A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
Fragmentos de nada: Sin guía Por Antonio Pardines Mi primer viaje internacional fue a Portugal. Recuerdo que entonces existía la frontera administrativa y que uno de los requisitos para cruzar el Miño sin mojarse era tener el DNI. De aquella, no era obligatorio convertir a los niños en números desde su nacimiento, de modo que fue entonces cuando acudí a la oficina de policía de Pitelos, en Santiago, y me dieron el mío tras mancharme los dedos y desentenderse de limpiármelos. Entonces, me dije: «muy mal debe andar el servicio para que después de cobrar ni se preocupen de la limpieza». El caso es que tendría unos doce años, puede que once o trece, y quizás no dijese nada de eso. Pero el viaje era inminente y estaba organizado por el colegio. Ese fue mi primer acercamiento a suelo portugués, que no vi distinto del gallego que estaba a unos pocos kilómetros. Regresaría a él en numerosas ocasiones, lo que me permitiría recorrerlo de norte a sur, también entrando desde Andalucía o Extremadur...