Una astracanada política Por Antonio Pardines Durante el franquismo, el cine político era impensable en España, o al menos uno que no fuese adoctrinador a favor del régimen. Cierto que existían pequeñas dosis de política en algunas películas que colaban sus mensajes entre las risas y el llanto, ahí están Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Marco Ferreri, Saura o el cine negro de los años cincuenta y sesenta para introducir de contrabando algunas miserias y realidades de aquellos años. Pero lo que se dice cine político no sería posible hasta la muerte del dictador en 1975. Entonces proliferó ya no por la necesidad que había de exponer y de hablar de lo que había sido y de lo que estaba siendo, sino porque el tema vendía. Y no hay que olvidarlo: el cine es negocio, aparte de propaganda, entretenimiento o arte —en el mejor y menos prolífico de los casos. Hay un montón de ejemplos de este tipo de películas hechas en la España de la transición, pero quizás las más importantes y recon...