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Mostrando entradas de junio, 2019

Ana Mariscal. Cineasta

Su papel protagonista en Raza ( José Luis Sáenz de Heredia , 1942) provocó que su imagen quedase ligada a esta película panfletaria cuyo argumento fue obra de Franco. Nunca logró desprenderse de dicho estigma, que no deja de ser una simpleza que desvirtúa la importancia de Ana Mariscal en la historia de la cinematografía española: la de ser pionera en el cine realizado por mujeres. El film de Sáenz de Heredia no fue la primera aparición de la actriz en la pantalla, pero sí le abrió las puertas del éxito que continuaría cosechando a lo largo de la décadas de 1940 y 1950. Salvo excepciones, el cine de aquel entonces era repetitivo y poco satisfaría las ambiciones e inquietudes artísticas de la actriz. Así parece corroborarlo que, junto al director de fotografía  Valentín Javier , con quien se casaría en 1954, fundase  Bosco Films . Bajo el sello de su productora dio el salto a la dirección de largometrajes. Inusual, por no decir inaudito, pero ella era una figura a contracor...

Rey y patria (1964)

En su Declaración de un soldado  (julio, 1917), <<en un acto de desafío consciente a la autoridad militar...>>, el capitán y poeta británico Siegfried Sassoon  razonaba que no podía continuar ni apoyando ni luchando en una guerra de liberación que había pasado a ser una guerra de agresión donde los hombres morían sin más sentido que la imposición de dirigentes que no buscaban alternativas que pusieran fin al conflicto, alternativas que por otra parte podrían perjudicar sus intereses y su autoridad. <<...A mi juicio, aquellos con el poder necesario para poner fin a la guerra están alargándola intencionadamente...>>,  Sassoon se acercó a la cuestión, señaló la agresión que los propios mandatarios realizaban sobre los mandados, y como estos jóvenes, voluntarios —que con la duración de la guerra hubieran sido enviados al frente igualmente— o reclutados forzosos, se vieron lejos de sus hogares, de su familia y de su futuro y se adentraron en un present...

La vida de bohemia (1992)

El humor y el laconismo de  Aki Kaurismäki  hacen único y reconocible su cine; dan forma a sus películas, como también lo hace su admiración por determinados cineastas a quienes homenajea sin disimulo a lo largo de su obra fílmica. Ese humor se impone silencioso en la pantalla sin pretender ni esperar una carcajada; es irónico e igual de lacónico que sus personajes, forma parte de ellos, de sus vidas y de su desencanto. La fidelidad que se guarda a sí mismo, a su pensamiento y a su interpretación del cine, aleja a  Kaurismäki  de cualquier otro cineasta contemporáneo. Su cine es el de un bohemio que, como tal, nada a contracorriente o sigue su corriente. Prescinde de artificios y de verborrea que desvíen la atención sobre aquello que muestra en pantalla. Rechaza los discursos audibles y vacíos, no busca rostros atractivos y huye de los espacios lujosos porque sus antihéroes habitan en la marginalidad; son marginados, son los desposeídos. Se decanta por la austeri...

El idiota (1951)

Frente a cualquiera que pretenda trasladar a la pantalla las novelas de Dostoievski se eleva un muro que no está construido de historias ni de personajes. Su material de construcción se compone de estados de ánimo, de acción interna en la que el exterior solo forma parte del decorado, de interioridades complejas y contradictorias que viven al borde mismo del abismo donde abrazan su dualidad, que en ellos se debate en eterna lucha, sin que un contrario se imponga sobre el otro. Es el abismo donde habitan aflicción y placer, el bien y el mal, lo divino y lo humano, la vida y la muerte. En definitiva, los personajes del escritor existen entre cielo e infierno como almas en constante ebullición, almas que nos conducen al pensamiento y a las experiencias vitales —su condena a muerte, su confinamiento en Siberia, su epilepsia, las deudas, su exilio europeo, la nostalgia o su desmedida afición al juego— del más grande descriptor literario de la humanidad (de su psicología) que encara su dest...

Lo que queda del día (1993)

La colaboración entre el realizador  James Ivory , el productor Ismail Merchant y la escritora y guionista Ruth Prawer Jhabvala  se inició en el film The Householder (1963), pero fue durante los primeros años de la década de 1990 cuando alcanzó su máximo esplendor. Lo hizo en Regreso a Howards End ( Howards End , 1992) y Lo que queda del día ( The Remains of the Day , 1993), dos dramas cuya refinada contención visual no obedece simplemente a una cuestión de estilo, sino que remite al orden, a la moral, a la tradición y al estancamiento de la sociedad inglesa, a su elegante apariencia y al acomodo en clases cerradas. En la primera se exteriorizan las diferencias sociales desde la linealidad narrativa y en tres familias de distinta condición. Por contra, el segundo título entremezcla presente y pasado para interiorizar la lucha de clases en Stevens ( Anthony Hopkins ), el mayordomo que vive atrapado entre ambos tiempos, entre el ser y el no ser, y el querer y el no poder, ...

Caza trágica (1947)

Durante los primeros pasos del neorrealismo italiano, aquellos que se dieron libres de las ataduras impuestas por un sistema de producción y de la vigilancia de cualquier tipo de censura, se aprecia una diferencia fundamental entre cine industria y cine compromiso. Más que la posibilidad e intención de ofrecer espectáculo o entretenimiento, los neorrealistas encontraron en el medio cinematográfico la oportunidad de hacer visibles sus posturas morales e ideológicas que, contrarias al régimen depuesto, hasta ese instante habrían permanecido ocultas en la clandestinidad o entre líneas a descifrar. Adquirida la libertad, llegó el tiempo de encarar las distintas realidades de la Italia de posguerra, de sus gentes, de la miseria y del caos fruto de hechos pretéritos que, como el fascismo, la ocupación alemana o la guerra, condicionaban el presente. El medio cinematográfico era idóneo para dar testimonio, y cineastas como Giuseppe De Santis  lo aprovecharon para expresar ideas, esperanza...

El bandido (1946)

Previo al neorrealismo , la guerra en la pantalla italiana solo asomaba en películas de propaganda bélica - Bengasi ( Augusto Genina , 1942) o  La nave blanca ( La nave bianca , Roberto Rossellini ,1941)- o en noticiarios que, posiblemente, no se ajustasen a la realidad vivida por los soldados en el frente o por la población civil en un país dividido que no tardaría en convertirse en un campo de batalla más. El grueso de la producción cinematográfica lo formaban comedias, dramas y adaptaciones literarias. Ninguna mostraba la realidad que se vivía en Italia; no se podía, no existía; era el momento de la desinformación y del escapismo, usuales y comunes a cualquier régimen que tenga bajo control los distintos medios de comunicación y expresión. Pero, tras la contienda, dicho control desapareció, al menos durante los primeros tiempos de posguerra, y los cineastas aprovecharon el instante para mirar sin miedo el presente y su pasado reciente. En  El bandido ( Il bandito , 194...

Los duelistas (1977)

El uno visceral y el otro racional, Gabriel Feraud ( Harvey Keitel ) y Armand d'Hubert ( Keith Carradine ) se baten durante quince años sin que nadie sepa el porqué de su disputa. Sus conocidos murmuran que si fue debido a alguna gravedad imperdonable, que si a una cuestión de honor o a un asunto de mujeres; cuando, en realidad, nada más lejos de dichas elucubraciones, pues simplemente fue fruto del arrebato del primero y de la respuesta del segundo, obligado a cruzar su espada con la de gascón después de acudir en su busca por orden de un superior. Como bien sabemos, la historia de Los duelistas ( The Duellists , 1977) encuentra su inspiración en El duelo  ( The Duel , 1907) de Joseph Conrad y se desarrolla durante las guerras napoleónicas, periodo temporal suficiente para que el enfrentamiento se convierta en parte vital de la existencia ambos litigantes. Su lucha particular los mantiene unidos, en constante atracción-rechazo, alerta y, a pesar del riesgo mortal implícito, l...

Con la vida hicieron fuego (1957)

Interesada en desarrollar su faceta de cineasta, Ana Mariscal regresó a la dirección cinco años después de rodar el cortometraje documental Misa en Compostela (1952), película que realizó mientras promocionaba en Galicia  Segundo López, aventurero urbano (1952), una de sus cumbres cinematográficas y un film que no obtuvo ni el éxito ni la distribución que merecía. Con el fin de no sufrir la misma calificación de tercera categoría, que reducía al máximo la exhibición en las salas comerciales, en  Con la vida hicieron fuego (1957) la realizadora madrileña optó por abandonar el realismo descriptivo que sobresale en su primera película y se decantó por un drama conciliador que encuentra su mayor atractivo en los momentos que retraen la acción al pasado y en el tono espectral, más que nostálgico, de la voz de Quico ( Jorge Rigaud ), a quien no vemos al inicio, pero de quien escuchamos sus palabras sobre las imágenes de Ferraras, su pueblo natal, adonde regresa después de su lar...

Mercenarios sin gloria (1968)

La postura antimilitarista y antibelicista asumida por André De Toth  en  Mercenarios sin gloria ( Play Dirty , 1968) queda clara desde sus primeras imágenes. Desierto, arena, calor y suciedad, un jeep que transita a alta velocidad por el espacio inabarcable que será el escenario donde se desarrollará la que sería su última película -al menos en la que aparece acreditado como director-. El conductor apaga la radio, deja de sonar Lili Marlene, cambia de gorra, presenta los papeles que le exigen los guardias del puesto de control y llega al campamento británico donde no descubrimos a caballeros ni a oficiales pulcros y marciales, sino al coronel Masters ( Nigel Green ), vestido con una vieja chaqueta tres cuartos y ante su nuevo fracaso. Tras preguntar qué ha sucedido, acude ante su superior para escuchar como este le recrimina la ausencia de resultados, el dinero malgastado en gasolina, balas,... y la baja de media docena oficiales de carrera; por el resto de hombres fall...

Aflicción (1997)

Existen películas con alma y las hay que solo poseen fachada. En el primer caso, por ejemplo, se encuentran las de Paul Schrader y, como consecuencia, fondos y formas se corresponden y se necesitan porque obedecen al pensamiento y a las inquietudes del propio cineasta, las cuales cobran cuerpo en sus protagonistas y en sus historias personales. Las películas de Schrader no pretenden complacer ni conectar con el gusto mayoritario, aunque en casos alcancen dicha conexión, nacen de experiencias vitales y reflexiones existenciales propias, de gustos y fobias, de su cinefilia y de la creatividad que plasma en imágenes, silencios, palabras y comportamientos humanos. El carácter existencial impregna su obra y nos adentra en un tipo de cine que exorciza fantasmas al tiempo que enfrenta contradicciones que nos señalan el alma humana, aquella que sufre, que busca liberarse de dicha aflicción, que ahoga y condiciona sus relaciones consigo misma y con el entorno donde la mayoría de las veces ...

El estafador (1960)

En su primera película con Dino Risi ,  Vittorio Gassman  se transforma en cualquier personaje que le permita llevar a cabo sus timos. Su versatilidad no solo se encuentra en la facilidad con la que cambia de identidad según le convenga en cada momento del film, sino en satirizar la realidad que nos llega a través de su conversación con el hombre que ha pretendido timarlo a él, al rey de los estafadores, de los mentirosos, de los actores, porque al fin y al cabo, ¿qué es un actor, si no un experto en el embuste y el timo? En la jerga teatral "mattatore" alude al actor cuyas dotes interpretativas sobresalen sobre las resto de sus compañeros; además, dicho término sirvió de título para el exitoso programa televisivo que  Gassman  protagonizó a finales de la década de 1950 y para esta esplendida farsa que le unió profesionalmente a Risi . El estafador ( Il mattatore , 1960) también fue la primera colaboración de Risi y Ettore Scola , dos nombres fundamentales ...

La piel quemada (1966)

Desde sus inicios en la dirección,  Josep Maria Forn mostró una intención creativa que lo distanciaba del gusto oficial. Esto era atípico, que no exclusivo, y salirse de la norma solía conllevar más de un encontronazo con la censura, como descubriría en más de una ocasión. Su intención de ir por libre se observa en su transitar por el cine negro — Muerte al amanecer (1959), ¿Pena de muerte? (1961) y Los culpables (1962)—, pero su obra más personal y, en la actualidad, la más reconocida es  La piel quemada (1966), retrato de la inmigración y de las diferencias económicas y sociales de la España del desarrollismo; una España dividida en dos: la desarrollada y la subdesarrollada. El tema de la inmigración había sido uno de los ejes de Surcos ( José Antonio Nieves Conde , 1951), aunque el realismo de Nieves Conde obedece más a una cuestión estética, que recoge influencias del neorrealismo , que a la necesidad ética de Forn de confrontar las dos realidades socio-económica...