La vida de un superhéroe ya resulta complicada de por sí, para que llegue alguien y le obligue a dejar de ejercer como tal. ¿A qué podría dedicarse sino a salvar al mundo? ¿A trabajar en una oficina olvidando su talento natural? Bob Parr se siente perdido, añora su gloria pasada, cuando era admirado por su buen hacer y su cuerpo musculoso, que en el presente se encuentra rodeado de flotadores y michelines. Su caída en el olvido se produjo cuando aquellos que le habían aclamado como el héroe favorito del país le abuchearon y le condenaron a un retiro forzoso y gris, pero no sólo a él, sino también Helen Parr, alter ego de Elestigirl, o a Frozen, ese colega que siempre se encuentra ahí para echar una mano (aunque esté un poco fría). Todos los superhéroes se vieron obligados a guardar sus supertrajes y a ocultar su condición natural, asumiendo papeles para los que no estaban preparados; pero ya hace quince años de aquel día fatídico en el que Mr. Increíble salvó la vida de un suici...