A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
Dentro del Leviatán Por Antonio Pardines En ocasiones he escuchado que la historia es aburrida, lo cual me parece una afirmación que dice poco del tema y bastante de quien la expresa. En todo caso, comprendo que pueda aburrir estudiar la lista de los reyes godos o las fechas de cada batalla y partidas de nacimiento de fulanos como Alejandro, Julio, Isabel, Cosme, Catalina o Ivan. Aunque sí hay una afirmación que considero cierta o, al menos, aproximada: la historia que nos llega no es la ordinaria y rutinaria. Llegan sus grandes momentos, ignoro si los mejores, de modo que ya sería algo así como un espectáculo que promete sacarnos de la rutina. ¿Cuántas veces se inventó la imprenta? ¿Y la toma de la Bastilla sucede todos los días? ¿O un avión estadounidense arroja a diario bombas atómicas? Pero luego existen las historias de la historia, y estas particulares son igual de interesantes, tal como expuso Carlo Ginzburg en El queso y los gusanos al centrar su interés en un molinero del Fru...