Ir al contenido principal

El registro Marlene



El registro Marlene


Por Antonio Pardines



Si miro la pantalla, y lo pienso durante al menos unos diez segundos, llego a la siguiente conclusión: que, más que actriz, Marlene Dietrich apenas tenía más registro que el de Marlene. ¿Y cuál era este? La presencia magnética, ambigua, seductora que brillaba en la pantalla sometiendo al profesor Rath en El ángel azul (Der blaue Engel, Josef von Sternberg, 1930). El resto de sus personajes fueron variantes de esa Marlene, hasta que la edad la llevó hacia otros personajes como el interpretado en Sed de mal (Touch of Evil, Orson Welles, 1958). Por entonces ya era de esas pocas actrices y actores que se encontraban por encima de la actuación; es decir, lo que se esperaba de una película protagonizada por Marlene era verla a ella ofreciendo su físico y su voz a su personaje. Aunque ya había participado en otras producciones en su Alemania natal, y posteriormente a su encuentro con Welles aparecería en otras producciones, esos dos personajes marcan los brillantes extremos de su carrera.


Partió de Europa junto a Josef von Sternberg, con quien vivió el periodo dorado de su carrera. Él fue quien la descubrió y le dio el papel de Lola Lola en la adaptación cinematográfica de la novela de Heinrich Mann y posteriormente la dirigiría en sus primeros años en Hollywood, creando el mito Marlene en películas como Marruecos (1931) y El expreso de Shanghai (Shanghai Express, 1932). Como pareja artística, colaboraron en siete películas que la convirtieron en estrella de la pantalla y en la imagen de la ambigüedad y del deseo. En la vida real, Marlene no era la seductora de la pantalla, pero su imagen cinematográfica muestra a una mujer dispuesta a dominar su entorno empleando sus armas de seducción.


Tras sus colaboraciones con Sternberg, su carrera estaba asentada y la imagen creada entre ambos se impuso en la mayoría de los personajes que interpretó para otros cineastas. Participó en grandes obras cinematográficas, pero ya siempre se verían en ellas a Marlene, apenas a su personaje. Marlene Dietrich alcanzó sus mayores logros pos Sternberg de la mano de Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Orson Welles y Fritz Lang, con quien dejó de hablarse durante el rodaje de Encubridora (Rancho Notorious, 1952). Su empeño en rejuvenecer a su personaje e indicarle a Lang cómo lo haría Sternberg acabó por distanciarlos. ¿A qué era debida esa negación de la erosión del tiempo? ¿Miedo a ya no ser admirada? ¿Temor a miradas compasivas o a las rehuidas? Y es que la juventud no se dilapida como un divino tesoro, sino que se acaba en el tránsito hacia la madurez y la posterior vejez que la actriz se vio obligada a aceptar, quisiera o no. Y de nada le valdría encerrarse en la parisina avenida Montaigne —nombre del gran ensayista que también se apartó del mundo; aunque él para mirarlo y analizarlo desde su torre— para que nadie fuese testigo de su decadencia física, de la cual nadie debería avergonzarse. Pero el mundo de Hollywood y del resto del espectáculo es como es: apariencia, venta fáustica, alfombras rojas y pose de cara a la galería. El registro Marlene tenía fecha de caducidad: solo duraría mientras ella pudiese lucir su famosa estampa y sus no menos admiradas piernas. Pero ya cansadas y ajadas, ¿qué? Quizás por ello rechazase el personaje que su amigo Billy Wilder le ofreció para protagonizar Fedora (1978).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...