espectáculo ruidoso, la mayoría de veces vacío, que puede encontrarse en una película dirigía por Tony Scott. Esto no quiere decir nada en contra del director de Enemigo público ( Enemy of the State , 1998) ni de los films de consumo inmediato en los que, sin duda, era un experto.  Véase para corroborar lo dicho  Top ...

Los espías (1957)

Es indudable que la guerra fría afectó política, social y culturalmente. Trajo consigo la intermitencia inestabilidad-estabilidad, amenaza y miedo, pero también un nuevo tipo de cine de espionaje, aquel en el que se enfrentaban los dos grandes bloques económicos que se oponían sin llegar a entrar en una lucha abierta. La suya era una pelea en la sombra, aparte de conflictos bélicos en lugares apartados de sus fronteras como pudieron ser Corea, Vietnam o Afganistán. En el cine, el conflicto se puede apreciar en algunos de los títulos de la serie James Bond o en El espía que surgió del frí o ( The Spy Who Came in from the Cold , Martin Ritt , 1965), pero antes de que 007 popularizase y frivolizase el mundo de los espías y de que Ritt , adaptando a John Le Carre , lo humanizase en su descenso a las sombras, Henri-Georges Clouzot lo satirizó en Los espías ( Les espions , 1957), cinco años después de que Henry Hathaway realizase Correo diplomático ( Diplomatic Courier , 1952), cuyo prot...

Garbo: el espía (2008)

Actores, actrices, magos, ilusionistas, políticos, cuentacuentos, cuentistas, timadores, espías... encuentran en la mentira y en el engaño herramientas básicas para ejercer su oficio, ya que, a grandes rasgos, todos actúan. Y actuar consiste en hacer creer situaciones, palabras, promesas, sensaciones, emociones que, a pesar de su falsedad, su público tomará por reales, cómplice o inocente de lo que ve y escucha. Algo similar sucede con las deidades mitológicas, que cobran formas y apariencias distintas según capricho, y a menudo con el fin de engañar a los mortales. Los manipulan, los enfrentan o los seducen para su provecho y su placer, pero olvidan que los humanos no son ajenos a la mentira. La asumen como algo natural y son capaces de emplearla con maestría para idear engaños superiores o mejor elaborados que los divinos. ...

El hombre que nunca existió (1955)

¿Quién podría decir cuantas cosas damos por sentado y no son; y cuantas son y, en nuestra negación e ignorancia, no existen o descartamos? Una respuesta, que en parte podría aclarar algo al respecto, la encontramos en la locura, en sus palabras <<el hombre adopta con más facilidad las ideas en las cuales encuentra su gusto y su ventura que aquellas en que no consigue tal cosa, aunque por sí mismas sean más fáciles de entender>> 1 . Se acepte o no, existe la necesidad de engañar, de dejarse engañar y engañarse; y esto ni es dramático, ni trágico, tampoco cómico, o puede que sea un poco de todo lo dicho, aderezado con una pizca de picaresca defensiva y ofensiva, o simplemente forme parte de nuestra historia, de nuestra credulidad e inventiva naturales. En el Génesis hay ejemplos de engaños y de quien se deja engañar. En la mitología griega los dioses asumen distintas formas que le permiten seducir a sus creaciones humanas, saciar deseos y llevar a cabo intenciones; o los g...