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El sendero de la traición (1988)



Ismos prematrimoniales


Por Antonio Pardines



Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión (L’aveu, 1970) y Estado de sitio (État de siège, 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido (Missing, 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser.


Más adelante, cuando regresó al cine de habla inglesa, colaboró con Joe Eszterhas, quien durante aquellos años fue considerado el guionista de moda en Hollywood, sobre todo gracias al éxito que obtuvo Instinto básico (Basic Instinct, Paul Verhoeven, 1992). Para Costa-Gavras escribió El sendero de la traición (Betrayed, 1988) y La caja de música (The Music Box, 1989), dos intrigas que guardan la relación de la intimidad oculta que las protagonistas irán descubriendo, la que les desvelará al extraño que creían conocer. Y el escritor sabía de lo que hablaba, pues había vivido una situación similar cuando descubrió el pasado nazi de su padre. De alguna manera, su propia experiencia marcó aquellos guiones, y supongo que su percepción del mundo y de las personas.


Muchos de los personajes protagonistas de Eszterhas, quien a priori nada tendría que ver con alguien más austero y comprometido como Costa-Gavras, son mujeres que se salen de la norma. Sus mejores personajes poseen un carácter inquebrantable que les impide rendirse, y en ese espíritu de lucha se parecen a la Hanna K. de Costa-Gavras. Tal parecido, quiero creer que razonable, me confirma que estas heroínas del guionista encajan en la mirada del cineasta francés de origen griego, una mirada que, a diferencia de la de Eszterhas, prescinde de los atributos que se conceden a héroes y heroínas al estilo Hollywood.


Esa fortaleza ya se observa en la bailarina de Flashdance (Adrian Lyne, 1983) y alcanza su esplendor emocional en La caja de música; incluso luce más de lo que se dijo en Showgirls (Paul Verhoeven, 1995), una película que dudo se entendiese en su época. Pero antes de que su popularidad decayese tras el fracaso del filme de Verhoeven, ese carácter que el escritor atribuye a sus personajes se observa en la agente del FBI de El sendero de la traición, que presenta una relación igual de compleja y no menos conflictiva tanto en lo personal como en lo laboral que, por ejemplo, la abogada de La caja de música, que es un personaje que quizás encaje mejor en el universo Costa-Gavras que la federal interpretada por Debra Winger. Esta novata investiga un caso importante, siendo una de las primeras agentes federales protagonistas de la gran pantalla, aunque el suyo no consiste en descubrir el paradero de un psicópata y la joven que ha secuestrado, tal como hará tres años después Clarise Starling en el éxito comercial El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991). El encargo asumido por Katie Phillips (Debra Winger) está relacionado con el propio origen del país, enraizado en su día a día. Y a pesar de que pueda desmantelarse la organización, la desigualdad y los abusos raciales no parecen tener solución. Pero ella asume su parte de responsabilidad y se introduce en un espacio de supremacismo blanco donde el peligro le llega en la intimidad que comparte con Gary Simmons (Tom Berenger), el hombre con quien va a casarse y en quien descubre aspectos ocultos que le generarán sospecha y el conflicto personal que, unido al profesional —cuanto conlleva el vivir infiltrada bajo una identidad falsa—, depara una amenaza mayor; aunque algo me falla en esta conjunción Costa-Gravas - Eszterhas.

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