El primer largometraje de Suzanne Lindon propone un atractivo recorrido por el primer enamoramiento —se supone que complicado debido a la diferencia de edad entre los enamorados— y por las distintas sensaciones de la protagonista, interpretada por la propia realizadora, entre ellas la del aburrimiento que le produce el entorno adolescente al que por sus dieciséis años pertenece. Ya en la presentación de Suzanne, su personaje, la muestra diferente al resto, quizá como se ve a sí misma o se vio en esa época de instituto. Se encuentra en una cafetería, tomando su limonada con granadina, rodeada de un grupo de amigos o compañeros de clase. La cámara, primeros planos y los primerísimos primeros planos de su rostro y de sus manos, de su juego con la gota sobre el mantel, la música que suena, su propia actitud, la aíslan del resto de adolescentes. Lo hace como queriendo remarcar las diferencias y las distancias, introduciendo su aburrimiento y desconexión con lo que se habla a su alrededor, ...