A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
La imposibilidad de borrar el dolor Por Antonio Pardines Llamamos accidente a aquello que, sin esperarlo, nos sucede y nos descoloca. Algunos son leves y pasajeros, otros de gravedad que sacude nuestras existencias hasta el extremo de situarnos en lo que podría parecer otra vida. No nos explicamos por qué, aunque exista una explicación lógica para que se haya producido y para el golpe emocional que implica la sacudida y la pérdida que los más graves conllevan. Pero, una vez que nos sobreviene, ¿cómo encontrar sentido a lo que sigue, sobre todo si se trata de aceptar que has sobrevivido a un accidente físico, mortal para tus seres queridos? De un instante a otro, sin sospecharlo, sin pensar que la posibilidad accidental y que la muerte nos acompañan desde siempre, la protagonista de Tres colores: Azul ( Trois couleurs: Bleu , 1993) se despierta en un hospital donde le informan de que ha sufrido un siniestro en el que su marido y su hija han muerto. Su cuerpo se recupera, pero su mente ...