A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
Fragmentos de nada: Amores de mayo Por Antonio Pardines Siendo simplista e injusto del montón, digo sin reflexionar que, como padres del chovinismo, los franceses lo son más que el resto de ciudadanos del mundo, salvo que sean austrohúngaros o caballeros británicos, descendientes de aquel individuo más papista que el papa. De ahí que quisiera ser él el único pontífice. Pienso en Mel Brooks y me apropio del «Qué bueno es ser rey» para atribuírselo a Enrique VIII, quien, antes de la llegada del rey Sol al trono de Francia, ya entrevió las prioridades máximas: él y luego él, después él y si tal, ya los fines de semana, alguna de sus mujeres en estado de gracia. Es decir, con anillo o con cabeza. A los guerreros de Siam, a los Duces y Kobas de turno y otros fanáticos, como los militaristas japoneses o aquel que decía que todo lo habían inventado los españoles, incluso a Dios, los dejo para el día en que la inspiración me lleve allí donde estén. Mientras, me conformo con ver Los amantes hab...