A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
Fragmentos de nada: Un monumental baño en agua fría Por Antonio Pardines La construcción de una obra arquitectónica colosal lleva su tiempo, sus vidas, sus ingentes cantidades de dinero. Dicho así, suena a simpleza, pero la erección no lo es. Piensen en una pirámide egipcia o maya, ¿cuántos años llevó construirla? ¿cuántos la levantaron? ¿Y qué tesoro costó llevar a cabo el proyecto? Años, oro, sudor y sangre. Nos hemos olvidado de los quienes, es inevitable. La historia apenas recuerda a una milmillonésima parte de quienes ya murieron. Pero hoy admiramos algunos de sus trabajos: la Gran Muralla, el Coliseo, Machu Picchu, Petra y tantos otros lugares que llaman la atención por ser únicos. Ya son arte y monumentos, aunque no naciesen con esa intención por la que se les reconoce y se les visita. Con todo, hay construcciones cuyo nacimiento ya obedece a lo artístico. Aspira a lo grandioso, lo asume como prioridad. Un ejemplo fue el templo de Cristo Salvador en Moscú, erigido ...