El uso del plano secuencia es tan antiguo como el cine; de hecho, la primera proyección pública, La salida de los obreros de la fábrica (La sortie de l’usine Lumière à Lyon, Louis Lumière, 1895), lo es en su totalidad. Apenas es un minuto de duración —para ser exactos, son cuarenta y seis segundos de proyección—, pero suficientes para presentar al recién nacido. Era la primera infancia y apenas se gateaba, pero, andado el tiempo, el plano secuencia cobró brillantez en manos de directores como Orson Welles en Sed de mal (Touch ir Evil, 1958), también en Marco Ferreri y Luis García Berlanga , que le dieron sentido narrativo y lo introdujeron en sus historias sin presumirlo, solo como parte del espacio por donde se mueven sus personajes; lo contrario a lo que hace el insistente Alejandro González Iñárritu en Birdman (2014), en la que parece que sus personajes han de moverse, sí o sí, y si no, también, en el plano secuencia, para así posibilitarlo y cre...