martes, 17 de febrero de 2026

Quo Vadis, Aida? (2020)


Cada país tiene sus guerras y resulta lógico que su literatura y su cine hablen de ellas. Incluso, se hace necesario volver la vista atrás transcurridos los años desde entonces, cuado se trata de realizar un ejercicio terapéutico que exorcice fantasmas y ayude a cicatrizar las heridas que todavía sangran o corren el peligro de reabrirse. La primera secuencia de Quo Vadis, Aida? (2020), con su música de fondo y los rostros tristes en un primer plano, parece que quiere condicionar los sentidos de quien la ve y escucha, es decir, intenta situarte, que no sensibilizarte, antes de que se desvele el dolor y el horror que Jasmila Zbanić aventura en la siguiente escena de su película, un dolor y un horror que se comprende fruto de la guerra, un conflicto que conlleva la posibilidad del genocidio. Pero dicho conflicto no solo es el presente, sino parte del pasado, ya desde el siglo XV cuando fueron anexionados al imperio Otomano, cuando este inicia su expansión hacia occidente tras la caída de Constantinopla, y puede que del futuro de los Balcanes, en concreto de Bosnia, donde dos mundos, el cristiano y el musulmán, el serbio y el bosnio se alejan y acercan desde siglos atrás. En Un puente sobre el Drina, ya se novela ese desencuentro y encuentro entre serbios y bosnios, entre cristianos e islámicos, al ser Bosnia un paso entre dos mundos que se rechazan aunque inevitablemente se atraen y formen parte de un origen similar, de influencias eslavas y greco-hebraicas.


No existe la guerra justa, pero todas tienen en común que son sucias y criminales. Claro que hay aquellas que se dicen que “son necesarias” o de liberación, como se apuntó la II Guerra Mundial, aunque se velen sus aspectos sucios o hubiesen sido conflictos evitables tiempo antes de que estallasen. Pero si estallaron, ¿cómo habrían podido ser evitables? Hay preguntas que no encuentran una respuesta sencilla, incluso es probable que no tenga ninguna o todos sus contendientes tenga una que quieren imponer. ¿Es posible el diálogo? ¿Cómo se llega a un conflicto armado? Es incuestionable que este llega de un tiempo anterior, a menudo más distante de lo que se pueda ver a simple vista. Lo seguro es que la guerra es el extremo armado de contiendas anteriores sin resolver. No nacen de un generación espontánea. Mas una vez en lucha, ¿quién gana? En los conflictos armados solo cambia los rostros e incluso quien un día fue víctima puede ser verdugo. Todos podemos ser lo uno y lo otro; lo llevamos dentro. Pero Quo Vadis, Aida? no habla de interioridades, aunque trate del sufrimiento, del miedo, de la irracionalidad y de la imposibilidad humanas en un instante límite, cuando toda una ciudad bosnia vive el terror que implica la llegada de las tropas serbias en julio de 1995. Son civiles, mujeres, hombres, niños, son personas que abandonan sus hogares en busca de refugiado en el campo de los cascos azules de la ONU, pero miles quedan fuera. No hay espacio para ellos, ¿quién decide quién entra o queda fuera? Pero la pregunta es qué hace la ONU ahí, si la matanza continúa, como se observa en la ejecución del alcalde. ¿Es solo una apariencia internacional? ¿Una imagen de la política mundial? ¿Una que limpia conciencias en el “primer mundo”?


La población abandona Srebrenica empujadas por el miedo. El éxodo es masivo, ¿quién se quedaría sabiendo que no está a salvo? La amenaza del crimen, el campo de refugiados, la negociación, la impotencia de los oficiales de los cascos azules, la carestía de medicinas y alimentos, suman la realidad hiriente de quienes huyen en busca de refugio, pero la mayoría no puede acceder a él porque los cascos azules cumplen órdenes. Esa realidad hiriente es la que ya no parece afectar al mundo, salvo en la foto, a quien la conoce en la distancia del hogar, después se olvida y la mayoría de las personas continúan con su bienestar. Sin embargo, hay una minoría que se compadece, que se implica, que ayuda más allá de la pose. Alguien así serían los voluntarios de Un día cualquiera (Fernando Léon de Aranoa, 2015), que dejan sus hogares y viajan a los vacantes para prestar su ayuda. Algo similar hace Aida (Jasna Djuricic), pero con la diferencia que ella es de allí e intenta ser un puente de diálogo, más sin éxito. Ella conocía un pasado en el que la cotidianidad no era el terror: ahora ejerce de traductora de los cascos azules y debe negociar para que dejen entrar a su familia en el refugio donde poco después entra un grupo de soldados serbios para comprobar que allí no hay soldados bosnios. Ha llegado la hora de la victoria serbia, cuyo objetivo es ocupar el espacio bosnio. Por eso el general les dice en la negociación que tienen dos opciones: sobrevivir o desparecer. La primera implica aceptar las condiciones que impone y la segunda se abre a otras dos posibilidades: morir o irse. Los serbios han “ganado” y ahora quieren su premio y sus represalias…

lunes, 16 de febrero de 2026

Fragmentos de nada: un paseo por las nubes


La frase de Ivo Andrić en Un puente sobre el Drina, <<el pueblo solo recuerda y cuenta aquello que puede comprender y transformar en leyenda>>, me hizo pensar una vez más en un interrogante que me resulta al tiempo difícil y sencillo de responder. Pues ¿dónde situar los orígenes, si no al principio? Pero también me pregunto si a menudo el principio de cualquier avance se pierde en la desmemoria, en el olvido del que algunos nombres serán rescatados y otros no. Pensando en ello, recuerdo mi regreso a Porto tras varios años sin pisar sus calles. Ahora transformadas en tránsito de hordas turísticas entre las que me sabía parte. Pero ¿llevaba puesta la sonrisa que leía, no voy a decir que en la totalidad, pero sí en la mayoría de los rostros que antes o después acabarían pidiendo una francesinha, algún tipo de plato de bacalhau, unas natas o una cata de vinos en alguna de las bodegas del otro lado del río, en la no menos turística Gaia? Lo dudo, pero no voy a negar que me alegré de estar allí y no encerrado entre cuatro paredes, no porque prefiera los encierros al aire libre, sino porque la compañía de una persona me liberaba de mí mismo. Aparte de aquella lectura fisonómica y de aquella fuga acompañada, leí en el interior de la estación de São Bento, la que tiene más de 20.000 azulejos en los que se cuentan algunos fragmentos de la historia portuguesa, tal como su vasallaje en el s.XII a la corona leonesa, un vasallaje entre primos, nietos del mismo Alfonso VI que casó a Teresa y a Urraca con otros dos primos, Henrique y Raimundo de Borgoña, otra famosa tierra de vinos. La inscripción a la que me refiero conmemora la primera travesía aérea del Atlántico sur, la llevada a cabo por Gago Coutinho y Sacadura Cabral. En ese breve instante de lectura, me interese por su vuelo por etapas, que unía Portugal y Brasil. Me dije entonces que le dedicaría mayor tiempo cuando regresase a la monotonía de andar por casa. Y eso he hecho. Así pude descubrir que, para llevarlo a cabo con éxito, necesitaron tres hidroaviones, puesto que la travesía resultó problemática y exigió ese número de aparatos para completarla en once etapas, a lo largo de setenta y nueve días, en poco más de sesenta y dos horas de vuelo. Lo que no se cuenta son los otros nombres que participaron en la gesta, los anónimos que ya se han perdido para la historia, pero que sin ellos la historia sería otra, es decir, la conocida sería imposible. Esto sucede en todas las gestas y catares, indistintamente de su origen nacional y geográfico. Se pierden aquellos que no serán “cantados” como héroes, lo que me lleva a concluir que muchos de nuestros héroes no lo serían de no construirse su heroicidad sobre los hombros anónimos que los sostuvieron.


Con anterioridad, conocía la hazaña de Charles Lindbergh, que en 1927 cruzó en solitario y sin escalas el Atlántico, de Nueva York a París, y tenía constancia de la travesía de Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada en 1926, la cual se completó en siete etapas. Y también sabía que Amelia Earhart fue la primera mujer en lograrlo, en solitario y sin escalas, en 1932. Por supuesto, conocía la historia de los hermanos Wright, la que reduce a unas líneas en un libro de consulta o a unos pocos minutos de imágenes documentales. En realidad, la sintetizan para hacer hincapié en lo que se supone importa a la historia: su logro. Muchos otros fueron pioneros en la aeronáutica, pero el imaginario popular solo recuerda a los menos. Tres años antes, en 1919, John Alcock y Arthur Witthen Brown volaron sobre el Atlántico en un vuelo sin escalas que los llevó de Terra Nova (Canadá) a Irlanda en 16 horas, lo que los convertía en los primeros seres humanos en realIzar la travesía atlántica. En 1926, Ramón Franco, futuro hermano de dictador, Ruiz de Alda, futuro cofundador de Falange, el teniente Durán y el cabo mecánico Rada alcanzaban Buenos Aires en el Plus Ultra, que había partido de Palos de la Frontera (Huelva) para completar tras casi sesenta horas de vuelo, divididas entre los días 22 de enero y 10 de febrero de 1926, la primera travesía atlántica que unía España con América. Pero a quien popularmente más se recuerda es a Charles Lindbergh, que fue el primero en realizarla en solitario y sin escalas, tal vez con lo única compañía de una mosca que se negaría a cruzar el charco. El nombre de su aparato, The Spirit of Saint Louis dio título a la hagiografía realizada por Billy Wilder y protagonizada por James Stewart, quien en la realidad había sido oficial de la aviación estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto bélico, el actor participó en una veintena de misiones sobre Europa. Además, en tierra, fue uno de los oficiales encargados de gestionar los ataques sobre las distintos objetivos a bombardear, lo cual, supongo, le generaría el conflicto entre la ética y el deber, un conflicto y un período de los que nunca quiso hablar en público. Pero esa es otra historia, la que me llevó a escribir estas líneas no trata de guerra ni de estrellas de celuloide, es la de los pioneros de la aeronáutica, la que sentí la necesidad de descubrir a partir de aquella inscripción portuense que me recordaba lo poco que sabemos y cómo nos empeñamos en reducir todo a nuestros pequeño radio de acción.


Pensando en la inscripción, me digo que no tiene la finalidad de recordar a las personas que nombra, ni al hecho que idealiza, sino la mítica del hecho; la simplificación de la persona convertida en héroe, es decir, los nombres funcionan no como la vía que nos lleve a los personajes y a su momento histórico, sino a la idea que conviene en el momento del homenaje, el cual sirve para hacer popular la leyenda y lo que esta pretenda. Es nuestro modo de limitar la historia, quizá sea el único que nos permita sentir curiosidad y simpatía hacia ella, porque es la que nos resulta cercana y familiar, pero también es la que omite más de lo que expone porque nos es más sencillo. De tal manera, recordar implica olvido, aunque no lo veamos, puesto que el olvido es la ausencia en el presente de uno de tantos fantasmas que fueron vida en el pasado. Por eso la memoria, la propia historia, la que damos por sentada, puede resultar engañosa, ya que da una idea que es aquí (en cada lugar propio) donde se producen los hechos y no en otros lugares donde también existen. Todos los lugares tienen su historia y suelen desconocer la de otros espacios ajenos a los suyos. En esto, el cine no es diferente, aunque llegase para ser un medio que acercarse al mundo las realidades de sus distintos lugares. Y no es diferente porque pronto cayó en la costumbre de seleccionar y crear los mitos y las leyendas a proyectar, que eran y son las que, si hablamos de industria cinematográfica, cumplen la finalidad de mayores ventas y que se adapten al gusto de la época, que no es el gusto que impone el público, aunque este sea culpable de aceptarlo, sino el que crean los distintos intereses y pensamientos dominantes. Aun así, quien busque, puede encontrar en el cine una ventana abierta a diferentes lugares y, por lo tanto, a diferentes historias, de ahí que se pueda descubrir la existencia de personajes como el protagonista de Hayao Miyazaki en El viento se levanta, de los soviéticos Valery Chkalov en el film homónimo realizado por Mikhail Kalatazov y el Andrei Tupolev de la pelicula “Poema de alas”, o del brasileño Alberto Santos Dumont en O triunfo de um sonho

miércoles, 11 de febrero de 2026

Los gemelos golpean dos veces (1988)


No hay nada original en Los gemelos golpean dos veces (Twins, 1988), incluso el juntar a dos tipos opuestos en físico como Arnold Schwarzenegger y Danny de Vito se había hecho seis décadas atrás, cuando a Hal Roach le dio por juntar a Stan Laurel y Oliver Hardy en sus comedias mudas; y si me apuro, años antes con Roscoe “Fatty” Arbuckle y Buster Keaton. Más adelante se haría con Jerry Lewis y Dean Martín; entre medias con Bing Crosby y Bob Hope o Abbott y Costello; y por citar extrañas parejas en cinematografías fuera de Hollywood: Takeshi Kitano y Beat Kiyoshi, Viruta y Capulina, Franco y Ciccio, Bud Spencer y Terence Hill, Andrés Pajares y Fernando Esteso o los hermanos Calatrava. Y rizando el rizo, Walter Matthau y Jack Lemmon en En bandeja de plata (The Cookie Fortune, Billy Wilder, 1966) y la Extraña pareja (The Odd Couple, Gene Saks, 1968), por citar dos de sus títulos comunes en los que se agudiza el contraste. En ambas, su antagonismo es más psíquico que físico. Tampoco fue novedosa la supuesta autoparodia asumida por el héroe de acción sino que todo obedecía a una estrategia comercial y profesional. Con anterioridad, otras estrellas se habían parodiado en la pantalla, sin ir más lejos Dean Martín en su papel de Dino en el film de Billy Wilder Bésame, tonto (Kiss Me, Stupid, 1964), puesto que el de Dino es un antecedente de la parodia de un actor hacia la imagen que se tiene de él. ¿Y qué importancia cinematográfica tiene todo lo dicho? Si nos ceñimos al cine, ninguna, puesto que, desde sus orígenes, las obras que pueden considerarse artísticas son las menos —solo habría que realizar un recorrido por las distintas industrias cinematográficas para corroborarlo—. Si se trata de fórmula, es una puesta en práctica totalmente milimétrica, pues comprende la importancia del marketing empresarial hollywoodiense y lo lleva a donde le dicta la lógica: a no arriesgar, a jugar sobre seguro y unir a Schwarzenegger con DeVito, que ya era un actor reconocido por sus dotes cómicas. La compañía de este permitiría al primero entrar en la comedia —género en el que ya había probado antes de ser una estrella cinematográfica—. No era difícil saber que la suma de ambos suponía un atractivo de cara la taquilla, pues aparte de sus nombres, sus cuerpos suponían una invitación a la burla y a la carcajada, lo cual está muy bien si es lo que se busca. Y ciertamente es lo que se suele buscar cuando se acude al cine a ver una comedia.


En cuanto al cambio de registro de Schwarzenegger, el buscar nuevas posibilidades para ampliar su campo de acción más allá de Conan, Terminator y depredadores, le abría la posibilidad de actuar como en otros campos y así no cansar a su público —más autoparódico resultaría en El último gran héroe (Last Action Hero, John MacTiernan, 1992), una película superior a este y un fracaso comercial—, ya que como actor se sabía más limitado que Bruce Willis, que había demostrado su vis cómica en la serie Luz de Luna, e incluso que Stallone —que se lanzó a la comedia sin un apoyo en la pantalla tan determinante como el que supuso Danny De Vito y de Reitman, detrás de las cámaras—, que serían, en 1988, las otras grandes estrellas de acción. Así de un experimento sin riesgo, tal vez sí interpretativo para Schwarzenegger, auna en una misma película físicos opuestos, Ivan Reitman logró lo que se proponía: que la cosa funcionase para reventar la taquilla y, para ello, nada mejor que contar con los reclamos de Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito, unirlos en una gracia antagónica e inofensiva, y juegas su mejor baza: caricaturizar la presencia del dúo y ceñirse a su intención de entretener a su público. Reitman no se traiciona, continúa fiel a las comedias simples, taquilleras, gustosamente aceptables (y asumibles) dentro de la industria. Así se decantó de nuevo por el chiste fácil de digerir, el que pueda deparar el unir la inocencia y la picaresca de dos gemelos. Pero, más allá de la apariencia que suma su conjunción, ¿hacia dónde evoluciona el humor? ¿De que se ríe el público? ¿De confrontar dos apariencias y comportamientos tan distintos como el de Julius y Vincent? ¿De una presumible química? ¿Pero qué es la química cinematográfica? ¿Surge, porque está ahí, o se prepara? Julius es fruto de un experimento del gobierno estadounidense, que le dio por invertir párate de su presupuesto en crear un ser humano física, intelectual y espiritualmente superior. Los científicos se empeñaron a fondo. Eligieron seis padres y una madre, pero, después de certificar el éxito, hubo un inesperado contratiempo residual: la imperfección de lo humano en forma de otro niño, Vincent, nacido un minuto después. Esta es la excusa que dará pie a la comedia de colegas, en este caso de gemelos colegas, que no se encontraban juntos desde que salieron a la luz. Décadas después, Julius sale al mundo, en busca de su hermano y se produce el acercamiento, es decir, Julius se vincentifica y Vincent se juliusifica; en esto tampoco hay novedad, pues encontramos un ejemplo lejano en Quijote y Sancho. Fuera del acercamiento de posturas y de la primera impresión que pueda generar las diferencias físicas, la broma propuesta por Reitman se diluye en los chistes de siempre, al menos en los que se descubren en el cine hecho en Hollywood durante la década de 1980. Aún conscientes de la limitación de la gracia, los responsables de este taquillazo no dudarían en realizar otro experimento contando con los dos mismos actores en Junior (Ivan Reitman, 1994)

martes, 10 de febrero de 2026

Guerras del siglo XX vistas por el cine



El adjetivo bélico, del latín bellicus, hace referencia a los aspectos relativos a la guerra, por lo tanto, llevada al cine, su definición englobaría un amplio abanico de producciones. Sin embargo, el término aplicado al Séptimo Arte suele ceñirse a los conflictos desarrollados a partir de la Gran Guerra (1914-1919), de ahí que películas ambientadas en momentos históricos anteriores, que también presentan enfrentamientos bélicos, no suelan asociarse al género. Podríamos atribuir dicha circunstancia al nacimiento del género durante la primera Guerra Mundial. A partir de este sangriento conflicto asomaron por las pantallas documentales, noticiarios y películas que exponían los hechos que se estaban desarrollando en el frente, en la mayoría de los casos con una finalidad propagandística e informativa. Ya desde aquel primer momento se observaban dos concepciones distantes entre sí a la hora de abordar la guerra en la ficción cinematográfica. Por un lado nos encontramos con producciones bélicas del estilo de Corazones del mundo (David Wark Griffith, 1918) y por el otro con anti-bélicas (y anti-militaristas) como Yo acuso (Abel Gance, 1919). Las primeras ensalzan hechos y soldados de uno de los bandos (que las imágenes no dudan en convertir en héroes) que a menudo se presentan desde una perspectiva que anima, cuando no condiciona, a los jóvenes para que se alisten, eleva la moral de la población que (de un modo u otro) se ve afectada por la guerra o posiciona la opinión pública a favor de la causa defendida por los responsables del filme en cuestión. Este tipo de películas, la mayoría apoyadas por los distintos departamentos de guerra, presentan disparidad de contenidos e ideologías, dependiendo del momento de su rodaje y del país donde fueron filmadas. De tal manera que se pueden encontrar producciones en cualquier país que haya sufrido un conflicto: La nave blanca en la Italia de la Segunda Guerra Mundial, Objetivo Birmania en Hollywood, realizada por el estadounidense Raoul Walsh durante la misma contienda, o Sierra de Teruel, la única película dirigida por el escritor y político francés André Malraux, que intentaba con ella llamar la atención internacional sobre la España de la Guerra Civil. Por su parte, las opciones anti-belicistas y anti-militaristas se decantan por interiorizar en el lado sombrío de un conflicto que las imágenes rechazan. Suelen filmarse tiempo después de la conclusión de la contienda —El gran desfileSin novedad en el frente, Tiempo de amar, tiempo de morir (ambas adaptan novelas de Erich Maria Remarque), la trilogía La condición humana, NobiSenderos de gloria, El puente, PlatoonLa delgada línea roja o Cartas desde Iwo Jima— y reflexionan sobre la inútil pérdida de vidas durante los hechos que exponen desde un punto de vista crítico e intimista.




Bombardeos, disparos, destrucción o hazañas forman parte del bélico, pero también sirven para que otros géneros expongan su visión del conflicto. Como suele suceder cualquier género traspasa sus supuestos límites genéricos y asume perspectivas de uno u otros para mostrar sus intenciones, de modo que podemos decir que existen filmes bélicos, dramas bélicos, espectáculos bélicos, comedias bélicas… En este último caso la comicidad, no exenta de crítica, prima en películas como la magnífica Armas al hombro MASH y en otras comedias del estilo de ¿Qué hiciste en la guerra, papi?, La gran juerga, Victoria en Chantant o La vaquilla. La sátira presente en las anteriores producciones brilla por su ausencia en El día más largo, Arde París, La batalla de Inglaterra, Tora, Tora, Tora!, Un puente lejano o La batalla de Midway —que emplea imágenes de otras producciones para sus escenas de batalla—, superproducciones que pretenden mostrar hechos reales desde una precisión casi documental, aunque su interés se diluye al no concretar ni sintetizar los múltiples aspectos que pretenden abarcar empleando repartos multiestelares que solo funcionan como reclamo popular. Este tipo de superproducción se contraponen con el enfoque intimista que prevalece en aquellos largometrajes que siguen los pasos de grupos reducidos de soldados en También somos seres humanosUn paseo bajo el solFuego en la nieve, El harpa birmanaLa colina de los diablos de aceroUno Rojo, división de choque o La chaqueta metálica. Otra distinción sería la geográfica, así se descubren producciones en las que sus protagonistas se ven atrapados en campos de prisioneros —La gran ilusión, Traidor en el infierno, El puente sobre el río Kwai, The Camp of Blood IslandLa gran evasión o Feliz Navidad, Mister Lawrence— y otras producciones en las que los soldados se encuentran en plena contienda —Salvar al soldado Ryan, La cima de los héroes, Stalingrado, la batalla del infierno, La delgada línea roja entre tantas otras—. También las hay que presentan a un comando suicida ajeno a la marcialidad requerida por el mando, siendo su ejemplo más famoso Doce del patíbulo, que puso de moda un tipo de cine que influiría en Los violentos de Kelly, La brigada del diablo o Comando en el mar de China. Por otro lado, encontramos biográficas cinematográficas que se centran en personajes reales como El sargento York, Rommel, el zorro del desierto o Patton. Pero la guerra no solo afecta a los soldados, de ahí que también existan largometrajes que, aunque no se inscriban dentro del género, muestran el conflicto desde la población civil, y en ellas se puede descubrir tanto el trabajo de la resistencia —Roma, ciudad abierta, PaisaEl ejército de las sombras, Esta tierra es mía, Los verdugos también mueren, Kanal, El tren, La ascensión o El libro negro—, como a niños —Juegos prohibidosLa tumba de las luciérnagas—, hombres y mujeres atrapados en un espacios acotados, muchos de ellos campos de concentración —Sangre en FilipinasEl imperio del solLa lista de SchindlerLa vida es bella o El hijo de Saúl— aunque estos tres últimos no suelen encuadrarse dentro del género del que continuaremos hablando en otra ocasión. Pero quizá la diferencia más determinante es quién realiza un film bélico para desvelar el horror y la realidad sin paliativos, miradas descarnadas que se alejan del artificio, aunque sean ficciones y recreaciones, tipo King Vidor, Masaki Kobayashi, Kon Ichikawa, Larisa Shepitko, Elem Klimov, Samuel Fuller, Terrence Malick, y quienes como Cecil B. DeMille, Steven Spielberg, Ridley Scott (Black Hawk derribado) y Christopher Nolan priman el espectáculo y los héroes; o aquellos que buscan condicionar la mirada del espectador y llevarlo a donde quiera el director, ya sea a una especie de de videojuego a lo Sam Mendes en 1917 (2019) o a una exposición preparada para condicionar las emociones de quien mira, tal como hace el responsable de la última versión hasta la fecha de Sin novedad en el frente; un bélico hueco donde los haya…



La filmografía seleccionada no obedece a un motivo de clasificación de mejores y peores películas bélicas (de ficción), sino que pretende un recorrido lo más amplio posible. Lo que implica saltar por los géneros cinematográficos para descubrir un marco mayor: desde el frente hasta la retaguardia, desde los grandes momentos hasta la intimidad del silencio, desde la lucha de la resistencia a los campos de prisioneros, desde la situación femenina a la infantil, desde la propaganda a la denuncia, sin olvidar que también se hizo espectáculo, pasando por las miradas amargas, por las cínicas y por las satíricas, por la situación colectiva e individual, por las causas y las secuelas… un recorrido en el que, como todo transitar, se abren múltiples vías, callejones y rincones a explorar.


(en color naranja, los títulos que pulsando llevan directamente al enlace del comentario de la película)






Primera Guerra Mundial (1914-1918)


Civilización (Civilitation, Thomas H. Ince, 1915)


Corazones del mundo (Hearts of the World, David Wark Griffith; 1918)


Armas al hombro (Shoulder Arms, Charles Chaplin, 1918)


Corazones de la humanidad (The Heart of Humanity, Allen Holubar, 1918)


Yo acuso (J'acusse; Abel Gance, 1919)


El gran desfile (The Big Parade, King Vidor, 1925)


El precio de la gloria (What Price Glory, Raoul Walsh, 1926)


El séptimo cielo (The Seventh Heaven, Frank Borzage, 1927)


Alas (Wings, William A. Wellman, 1927)


El arca de Noé (Noah Ark, Michael Curtiz, 1928)


Cuatro hijos (Four Sons, John Ford, 1928)


La patrulla del amanecer (The Dawn Patrol, Howard Hawks, 1930)


Sin novedad en el frente (All Quiet on the Western Front, Lewis Milestone, 1930)


Remordimiento (The Broken Lullaby, Ernst Lubitsch, 1930)


Cuatro de infantería (Westfront 1918, Georg Wilhelm Pabst, 1930)


Las cruces de madera (Lex crois des bois, Raymond Bernard, 1932)


Adiós a las armas (Forewell to Arms, Frank Borzage, 1932)


El águila y el halcón (The Eagle and the Hawk, Stuart Walker, 1932)


Paz en la tierra (The World Moves On, John Ford, 1934)


La patrulla perdida (The Lost Patrol, John Ford, 1934)


La gran ilusión (La grande illusion, Jean Renoir, 1937)


El sargento York (Sergeant York; Howard Hawks, 1941)


La Reina de África (The Africa Queen, John Huston, 1951)


El precio de la gloria (What Prize Glory, John Ford, 1954)


La escuadrilla Lafayette (Lafayette Escuadrille, William A. Wellman, 1957)


Senderos de gloria (Paths of Glory, Stanley Kubrick, 1957)


La gran guerra (La Grande Guerra, Mario Monicelli, 1959)


Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, David Lean, 1962)


El ladrón de melocotones (Kradetzat na praskovi, Vulo Radev, 1964)


Rey y patria (King and Country, Joseph Losey, 1964)


Las águilas azules (The Blue Max, John Guillermin, 1966)


Hombres contra la guerra (Uomini contro, Francesco Rosi, 1970)


El barón Rojo (Von Richthofen and Brown, Roger Corman, 1971)


Johnny cogió su fusil (Johnny Got His Gun, Dalton Trumbo, 1971)


La victoria en Chantant (La victoire en chantant, Jean-Jacques Annaud, 1976)


Sin novedad en el frente (All Quiet in the Western Front, Delbert Mann, 1979)


Gallipolli (Peter Weir, 1981)


La vida y nada más (Bertrand Tavernier, 1989)


Capitán Conan (Capitaine Conan, Bertrand Tavernier, 1996)


Regeneración (Regeneration, Gillies MacKinnon, 1997)


Caballo de batalla (War Horse, Steven Spielberg, 2011)


La reina del desierto (Queen of the Desert, Werner Herzog, 2015)


1917 (Sam Mendes, 2019)


Sin novedad en el frente (Edward Berger, 2022)



Revolución Rusa (1905 y 1917)


El acorazado Potemkin (Bronenosets Potiomkin, Sergei M. Eisenstein, 1925)


Octubre (Oktyabr, Sergei M. Eisenstein; 1927)


El fin de San Petersburgo (Koniets Santk-Petersburga, Vsevolud Pudovkin, 1927)


Arsenal (Alexander Dovzhenko, 1929)


Chapaiev (hermanos Vassiliev, 1934)


El cuarenta y uno (Sorok pervyy, Grigori Chukhrai, 1956)


Doctor Zhivago (David Lean, 1968)


Nicolás y Alejandra (Nicholas and Alexandra, Franklyn J. Schaffner, 1971)




Guerra Civil Española (1936-1939)


El último tren de Madrid (The Last Train from Madrid, James P. Hogan, 1937)


Bloqueo (Blockeade, William Dieterle, 1938)


Sierra de Teruel (L’espoir, André Malraux, 1939)


Frente de Madrid (Edgar Neville, 1939)


Romancero Marroquí (Carlos Velo, 1939)


Adelante, mi amor (Arise, My Love, Mitchell Leisen, 1940)


Sin novedad en el Alcázar (Augusto Genina, 1940)


Raza (José Luis Saénz de Heredia, 1941)


Rojo y negro (Carlos Arévalo, 1942)


Por quién doblan las campanas (For Whom the Bells Tolls, Sam Wood, 1942)


El santuario no se rinde (Arturo Ruiz Castillo, 1949)


Con la vida hicieron fuego (Ana Mariscal, 1957)


Tierra de todos (Antonio Isasi-Isasmendi, 1961)


Posición avanzada (Pedro Lazaga, 1965)


Soldados (Alfonso Ungría, 1977)


Las bicicletas no son para el verano (Jaime Chavarri, 1983)


Memorias del general Escobar (José Luis Madrid, 1984)


La vaquilla (Luis García Berlanga, 1985)


Dragon Rapide (Jaime Camino, 1986)


¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1989)


Tierra y libertad (Land and Freedon, Ken Loach, 1995)


Libertarias (Vincente Aranda, 1996)


La hora de los valientes (Antonio Mercero, 1998)


Buenaventuta Durruti, Anarquista (Jean-Louis Comolli, 1999)


Encontrarás dragones (There Be Dragons, Roland Joffé, 2011)


Guernika (Koldo Serra, 2016)


Ebro, de la cuna a la batalla (Román Parrado, 2016)


Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar, 2019) 



Segunda Guerra Mundial (1939-1945)


Convoy (Pen Tannyson, 1940)


Hombres intrépidos (The Long Voyage Home, John Ford, 1940)


La nave blanca (La nave bianca, Roberto Rossellini, 1942)


Casablanca (Michael Curtiz, 1942)


Ser o no ser (To Be or no to Be, Ernst Lubitsch, 1942)


Sangre, sudor y lágrimas (In Wich We Serve, Noel Cowärd y David Lean, 1942)


La señora Miniver (Mrs. Miniver, William Wyler, 1942)


Undercover (Sergei Nolbandov, 1942)


Esta tierra es mía (This Land Is Mine, Jean Renoir, 1942)


Sangre en Filipinas (So Proud We Haill!, Mark Sandrich, 1943)


San Demetrio London (Charles Frend, 1943)


Nine Men (Charles Crichton, 1943)


Destino Tokio (Destination Tokyo, Delmer Daves, 1943)


Air Force (Howard Hawks, 1943)


Cinco tumbas al Cairo (Five Graves to Cairo, Billy Wilder, 1943)


Los verdugos también mueren (Hangmen also Die, Fritz Lang, 1943)


Sahara (Zoltan Korda, 1943)


Vida y muerte del coronel Blimp (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1943)


Pasaje a Marsella (Passage to Marsella, Michael Curtiz, 1944)


Treinta segundos sobre Tokio (Thirty Seconds over Tokyo, Mervyn LeRoy, 1944)


Desde que te fuiste (Since You Gone, John Cromwell, 1944)


Te volveré a ver (I’ll Be Seeing You, William Dieterle, 1944)


Por el valle de las sombras (The Story of Dr. Wassell, Cecil B. DeMille, 1944)


Días de gloria (Days of Glory, Jacques Tourneaur, 1944)


Días y noches (Dni i nichi, Aleksandr Stolper, 1944)


Objetivo Birmania (Objetive Burna!, Raoul Walsh, 1945)


Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta, Roberto Rossellini, 1945)


La chica 217 (Cheloviek n. 217, Mijaíl Romm, 1945)


La batalla del rail (Bataille du rail, René Clément, 1945)


No eran imprescindibles (They Were Expendable, John Ford, 1945)


Un paseo bajo el sol (A Walk in the Sun, Lewis Milestone,1945)


También somos seres humanos (Story of G.I. Joe, William A. Wellman, 1945)


Paisà (Roberto Rossellini, 1946)


13 Rue Madeleine (Henry Hathaway, 1946)


Los mejores años de nuestras vidas (The Best Years of Our Lives, William Wyler, 1946)


Alemania, año cero (Germania, anno zero, Roberto Rossellini, 1947)


La última etapa (Ostatni etap, Wanda Jakuwoska, 1947)


En cualquier lugar de Europa (Valahol Európában, Géza Radványi, 1947)


Vivir en paz (Vivere in pace, Luigi Zampa, 1947)


¿Principio o fin? (The Begining or the End, Norman Taurog, 1947)


Los malditos (Les maudits, René Clément, 1947)


Berlin occidente (Foreing Affair, Billy Wilder, 1948)


Años difíciles (Ani difficili, Luigi Zampa, 1948)


La batalla de Stalingrado (Stalingradskaya bitva, Vladimir Petrov, 1948-1949)


Arenas sangrientas (Sands of Iwo-Jima, Allan Dwan, 1949)


El tercer hombre (The Third Man, Carol Reed, 1949)


El silencio del mar (Le silence de la mer, Jean-Pierre Melville, 1949)


Fuego en la nieve (Battleground, William A. Wellman, 1949)


Su peor enemigo (The Small Back Room, Michael Powell y Emeric Pressburger, 1949)


Almas en la hoguera (Twelve O,Clock High, Henry King, 1949)


Hasta que volvamos a encontrarnos (Mata au hi made, Tadashi Imai, 1950)


Rommel, el zorro del desierto (The Desert Fox, Henry Hathaway, 1950)


Hombres (Men, Fred Zinnemann, 1950)


Día D, hora H (Breakthrough, Lewis Seiler, 1950)


La fuerza de las armas (Force of Arms, Michael Curtiz, 1951)


Juegos prohibidos (Jeux interdits, René Clément, 1951)


De aquí a la eternidad (From Here to Eternity, Fred Zinnemann, 1953)


Traidor en el infierno (Stalag 17, Billy Wilder, 1953)


Generación (Poklenie, Andrzej Wajda, 1954)


El último puente (Die Letzte Brücke, Helmut Kaütner, 1954)


El soldado desconocido (Tuntematon sotilas, Edvin Laine, 1955)


Más allá de las lágrimas (Battle Cry, Raoul Walsh, 1955)


El general del diablo (Des Teufels General, Helmut Kaütner, 1955)


El castillo de Codlitz (The Codlitz Story, Guy Hamilton, 1955)


El hombre que nunca existió (The Man Who Never Was, Ronald Neame, 1955)


Sucedió el 20 de julio (Es geschah am 20 Juli, Georg Wilhelm Pabst, 1955)


El último acto (Der letzte akt, Georg Wilhelm Pabst, 1955)


Escala en Hawaii (Mister Roberts, John Ford, Mervyn LeRoy, 1955)


El arpa birmana (Biruma no tategoto, Kon Ichikawa, 1956)


Attack! (Robert Aldrich, 1956)


Embajadores en el infierno (José María Forqué, 1956)


La travesía de París (La traversèe de Paris, Claude Autant-Lara, 1956)


La batalla del Río de la Plata (The Battle of the River Plate, Michael Powell y Emeric Pressburger, 1956)


El único evadido (The One that Got Away, Roy Ward Baker, 1957)


Los jóvenes invasores (Darby’s Rangers, William A. Wellman, 1957)


Amarga victoria (Bitter Victory, Nicholas Ray, 1957)


Kanal (Andrzej Wajda, 1957)


Heroica (Eroica, Andrzej Munk, 1957)


Cuando pasan las cigüeñas (Letyat zhuravi, Mikhail Kalatozov, 1957)


El médico de Stalingrado (De Artz von Stalingrad, Géza von Radványi, 1958)


Tiempo de amar, tiempo de morir (A Time to Love and a Time to Die, Douglas Sirk, 1958)


The Camp of Blood Island (Val Guest, 1958)


Cenizas y diamantes (Popiok i diament, Andrzej Wajda, 1958)


Dunkerque (Dunkirk, Leslie Norman, 1958)


Los desnudos y los muertos (The Naked and Death, Raoul Walsh, 1958)


El baile de los malditos (The Young Lions, Edward Dmytryk, 1958)


Torpedo (Run Silent, Run Deep, Robert Wise, 1958)


La balada del soldado (Ballada o soldate, Grigoriy Chukhrai, 1959)


El destino de un hombre (Sudba Cheloveka, Sergei Bondarchuk, 1959)


El general de la Rovere (Il generale della Rovere, Roberto Rossellini, 1959)


Fuego en la llanura (Nobi, Kon Ichikawa, 1959)


Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1959)


Verboten! (Samuel Fuller, 1959)


El puente (Die Brücke, Bernhard Wicki, 1959)


El puente sobre el río Kwai (The Bridge on the River Kwai, David Lean, 1959)


Stalingrado: batalla en el infierno (Hunde, wollt ihr ewig leben, Frank Wisbar, 1959)


A diez segundos del infierno (Ten Seconds to Hell, Robert Aldrich, 1959)


La condición humana (Ningen no joken, Masaki Kowayashi, 1959-1961)


De Pearl Harbor a Midway (Taihriyo no arashi, Shuei Matsubayashi, 1960)


Mala suerte (Zezowate szczescie, Andrzej Munk, 1960)


Kapò (Gillo Pontecorvo, 1960)


Todos a casa (Tutti a casa, Luigi Comencini, 1960)


La pasajera (Pasazerka, Andrzej Munk, 1961)


Espía por mandato (The Counterfeit Traitor, George Seaton, 1961)


Léon Morin, sacerdote (Léon Morin, prête, Jean-Pierre Melville, 1961) 


Los cañones de Navarone (The Guns of Navarone, J. Lee Thompson, 1961)


Invasión en Birmania (Merrill's Marauders, Samuel Fuller, 1962)


El cabo atrapado (Le caporal éplingé, Jean Renoir, 1962)


La infancia de Iván (Ivanovo detstvo, Andrei Tarkovski, 1962)


El día más largo (The Longest Day, Andrew Marton, Bernhard Wicki, Ken Annakin, 1962)


La gran evasión (The Great Scape, John Sturges, 1963)


Desnudo entre lobos (Nackt unter wölfen, Frank Beyer, 1963)


Los vencedores (The Victors, Carl Foreman, 1963)


36 horas (36 Hours, George Seaton, 1964)


Fin de semana en Dunkerque (Week-end à Zuydcoote, Henri Verneuil, 1964)


El tren (The Train, John Frankenheimer, 1964)


La soldatesse (Valerio Zurlini, 1965)


La tienda de la calle mayor (Obchod na korze, Ján Kadár y Elmar Klós, 1965)


La colina (The Hill, Sidney Lumet, 1965)


La noche de los generales (The Night of Generals, Anatole Litvak, 1966)


Trenes rigurosamente vigilados (Ostre sledované vlaky, Jiri Menzel, 1966)


La gran juerga (La grande vadrouille, Gérard Oury, 1966)


La línea de demarcación (La ligne de démarcation, Claude Chabrol, 1966)


¿Arde París? (Paris brule-t-il, René Clément, 1966)


El viejo y el niño (Le vieil homme et l’enfant, Claude Berri, 1967)


Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, Robert Aldrich, 1967)


Mercenarios sin gloria (Play Dirty, André de Toth, 1968)


Infierno en el Pacífico (Hell in the Pacific, John Boorman, 1968)


El ejército de las sombras (L’armée des ombres, Jean-Pierre Melville, 1969)


El secreto de Santa Victoria (The Secret of Santa Victoria, Stanley Kramer, 1969)


Liberación (Ovobozhdenie, Yuri Ozenov, 1968-1970)


Patton (Franklyn J. Schaffner, 1969)


Tora, Tora, Tora (Richard Fleischer, Toshio Masuda y Kinji Fukasaku, 1970)


Los violentos de Kelly (Kelly's Heroes, Brian G. Hutton, 1970)


Trampa 22 (Catch-22, Mike Nichols, 1970)


Comando en el mar de China (Too Late the Hero, Robert Aldrich, 1970)


Los que saben morir (The Mackenzie Break, Lamont Johnson, 1970)


Matadero 5 (Slaughterhouse-Five, George Roy Hill, 1972)


Ilsa, la loba de la SS (Ilsa: She Wolf of the SS, Don Edmmons, 1974)


Overlord (Stuart Cooper, 1975)


La batalla de Midway (The Battle of Midway, Jack Smith, 1975)


Ellos lucharon por su patria (Oni srazahalis za rodini, Sergey Bordanchuk, 1975)


La ascensión (Voskhozhdeniye, Larisa Shepitko, 1976)


Un puente lejano (A Bridge too Far, Richard Attenborough, 1976)


Ha llegado el águila (The Eagle Has Landed, John Sturges, 1976)


Eric, oficial de la reina (Soldaat van oranje, Paul Verhoeven, 1977)


La cruz de hierro (The Iron Cross, Sam Peckinpah, 1977)


Aquel maldito tren blindado (Quel maledetto treno blindado, Enzo G. Castellari, 1978)


Yanquis (Yanks, John Schlesinger, 1979)


Uno Rojo, división de choque (The Big Red One, Samuel Fuller, 1980)


El último metro (Le dernier métro, François Truffaut, 1980)


El submarino (Das Boot, Wolfgang Petersen, 1981)


Evasión o victoria (Victory, John Huston, 1981)


El escarlata y el negro (The Scarlet and the Black, Jerry London, 1983)


Feliz Navidad, Mr. Lawrence (Merry Christmas Mr. Lawrence, Nagisha Oshima, 1983)


Chicas en pie de guerra (Swing Shift, Jonathan Demme, 1984)


Ven y mira (Idi i smotri, Elem Klimov, 1985)


Esperanza y gloria (Hope and Glory, John Boorman, 1987)


El Imperio del sol (Empire of the Sun, Steven Spielberg, 1987)


Adiós, muchachos (Au revoir les enfants, Louis Malle, 1987)


Mi amigo el traidor (Moi ami le traîte, José Giovanni, 1988)


La tumba de las luciérnagas (Hotaru no Haka, Isao Takahata, 1988)


Adiós al rey (Farewell to the King, John Milius, 1989)


Creadores de sombras (Fat Man and Little Boy, Roland Joffé, 1989)


El bombardero Memphis Belle (Memphis Belle, Michael Caton-Jones, 1990)


El círculo del poder (The Inner Circle, Andrei Konchalovsky, 1991)


La lista de Schindler (Schindler’s List, Steven Spielberg, 1993)


Underground (Emir Kusturica, 1995)


El paciente inglés (The English Patient, Anthony Minghella, 1996)


La vida es bella (La vita è bella, Roberto Benigni, 1997)


Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, Steven Spielberg, 1998)


La delgada línea roja (The Red Thin Line, Terrence Malick, 1998)


Enemigo a las puertas (Enemy at the Gates, Jean-Jacques Annaud, 2001)


La zona gris (The Grey Zone, Tim Blake Nelson, 2001)


Windtalkers (John Woo, 2002)


Amén (Amen., Costa-Gavras, 2002)


El pianista (The Pianist, Roman Polanski, 2002)


El hundimiento (Der untergang, Oliver Hirschbiegel, 2004)


Banderas de nuestros padres (Flags of Our Fathers; Clint Eastwood, 2006)


Cartas desde Iwo-Jima (Letters from Iwo Jima; Clint Eastwood, 2006)


Katyn (Andrjez Wajda, 2007)


Milagro en Santa Ana (Miracle at St. Anna, Spike Lee, 2008)


Valkiria (Valkyrie, Bryan Singer, 2008)


Resistencia (Defiance, Edward Zwick, 2008)


Malditos bastardos (Inglorious Basterds, Quentin Tarantino, 2009)


Ciudad de vida y muerte (Lu Chuan, 2009)


Corazones de acero (Fury, David Ayer, 2014)


Monuments Men (George Clooney, 2014)


El hijo de Saúl (Saul Filia, Laszlo Nemes, 2015)


Paraíso (Rai, Andrei Konchalovsky, 2016)


Aliados (Allied, Robert Zemeckis, 2016)


Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, Mel Gibson, 2016)


Bajo la arena (Under Sandet, Martin Zandviliet, 2016)


El capitán (Der Hauptmann, Robert Schwentke, 2017)


El instante más oscuro (Darknest Hour, Joe Wright, 2017)


Dunkerque (Dunkirk, Christopher Nolan, 2017)


1945 (Ferenc Török, 2017)


El pájaro pintado (Navarvené pátče, Václav Marhoul, 2019)


La zona de interés (The Zone of Interest, Jonathan Glazer, 2023)


Oppenheimer (Christopher Nolan, 2023)



Guerra de Corea (1950-1953)


Casco de acero (The Steel Helmet, Samuel Fuller, 1951)


A bayoneta calada (Fixed Bayonets!, Samuel Fuller, 1951)


Paralelo 38 (Retreat Hell, Joseph H. Lewis, 1952)


La colina de los diablos de acero (Men in War, Anthony Mann, 1957)


La cima de los héroes (Pork Chop Hill, Lewis Milestone, 1959)


M.A.S.H. (Robert Altman, 1969)



Guerra de Indochina y de Vietnam


Corredor hacia China (China Gate, Samuel Fuller, 1957)


El americano tranquilo (The Quiet American, Joseph L. Mankiewicz, 1958)


Sangre en Indochina (La 317ème section, Pierre Schoendoerffer, 1965)


O. K. (Michael Verhoeven, 1970)


El cazador (The Deer Hunter, Michael Cimino, 1978)


Los chicos de la compañía C (The Boys in the Conpany C, Sidney J. Furie, 1978)


Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)


Platoon (Oliver Stone, 1986)


La chaqueta metálica (Full Metal Jacket, Stanley Kubrick, 1987)


Jardines de piedra (Gardens of Stone, Francis Ford Coppola, 1987)


La colina de la hamburguesa (Hamburger Hill, John Irving, 1987)


Good Morning, Vietnam (Barry Levinson, 1988)


Corazones de hierro (Casualties of War, Brian de Palma, 1989)


Nacido el 4 de julio (Born on Fourth July, Oliver Stone, 1989)


Diên Biên Phú (Pierre Schoendoerffer, 1992)


Cuando éramos soldados (We Were Soldiers, Richard Wallace, 2002)



Guerra de Argelia (1954-1962)


El soldadito (Le petit soldat, Jean-Luc Godard, 1960)


La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1965)



Guerra de las Malvinas (1982)


Los chicos de la guerra (Bebe Kamin, 1984)



Guerra de Afganistán (1978-1989)


La bestia de la guerra (The Best, Kevin Reynolds, 1988)


La novena compañía (9 rota, Yuriy Korotkov, 2005)



Guerra de Irak (1990-1991)


Tres reyes (Three Kings, David O. Russell, 1999)


Jarhead (Sam Mendes, 2005)


Redacted (Brian De Palma, 2006)


En tierra hostil (The Hurt Lockert, Katrhyn Bigelow, 2008)




Guerra de los Balcanes (1991-2001)


Las flores de Harrison (Harrison’s Flowers, Élie Chouraqui, 2000)


En tierra de nadie (No Man’s Land, Danis Tanovic, 2001)


Un día perfecto (Fernando León de Aranoa, 2015)


Quo Vadis, Aida? (Jasmila Zbanić, 2020)



Otros conflictos de siglo XX


¡Vámonos con Pancho Villa! (Fernando de Fuentes, 1936)


¡A mí, la legión! (Juan de Orduña, 1942)


Éxodo (Exodus, Otto Preminger, 1960)


Historias de la revolución (Tomás Gutiérrez Alea, 1960


Sammy, huida hacia el sur (Sammy Golng South, Alexander Mackendrick, 1963)


55 días en Pekín (55 Days at Peking, Nicholas Ray, 1963)


El Yangtsé en llamas (The Sand Peebles, Robert Wise, 1966)


Emiliano Zapata (Felipe Cazals, 1970)


¡Agáchate, Maldito! (Giu la testa, Sergio Leone, 1971) 


El joven Winston (The Young Winston, Richard Atteborought, 1972)


El viento y el león (The Wind and the Lion, John Milius, 1975)


Los perros de la guerra (The Dogs of War, John Irvin, 1980)


El año que vinimos peligrosamente (Peter Weir, 1982)


Bajo el fuego (Under Fire, Roger Spottiswoode, 1983)


Los gritos del silencio (The Killings Fields, Roland Joffé, 1984)


El sargento de hierro (Heartbreak Ridge, Clint Eastwood, 1986)


Salvador (Oliver Stone, 1988)


Michael Collins (Neil Jordan, 1996)


Black Hawk derribado (Black Hawk Down, Ridley Scott, 2001)


Disparado a perros (Shooting Dogs, Michael Caton-Jones, 2005)


Diamante de sangre (Blood Diamond, Edward Zwick, 2006)


El viento que agita la cebada (The Wind that Shakes the Barley, Ken Loach, 2006)


Vals con Bashir (Waltz with Bashir, Ari Folman, 2008)


Líbano (Lebannon, Samuel Maoz, 2008)


Mandarinas (Mandariinid, Zaza Urushadze, 2013)