Siempre he sentido curiosidad por el nacimiento de las ciudades y buscando en los orígenes de algunas encontré explicaciones en las narraciones de Italo Calvino , en los aullidos de una loba capitolina, en el silencio de aquel ermitaño que, paseando por tierras galaicas, que habían pertenecido a la legendaria reina Lupa, dijo verse sorprendido por luminarias que le señalaban el final del Camino. O mismamente en la sincera confesión que Miguel Mihura ofrece en Mis Memorias sobre la invención de Madrid. Las palabras del fundador y director de revista La codorniz quizá no detallen con exactitud la creación de la ciudad que le vio nacer, culpa de la memoria, que todo lo cambia e inventa sin aviso y, por tanto, sin culpa del sujeto que la porta confiado. Pero no vayamos a hacer de ello un drama, mejor aceptar que lo que es, quizá no lo sea tanto; y lo que no es, quizá tenga su razón de ser o no ser, sin que el danés shakespeariano venga a cuento. Mihura dice que cuando estaba...