A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
Estática y estética Por Antonio Pardines Valoro la quietud como uno de los mayores tesoros que pueda poseer. La busco, la habito, mas no la que me dan hecha, la que pretenden imponerme. Eso no lo siento como quietud: lo interpreto como simulacro. La verdadera quietud me posibilita salir de la ruta asfaltada y aventurarme por sendas no marcadas, caminos envueltos en la bruma y salpicados de lugares donde, perdiéndome y anclándome en un tiempo humano propio, me encuentro o sueño encontrarme. La quietud es un tema recurrente a lo largo de la historia: la contemplación, la apariencia de que el tiempo no sucede, lo cual bien puede ser porque el tiempo existe en nosotros de diferente modo, según sintamos el momento, condicionados por lo que llevamos dentro y lo que encontramos fuera. Pero lo dibujado por Rita Azevedo Gomes en La portuguesa ( A Portuguesa , 2018) no es quietud; es su presunción: la pose de quietud. Las imágenes poseen una textura artificiosa ricamente elaborada, pero incapaz...