Madrid era una fiesta (salvo en palacio y en Gobernación) Por Antonio Pardines Una mente fría quizás no entendiese que ese párrafo inicial es fundamental para establecer las dos cuestiones que me interesan señalar: que a la historia no le interesa lo vivo y que lo vivo vive sus propias y pequeñas historias (lo que alguien una noche de niebla y alucinaciones dio en llamar intrahistoria). Pocas tienen que ver con los intereses que se gestan en las sombras y que, años después, se contarán en un titular y dos o tres líneas en los libros de texto. Lo que quiero decir es que c ada época tiene sus momentos especiales, entendiendo estos como aquellos que pasan a los libros de historia, pues existen otros que solo lo son para el individuo que los vive. Por ejemplo, un plato que saboreará años y años en la memoria, un infrecuente coito bien echado, un viaje que depare lo inesperado o su primer desahucio, pues los siguientes ya serán costumbre y nadie recuerda su rutina. Sin embargo, a su mu...