A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
Partículas al viento Por Antonio Pardines El título de la novela de Yasunari Kawabata no antepone dos contrarios, sino que une dos complementarios: algo puede ser bello y triste a la vez, es decir, se puede disfrutar de la tristeza o encontrar en esta una puerta a la belleza. A veces, ambas se funden para crear un instante emocional único. Entonces, el paso del tiempo se antoja distinto, quizás melancólico, tal vez creativo, como si quien lo vive quisiera retener los momentos que se saben perdidos. Somos efímeros, sentimos, creamos y nos emocionamos en la efimeridad. El deseo y el saber no hacen más que agudizar la idea de lo bello y la sensación de tristeza que no son externas, sino que nacen dentro, de la suma y resta emocional que nos hace ser. Lo bello, referido por el premio Nobel japonés —concedido en 1968— en el título, no se encuentra al observar y emocionarse con una obra de arte, sino que está en la propia vida, en su ritmo, en su constante lucha entre la creación y la destru...