A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
Fragmentos de nada: la ronca suavidad de mundos en ruinas Por Antonio Pardines Escucho en la distancia el maullido de un gato y el rugir de una locomotora que se aleja y se acerca. ¿Viene el tren? No lo tengo claro. As Burgas y el fluir de su agua cálida me desorientan. Brota de las entrañas como letras que imitan el dolor y la desesperanza, allí donde antes hubo espera. ¿Y ahora? Vapor. Corre el alcohol que ni el desamor limpia. Suena el desencanto, la rebeldía; la lucidez del testigo herido se hace rock. Suenan Los Suaves. Afirman que Dolores se llamaba Lola. No es una sentencia ni un sonido hueco. No hay vacío ni prostitución en su cantar a la dignidad desheredada. Se escucha un canto de derrota cotidiana. Vidas en el lodazal, más que en las rutinas grises de quienes recorremos cotidianidades más amables, y puede que más somníferas. Y a pesar de la desesperación, que rima en la distancia que separa el escenario de la vida, no abandonan la esperanza de que un día, quizás mañana, quiz...