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Sueños de engaño (presentación)

A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
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Madrid era una fiesta (salvo en los despachos)

Madrid era una fiesta (salvo en palacio y los despachos) Por Antonio Pardines Una mente fría quizás no entendiese que ese párrafo inicial es fundamental para establecer las dos cuestiones que me interesan señalar: que a la historia no le interesa lo vivo y que lo vivo vive sus propias y pequeñas historias (lo que alguien una noche de niebla y alucinaciones dio en llamar intrahistoria). Pocas tienen que ver con los intereses que se gestan en las sombras y que, años después, se contarán en un titular y dos o tres líneas en los libros de texto.  Lo que quiero decir es que c ada época tiene sus momentos especiales, entendiendo estos como aquellos que pasan a los libros de historia, pues existen otros que solo lo son para el individuo que los vive. Por ejemplo, un plato que saboreará años y años en la memoria, un infrecuente coito bien echado, un viaje que depare lo inesperado o su primer desahucio, pues los siguientes ya serán costumbre y nadie recuerda su rutina. Sin embargo, a su mue...

Nouvelle vague (2025)

El arte de reducir lo heterogéneo a un solo personaje Por Antonio Pardines La mistificación y la mitificación están a la orden del día, siempre lo han estado, de ahí que pervivan la idea de Buda o de Cristo, de Platón o de Kennedy, así que es comprensible que en su hagiografía irónica sobre el Jean-Luc Godard de Al final de la escapada (1959), Richard Linklater reduzca un montón de aspectos y personas al cliché, al tópico, a la nostalgia de un tiempo febril y a la imagen mítica que se tiene de un grupo que se dio en llamar «nueva ola», como otras olas que surgieron en el cine europeo contemporáneo, pero con una publicidad mayor y más efectiva… En su película Nouvelle vague (2025), Richard Linklater recrea una escena en la que el personaje de Jean-Luc Godard presume con evidente pedantería: «Paul Gauguin dijo “el arte es plagio o revolución”». Obviando que deja fuera a una parte vital del arte, quien lo interpreta como tal; incluso obra de un error o de un grito de desesperación. En r...

Fragmentos de nada: Evocación

Fragmentos de nada: Evocación   Por Antonio Pardines Percusión y viento, estruendo y aliento, anuncian no solo el fragor de la tormenta que se desata con la naturaleza de testigo. Anuncian la aventura, que es la continua carrera por salvar los obstáculos que salen al encuentro. Eso es El último mohicano (1992) de Michael Mann, un filme de superación, de no rendirse ante la adversidad, pero también una evocación romántica de un tiempo pasado que, como todo pretérito, solo existe en la recreación y la repetición que nos devuelve a un ayer subjuntivo. Y esa nostalgia, esa idea de trasladarnos al ayer de Ojo de Halcón no sería posible sin la partitura de Trevor Jones y Randy Edelman —que compuso un tercio de la música—, pues existen composiciones musicales que no solo acompañan las imágenes, o no solo están ahí para condicionar las emociones del público. Las hay que se liberan de su origen —el mero acompañamiento— y crean un nuevo espacio más allá del que se observa. Sucede con la...

El alcalde y la política (1979)

Una astracanada política Por Antonio Pardines Durante el franquismo, el cine político era impensable en España, o al menos uno que no fuese adoctrinador a favor del régimen. Cierto que existían pequeñas dosis de política en algunas películas que colaban sus mensajes entre las risas y el llanto, ahí están Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Marco Ferreri, Saura o el cine negro de los años cincuenta y sesenta para introducir de contrabando algunas miserias y realidades de aquellos años. Pero lo que se dice cine político no sería posible hasta la muerte del dictador en 1975. Entonces proliferó ya no por la necesidad que había de exponer y de hablar de lo que había sido y de lo que estaba siendo, sino porque el tema vendía. Y no hay que olvidarlo: el cine es negocio, aparte de propaganda, entretenimiento o arte —en el mejor y menos prolífico de los casos. Hay un montón de ejemplos de este tipo de películas hechas en la España de la transición, pero quizás las más importantes y recon...

Luis Pimentel, unha voz elegante e sinxela

Luis Pimentel, unha voz elegante e sinxela Por Antonio Pardines Unha das obras máis salientables de Luis Pimentel (Luis Benigno Vázquez Fernández-Pimentel , 1895-1958) é Barco sin luces , un poemario que Dámaso Alonso (Dámaso Alonso y Fernández de las Redondas, 1898-1990) prologou moito tempo antes de que os versos do lucense fosen publicados en 1960 —xa morto o poeta galego—. Ante a posibilidade de que quedasen inéditos, o madrileño recolleu o seu texto no libro Poetas españoles contemporáneos (1952). É doado comprender. Gustouse tanto que tiña medo a ver perdido o seu prefacio para ás rimas admiradas. Ese agarimo polo seu texto e o temor a que ficase mudo nun caixón, convenceuno de que era mellor ir por libre. A composición de Pimentel, obra dunha «voz sinxela», tal como apuntou Alonso, tivo a súa primeira publicación en 1960 e que eu coñecín moito tempo despois, cando lin falar dela. Desta obra póstuma cabe pensar que é unha compañeira indispensable para Manuel Rivas, que fai dicir...

A dixestión unidimensional: ¿o fin das almas e mundos en papel?

A dixestión unidimensional: ¿o fin das almas e mundos en papel? Por Antonio Pardines Sen tomalo por un non lector do texto, quen podería afirmar que Herbert Marcuse é melancólico no seu Home unidimensional por sinalar un perigo presente que non existía no pasado, ou ameazaba doutro xeito menos evidente, veloz e masivo? Ninguén que o lese. Tampouco aquí, o que segue é froito da melancolía, pois o texto non anora o pretérito, senón que sinala unha situación actual que, máis cedo que tarde, pasará a ser anterior e a formar parte da memoria duns e do baleiro doutros. E de memoria vai O último día de Terranova , unha novela que se inicia en 2014 e que percorre varios intres do século XX, dende 1935 ata ese presente no que Vicenzo Fontana, o narrador, lembra para recoñecerse e retornar aos recunchos coñecidos e xa distintos da súa historia, unha historia que é máis ca persoal ou a familiar. A da Terranova é a microhistoria que abrangue a de dous países en sombras, a de xente ao lonxe e na p...

Fragmentos de nada: la ambigua vampirización literaria

Fragmentos de nada: La ambigua vampirización literaria Por Antonio Pardines Hay autores que no escriben para contentar, ni buscan las ventas, tampoco enriquecerse con el fruto de su creación. El éxito y el aplauso les son tan extraños como ellos puedan serlo para el lector medio y el negocio cultural. Solo quieren quizás que haya alguien que les comprenda, tal vez ni siquiera eso. Los hay que escriben porque no pueden no hacerlo. Carecen de elección y lo que escriben obedece a la constante búsqueda emocional de sí mismos, es decir, la escritura para ellos es vida con toda la complejidad, conflicto y contradicción que esta supone. Son autores condenados a no ser leídos en su época o, como mucho, poco leídos, pero algunas de sus obras cambian el modo de entender la literatura. Existen en las antípodas de un Víctor Hugo o de un Hemingway, fueron tipos como Stendhal, de quien ahora se repite lo del síndrome día sí y otro también, Emily Dickinson, a quien hoy se aúpa como heraldo femenino, ...