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Mostrando las entradas etiquetadas como actrices

El registro Marlene

El registro Marlene Por Antonio Pardines Si miro la pantalla, y lo pienso durante al menos unos diez segundos, llego a la siguiente conclusión: que, más que actriz, Marlene Dietrich apenas tenía más registro que el de Marlene. ¿Y cuál era este? La presencia magnética, ambigua, seductora que brillaba en la pantalla sometiendo al profesor Rath en El ángel azul ( Der blaue Engel , Josef von Sternberg, 1930). El resto de sus personajes fueron variantes de esa Marlene, hasta que la edad la llevó hacia otros personajes como el interpretado en Sed de mal ( Touch of Evil , Orson Welles, 1958). Por entonces ya era de esas pocas actrices y actores que se encontraban por encima de la actuación; es decir, lo que se esperaba de una película protagonizada por Marlene era verla a ella ofreciendo su físico y su voz a su personaje. Aunque ya había participado en otras producciones en su Alemania natal, y posteriormente a su encuentro con Welles aparecería en otras producciones, esos dos personajes ma...

Shirley MacLaine, moderna y atractiva

Escribe Martin Gottfried en su biografía sobre Bob Fosse que Hal B. Wallis había acudido a una función de The Pajama Game para ver actuar a Carol Haney, pero que esta se había torcido un tobillo y fue sustituida por Shirley MacLaine, quien acabó siendo el objeto de deseo del famoso productor. Apenas tenía veinte años cuando Wallis se fijó en ella y quiso hacerle una prueba, que resultó exitosa. Las puertas de Hollywood se abrían para Shirley MacLaine, que firmó el contrato que le uniría a Paramount sin saber dónde se metía, aunque no tardaría en aprender a sobrevivir e incluso a triunfar en una selva donde lo bueno y lo malo solo estaban claramente definidos en la pantalla. La realidad era más compleja y también menos clara que cualquier película; pues allí, en la supuesta tierra de los sueños, el triunfo y el fracaso eran y son dos estados tan cercanos que a veces no se tiene tiempo, ni ocasión ni vestuario, para dar la bienvenida al uno y despedirse del otro. Hollywood es así, tan v...

Margarita Xirgu, valentía en la escena

¿Quién se acuerda de los actores isabelinos que representaron las obras de William Shakespeare o de Ben Johnson? ¿Y de las actuaciones de Sarah Bernhardt? ¿Es posible evocar una imagen de las mismas? La catalana Margarita Xirgu es un ejemplo de gran actriz recuperada para la historia en nombres de institutos, calles y teatros, en libros como la biografía de Antonina Rodríguez o Epistolario , que recopila cartas escritas de su puño y letra, en una película televisiva que lleva su apellido, pero que dudo le haga justicia —ni a ella ni al resto de personajes históricos que asoman en la pantalla—, y en documentales que intentan explicar su popularidad e importancia en la escena de ayer al público actual. En su época, era la más popular y querida actriz española; con su propia compañía y con el poder suficiente para llevar a escena la obra de cualquier autor, incluso de un joven e innovador poeta como Federico García Lorca, quien, en 1927, intentaba abrirse paso en el teatro y ser reconocid...

Melina Mercouri, mito griego

La presencia de Melina Mercouri en cualquiera de las dieciocho películas en las que participó no pasa desapercibida. Sus rasgos marcados, su carisma, su atractivo y su fuerza desafiante, llaman la atención sobre sus personajes. Pero, aparte, también sabía actuar. Sus primeros pasos en la actuación fueron en el teatro, ya era una actriz de prestigio años antes de protagonizar Stella (Michael Cocoyannis, 1955), pero no alcanzaría fama mundial hasta dar el salto al cine, sobre todo a partir de su Ilya, la feliz y libre prostituta del Pireo en Nunca en domingo (Pote tin kyriaki, 1960), una mujer vitalista que mira el mundo desde su optimismo y no se deja conquistar por el puritanismo del estadounidense interpretado por Jules Dassin . Era su tercera colaboración. Por entonces, ya eran pareja y seis años después se casarían. Su matrimonio duró desde 1966 hasta 1994, año de defunción de esta actriz y política griega icono del compromiso y de la lucha contra la dictadura militar que se hizo ...

Manuela Rey Is in da House

<<Queda moito por descubrir da mindoniense Manuela Rey (Mondoñedo, 1 de outubro de 1842 ? Lisboa, 26 de febreiro de 1866). Como actriz, como creadora, como muller ?, tanto queda por saber e por contar que, estou seguro, chegará o día no que teremos que escribir con letras de ouro o seu nome no lintel da porta de honra da historia do teatro galego. Mentres agardamos a que ese día glorioso alborexe, imos relembrar o tráxico final da súa curta existencia…>> Do artigo de Antonio Reigosa, publicado en La Voz de Galicia, o 30 de marzo de 2016. (1) Que é a morte se non o desterro do tempo, o esquecemento, que é como o non vivir? Algún día alguén xa no saberá que estivemos, que emocionámonos e que sentimos. Aínda que tampouco importa, é natural o curso da historia humana. Polo xeral, tres xeracións e adeus á memoria de que algún día foramos, pero hai quen perdura, aínda que o seu eu real, o que respirou, xa non exista. Son os seus resultados e as súas creacións (ou as devastacións ...

Pickford, la pequeña gran Mary

Al principio no había nombres en la pantalla, solo aquellos cuerpos y rostros proyectados en sabanas y paredes. Las voces, gritos, pellizcos, guantazos, alguna ventosidad en fuga y el humo tabaco procedían de los espectadores; la mímica y las caídas solían proceder del otro lado. Así fue durante años, hasta que aquellas anatomías planas se hicieron familiares para el público que acudía a las barracas y, posteriormente, a locales adaptados para una mejor proyección. En los primeros tiempos no existía el star-system , ni el sistema de estudios, ni el sensacionalismo ni la pomposidad de alfombras rojas, ni historias con argumentos ni publicistas que creasen ídolos. Había buscavidas, granujas de medio pelo, calvos y de melena, soñadores de entretenimiento y empresarios en busca de negocio; y este se encontraba en las imágenes y las situaciones, en payasadas, fantasías, westerns... También en las estrellas. Qué decir tiene que, por entonces, el cine andaba en pañales y aprendía a caminar al...

Lillian Gish. La inocencia perdida del cine

<<La señorita Gish era una estrella que daba el máximo de sí misma. Se metía hasta el fondo y de corazón en todo lo que hacía […] El cine no ha contado con una actriz tan consagrada a él como Lillian Gish.>> (1) No veo motivo para dudar de las palabras de King Vidor a la hora de afirmar la entrega y profesionalidad de una de las más grandes estrellas del periodo silente. Y no lo veo porque los resultados están ahí, en sus más de setenta años dedicados a la interpretación (teatro, cine, televisión) y en las películas que protagonizó. Pero no fue Vidor quien la descubrió, ni quien trabajó con ella en más ocasiones, de hecho el nombre de la actriz va ligado al de otro imprescindible del cine. La actriz inició su aventura cinematográfica a las órdenes de David Wark Griffith, el cineasta que la llevó a lo más alto. Con él trabajó y aprendió desde 1912 hasta 1921, un periodo durante el cual ambos fueron creciendo artísticamente, al tiempo que hacían crecer el cine como medio de...

Elizabeth Taylor, un lugar en el cine

A la edad en la que muchas niñas aún van al parque a jugar, Elizabeth Taylor empezaba a trabajar y debutaba en el cine. Tenía nueve años y tres después, ya era una estrella. Pero, al contrario que tantos prodigios infantiles que alcanzaron dicho estatus, ella no hizo más que acrecentar su popularidad y su brillo con el paso de la infancia a la edad adulta. Siendo su época de mayor esplendor la comprendida entre las décadas de 1950 y 1960 —en esta última obtuvo sus dos premios Oscar—. A los treinta años ya era la actriz mejor pagada de Hollywood. Fue la primera en cobrar un millón de dólares por una película, Cleopatra ( Joseph L. Mankiewicz , 1963), la cual también sería el inicio de su relación personal —que una y otra vez salía a la luz publica— y profesional con Richard Burton. Trabajaron juntos en doce películas; siendo la ultima común la televisiva Se divorcia él, se divorcia ella (Divorce His, Divorce Hers, Waris Hussein, 1973). Por entonces, ya imponía sus condiciones a los pr...

Rita Hayworth, al rojo vivo

El ejemplo más sonado de transformación de mujer a estrella y objeto de deseo de una generación de espectadores, la de la década de 1940, es Rita Hayworth. Más adelante llegarían Marilyn y Rachel Welch, como indican los pósteres de Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, Frank Daranbont, 1994), y las que han seguido; como también antes hubo otras, pero ninguna supo quitarse el guante con el impacto, la seducción y el ritmo de Gilda/Hayworth; como tampoco nadie se ha bañado en la “Fontana” con la gracia de Anita Ekberg ni hay bañista en bikini que haya salido del agua salada con el paso de Ursula Andress, Halle Berry o la Sirenita. También el público femenino de ayer encumbró a los altares de sus deseos a Rodolfo Valentino, John Gilbert, Gary Cooper , al Brando del tranvía, James Dean y quién sabe si a Ronald Reagan. Pero este no es el tema. Tanto Gilda como Rita son personajes de ficción, creados por la maquinaria de Hollywood y aceptados en la fantasía de la gente, la cual nada...