En su última película, Masacre (Ven y mira) ( Idi i smotri , 1984), Elem Klimov miraba de cara la crudeza de la guerra, a través de los ojos de un niño, y nos describía la irracionalidad bélica de la que su protagonista es testigo y víctima. Actualmente, es su película más popular, la mejor considerada, pero su obra abarca otros logros. Veinte años antes, en su primer largometraje, Bienvenidos, o prohibida la entrada a los extraños ( Dobro pozhalavat, ili postoronnim vkhod vospreshchen , 1964), Klimov ya evidenciaba que era un gran cineasta, con algo propio que contar, de los más transgresores del nuevo cine soviético de los sesenta. Igual que en su excepcional y cruda mirada antibélica, en esta película realizada tras licenciarse en la Escuela de Cine, concede el protagonismo a un niño y con “ojos de niño” mira y se destapa como un cineasta subversivo o, ya idealizando, como el niño que habita en el adulto que decide hacer cine para evidenciar el orden impuesto, el que somete y am...