Cada comentario que realizo en el blog, solo es eso, un comentario personal a partir de un pensamiento, un libro o una película. Estas son las excusas para dejar fluir las ideas que puedan generarme. De eso trata “va de vagos” desde su origen en 2011, igual que trata de que sus posibles lectores vean las películas o lean los libros con sus propios ojos, sin que nadie les marque el camino, ni se lo allane. Por tanto, no es un espacio para hablar de la película en sí, ni nombrar repartos ni recomendar esto o aquello. Aunque suene categórico, nunca recomiendo, solo comento. Además, considero a los lectores que se detienen por aquí más que capaces de rebatirme y de aportar sus perspectivas, es decir, de enseñarme. Dicho esto, que supongo innecesario, intentaré centrarme, aunque solo es un decir, pues me dejo ir allí donde me lleven las ideas que van surgiendo…
Si bien Hindenburg (The Hindenburg, 1975) es una especulación sobre un posible atentado, que encaja con el cine de catástrofes de la década de 1970, Robert Wise se interesa por la época, por los detalles y por sus personajes. Y más fiel habría sido al momento histórico si el estudio le hubiera permitido rodar su película con el “blanco y negro” documental que tenía en mente. Wise pretendía ser fiel al momento en el que sitúa la acción de su adaptación de la novela de Michael M. Mooney —el guion lo firma Nelson Gidding— y esa tonalidad le habría ayudado a realizar una reconstrucción histórica si no más minuciosa, sí cercana a las imágenes que la abren y la cierran. En ella ubicaría la ficción de la trama, que gira alrededor de la amenaza que se cierne sobre el aerodirigible que da título a la película. Lo consigue a medias, puesto que en ocasiones no logra evitar que se tenga la sensación de que todo es un escenario; sensación que me llega porque, aparte de ser consciente de que el cine es recreación y representación, el uso la fotografía monocromática la habría “transportado” al color “natural” de los documentos cinematográficos de aquel tiempo. No obstante, sitúa el contexto histórico de la tragedia del Hindenburg, la cual sucedió el 6 de mayo de 1937, apuntando el monopolio estadounidense del helio, la guerra civil española, el antisemitismo, el estado policial alemán y un pesimismo cuyo origen puede encontrarse en la inestable situación internacional.
Ahora seré “denso” en mi escritura, porque quiero viajar al pasado anterior al film, y diré que un año antes, en 1936 se habían celebrado los Juegos Olímpicos de Berlín y un año después, en 1938, se reunirían, en Múnich, las cuatro potencias europeas del momento en una conferencia a la que no se había invitado a la URSS. En la capital bávara se firmaría el tratado que consentía que Hitler se anexionase los Sudetes; aparte de confirmarle que ni Francia ni Reino Unido le impedirían seguir con sus bravatas y su totalitarismo. Entremedias, la guerra chino-japonesa y la guerra civil española eran los conflictos bélicos más señalados por la prensa, la cual, por otra parte, también se ocupaba de informar y de hacer propaganda, según el caso y los intereses, incluso haciendo las dos a un tiempo. Eso sucede al inicio de Hindenburg, cuando Wise inserta imágenes documentales que se proyectan (es de suponer) en algún cine alemán. Por entonces, el cinematógrafo era un medio de propaganda novedoso, el más novedoso de la época —la televisión todavía gateaba—, que ya había sido utilizado antes por los soviéticos y por la dictadura de Primo de Rivera. Obviamente, Lenin tenía razón cuando señaló que el cine era el medio de propaganda más importante para ellos (y para el resto de ideologías)…
En la supuesta sala comercial, se proyecta el noticiario que anuncia el segundo vuelto del famoso dirigible, que había sustituido al mítico Zeppelin —el cual también tiene su película, rodada por Etienne Périer en 1971, que recuerdo inferior a esta de Wise—. La voz del noticiero anuncia que se trata del orgullo de Alemania, pero ese símbolo de grandeza corre peligro, como sabrán las autoridades; no así los pasajeros que subirán al <<nuevo coloso de los aires>> —tal como nombra la voz documental a esta lujosa aeronave, en muchos sentidos un “Titanic de los cielos”—, para viajar de Frankfurt a Nueva Jersey en un viaje transatlántico aéreo. Tras el documental en blanco y negro, el bicolor que Robert Wise quería para toda la película, la acción pasa brevemente por Milwaukee, donde una mujer escribe una carta en la que afirma que el dirigible será destruido por una bomba, cuando sobrevuele suelo estadounidense; parece claro que activada por alguien que quiere dar un golpe explosivo al terror nazi —en la realidad, tanto estadounidenses como alemanes investigaron esta posibilidad que Mooney da por hecho en su novela—. Tal amenaza llega a oídos de la embajada en Washington y de ahí al ministerio de propaganda nazi, donde Goebbels ordena al coronel de la Luthwaffe Franz Ritter (George C. Scott), recién llegado de una misión en España —recuerda el bombardeo a Guernica (1) que le ha desencantado y cambiado su perspectiva respecto a la política de su país—, que viaje en el Hindenburg e impida cualquier posible sabotaje... Pero lo mejor del film, visto desde mi subjetividad, pues seguro que existen múltiples perspectivas, no es la intriga —que puede encontrarse en cientos de páginas donde se habla de ella, por ejemplo en wikipedia—, sino el empeño del director en reconstruir ya no solo una época, sino su sensación, el dotar al conjunto de autenticidad.
Wise recordaba: <<Usábamos el modelo del dirigible, que tenía las proporciones exactas, para las tomas generales. Fuimos a Friedrichshall, en Alemania, donde fue construida la nave original, y tenían una especie de museo allí, con cristalería, vajillas, todo tipo de cosas. Copiamos todo eso e intentamos hacer los objetos todo lo auténticos que fuera posible. Aún pienso que debía ser una maravillosa manera de viajar, cuatro o cinco días cruzando el Atlántico. ¡Qué maravilla! Y fue estupendo trabajar con George C. Scott y Anne a Bancroft, y también estaba William Atherton. Un buen reparto. Yo realmente creía en esa película, y creo que salió bien>>. (2) Si lo consiguió o no, daría para una buena charla en la que cada quien pudiese exponer sus impresiones y así conocer las del resto. Acaso ¿no es una buena conclusión para cualquier comentario, dejarlo abierto, que cada quien lo piense y saque sus conclusiones? No creo que haya nada más válido y honesto, intelectualmente hablando, que el que el saber que el pensamiento propio solo es uno más entre el vasto océano.
(1) Como oficial de Inteligencia de la Luthwaffe, Ritter estaría en España para llevar a cabo alguna misión de estrategia o de alto secreto, colaborando con la Legión Cóndor. Por ello sabe que el bombardeo de Guernica fue militarmente innecesario. Aquella experiencia, marca su desencanto a su regreso a Alemania, puesto que, como piloto de la vieja escuela, mantendría un código moral ajeno a esa nueva época que le está tocando vivir y que comprende que ahora no le gusta.
(2) Robert Wise, en Ricardo Aldarondo: Robert Wise. Festival de Cine de San Sebastián/Filmoteca Española, San Sebastián-Madrid, 2005.










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