Durante la guerra, dos soldados de distintos bandos, un piloto estadounidense ( Lee Marvin ) y un oficial japonés (Toshiro Mifune), guerrean sin plantearse por qué combaten. Alguien, y no ellos, ha decidido que sean enemigos, decisión que les ha transformado en dos guerreros ahora solitarios y perdidos en una pequeña isla del Pacífico. Rodeado de mar, ese trozo de tierra se convierte en su cárcel, en su mundo amenazante, en su paraíso infernal, en su universo entero. Allí, al inicio de Infierno en el Pacífico (Hell in the Pacific, John Boorman, 1968) se descubren y continúan luchando, como habrían hecho antes de conocerse, sin saber nada del exterior, ni el uno del otro. Tampoco comprenden que no son tan distintos: títeres de quienes les han enviado a combatir, a matar y morir. En un primer momento, se estudian, se temen, se imaginan el uno matando al otro. Son dos presencias aisladas, asustadas, ya salvajes por necesidad, pero también resultan cinematográficamente poderosas, por mome...