<<Según las estadísticas, era el producto de un hogar deshecho, y criada por mi madre. Por pura suerte —la suerte de tener la cara y el cuerpo que tenía y que otros lo advirtieran en el momento oportuno—, tuve la oportunidad de alcanzar la cima a los diecinueve años. Howard Hawks había inventado una personalidad en la pantalla que iba bien con mi apariencia, con mi voz y con algunos aspectos de mí misma; pero aquella aparente experiencia sexual, independencia y habilidad para manejar cualquier situación no tenía entonces más relación conmigo que la que tienen hoy: ninguna. Y con aquel triunfo llegó también una vida personal más plena de lo que nunca había soñado, y no hace falta decir que la que tuve después. A los veinte años había llegado al cielo y tocado algunas estrellas. ¿Y quién sino alguien de veinte años podía pensar en que aquello duraría? Cuando todo se acabó —aunque la carrera propiamente dicha había ido cuesta abajo casi inmediatamente—, ¿qué me sostuvo? ¿Por qué no...