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Mostrando entradas de 2026

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...

El ojo de la aguja (1981)

Aislados en la tormenta Por Antonio Pardines La literatura de consumo, aquella que aspira a entretener, por lo tanto a no exigir intelectual y emocionalmente al lector más allá de la superficie, y a convertirse en superventas suele resultar más fácil de llevar a la pantalla precisamente por su falta de pretensiones literarias y reflexivas. Dicha ausencia facilita al adaptador cinematográfico su labor, aunque también existe el riesgo de que el público le critique por alejarse del original sin detenerse a pensar que texto y filme son medios distintos que exigen diferentes soluciones. Pero cómo iba a dedicar un minuto o dos a reflexionar, cuando precisamente la falta de profundidad y de complejidad son claves para que el asunto —sea intriga, melodrama o drama— y las ventas funcionen. Se trata de que los ojos del lector devoren las líneas o se pasmen mirando la pantalla; todo cuanto sea sacarlo de esa situación sería algo así como una derrota para el autor del libro o de la película. El ca...

Fragmentos de nada: Sin guía

Fragmentos de nada: Sin guía Por Antonio Pardines Mi primer viaje internacional fue a Portugal. Recuerdo que entonces existía la frontera administrativa y que uno de los requisitos para cruzar el Miño sin mojarse era tener el DNI. De aquella, no era obligatorio convertir a los niños en números desde su nacimiento, de modo que fue entonces cuando acudí a la oficina de policía de Pitelos, en Santiago, y me dieron el mío tras mancharme los dedos y desentenderse de limpiármelos. Entonces, me dije: «muy mal debe andar el servicio para que después de cobrar ni se preocupen de la limpieza». El caso es que tendría unos doce años, puede que once o trece, y quizás no dijese nada de eso. Pero el viaje era inminente y estaba organizado por el colegio. Ese fue mi primer acercamiento a suelo portugués, que no vi distinto del gallego que estaba a unos pocos kilómetros. Regresaría a él en numerosas ocasiones, lo que me permitiría recorrerlo de norte a sur, también entrando desde Andalucía o Extremadur...

La mujer de rojo (1984)

La roja chispa del bochorno Por Antonio Pardines En lo alto de un edificio, Theodore Pierce (Gene Wilder) piensa en cómo llegó a esa cornisa calzado en zapatillas que le quedan grandes y vestido en una bata que pertenece a otro marido, el de Charlotte (Kelly LeBrock), la imponente y hermosa modelo —siempre según la particular versión del narrador— que ha perseguido hasta ese instante para sentirse tal vez joven, puede que viril, triunfador o vivo, y con quien ha fantaseado para escapar de su rutina en el trabajo, con los amigos —todos ellos infieles consumados— o en su matrimonio. Theodore no lo dice, pero vive en la insatisfacción permanente y solo la ilusión de una cana al aire parece sacarle de la abulia que le caracteriza. Nada más fácil para explicar esa elevada situación inicial de Theodore, la que el público que se congrega en la calle asume suicida porque ignora que el aspirante a infiel está en las alturas por obra y gracia de un guion que nos explica en pretérito sus días de ...

Confesiones verdaderas (1981)

Polis, cacos, curas y hasta presidentes Por Antonio Pardines Al final de la vida, ¿uno necesita confesarse? ¿O basta con aceptar que así ha sido el camino que queda detrás, como aquellos dos hermanos que, por obra y gracia de David Lynch, se sientan en el porche y, tras años sin verse, no pronuncian palabra porque su pasado y su cercanía en ese tiempo presente, sin ya futuro, hablan por sí solas? En Confesiones verdaderas ( True Confessions , 1981) otros dos hermanos se encuentran después de tiempo sin verse y el explicar se convierte en necesidad, ya no para los dos hermanos protagonistas, sino para nosotros: los curiosos y morbosos que invadimos con nuestras miradas y oídos la intimidad de los personajes de este filme de Ulu Grossbard, un cineasta que a lo largo de tres décadas realizó siete películas. Esta es una de las más interesantes de su corta filmografía, aunque fuese por ver a dos actores como Robert Duvall y Robert De Niro compartiendo y disputándose las escenas, situándose...

Dentro del leviatán

Dentro del Leviatán Por Antonio Pardines En ocasiones he escuchado que la historia es aburrida, lo cual me parece una afirmación que dice poco del tema y bastante de quien la expresa. En todo caso, comprendo que pueda aburrir estudiar la lista de los reyes godos o las fechas de cada batalla y partidas de nacimiento de fulanos como Alejandro, Julio, Isabel, Cosme, Catalina o Ivan. Aunque sí hay una afirmación que considero cierta o, al menos, aproximada: la historia que nos llega no es la ordinaria y rutinaria. Llegan sus grandes momentos, ignoro si los mejores, de modo que ya sería algo así como un espectáculo que promete sacarnos de la rutina. ¿Cuántas veces se inventó la imprenta? ¿Y la toma de la Bastilla sucede todos los días? ¿O un avión estadounidense arroja a diario bombas atómicas? Pero luego existen las historias de la historia, y estas particulares son igual de interesantes, tal como expuso Carlo Ginzburg en El queso y los gusanos al centrar su interés en un molinero del Fru...

Fragmentos de nada: Retrato, pedra sobre óleo

Fragmentos de nada: Retrato, pedra sobre óleo   Por Antonio Pardines Lonxe no tempo quedaba o Mestre Mateo cando Francisco Asorey empezou a ser coñecido pola súa arte escultórica. Eran outros tempos, pero a localidade onde tiñan o seu obradoiro era a mesma. Tras pasar por Barcelona e Madrid, o de Cambados afincouse en Santiago, cando obtivo a praza de escultor anatómico na Facultade de Medicina, emprego que, xunto ao de docente no «Taller de labra e talla en pedra» na Escola de Arte Mestre Mateo —por entón, Escola de Arte e Oficios de Santiago—, mantería ata a súa morte (1961). Corría o ano 1918, e en Europa aínda soaban os canóns da Grande Guerra (1914-1918) que Monicelli retrataría catro décadas despois na súa espléndida sátira homónima, aquela na que dous galdrupeiros de tomo e lomo —inolvidables Gassman e Sordi— desvelan no seu transitar polo fango e a terra de ninguén a estupidez, a miseria, o sangue, a fame e o patetismo de toda contenda armada. Asorey viviu unha na súa terra...

Rincones sin esquinas: Futuro imperfecto

Rincones sin esquinas: Futuro imperfecto El siguiente extracto forma parte del capitulo «Futuro imperfecto», de mi libro Rincones sin esquinas . «Cualquier presente desconoce su futuro, y suele pensarlo blanco o negro, ¿pero de qué otro color puede colorearse aquello que no es, o que solo existe en las múltiples posibilidades pensadas? Y lo irónico es que ninguno de los posibles es la realidad que llega para ser presente, pasado, historia, olvido. Quizá ni siquiera esto que digo se cumpla, pues ¿quién me asegura que no llegue algún presente que acierte con su mañana, como quien acierta la lotería? El futuro se pinta de negro porque muere al llegar o, en su versión virginal, se viste de blanco porque diseña la irrealidad pura de una fantasía que no se materializa. Pero lo importante de la idea del futuro es su invitación a soñar y a ponernos en marcha, a caminar en pos de materializar lo soñado. De no ser así, adiós sueños y posibilidad de evolución; y también adiós pesadillas. Sin la c...

Fragmentos de nada: la ronca suavidad de mundos en ruinas

Fragmentos de nada: la ronca suavidad de mundos en ruinas Por Antonio Pardines Escucho en la distancia el maullido de un gato y el rugir de una locomotora que se aleja y se acerca. ¿Viene el tren? No lo tengo claro. As Burgas y el fluir de su agua cálida me desorientan. Brota de las entrañas como letras que imitan el dolor y la desesperanza, allí donde antes hubo espera. ¿Y ahora? Vapor. Corre el alcohol que ni el desamor limpia. Suena el desencanto, la rebeldía; la lucidez del testigo herido se hace rock. Suenan Los Suaves. Afirman que Dolores se llamaba Lola. No es una sentencia ni un sonido hueco. No hay vacío ni prostitución en su cantar a la dignidad desheredada. Se escucha un canto de derrota cotidiana. Vidas en el lodazal, más que en las rutinas grises de quienes recorremos cotidianidades más amables, y puede que más somníferas. Y a pesar de la desesperación, que rima en la distancia que separa el escenario de la vida, no abandonan la esperanza de que un día, quizás mañana, quiz...

La dama desconocida (1944)

Manos ambiguas Por Antonio Pardines Entre los cineastas que mejor manejaron el claroscuro y la nocturnidad del cine negro se cuentan los europeos que llegaron a Hollywood tras abandonar sus lugares de origen huyendo de los totalitarismos —Fritz Lang y Billy Wilder— o, en algunos casos, por contrato laboral, tal como le sucedió a Edgar G. Ulmer o a Alfred Hitchcock. Robert Siodmak fue uno de esos ilustres emigrantes que, dejando atrás el nacionalsocialismo, desembarcó en el cine hollywoodiense y supo crear atmósferas como de La dama desconocida ( Phantom Lady , 1944), realizada el mismo año en que Otto Preminger dirigía Laura (1944) y Billy Wilder filmaba Perdición ( Double Indemnity , 1944), obra maestra que revolucionó el género. Wilder, un viejo conocido de Siodmak, de los tiempos de Berlín y Gente de domingo ( Menschen am Sonntag , Robert Siodmak y Edgar G. Ulmer, 1929), marcó un antes y un después con su adaptación de Pacto de sangre de James M. Cain, al situar en el centro de...

Fragmentos de nada: Aprehendiendo espontaneidad

Fragmentos de nada: Aprehendiendo la espontaneidad Por Antonio Pardines Dos instantes cinematográficos me vienen a la mente ahora que pienso en libros que se queman. No son rebuscados, son para todos los públicos. El primero me trae la biblioteca en llamas de la abadía de El nombre de la rosa —la popular adaptación de la no menos conocida primera novela de Umberto Eco—. Se trata de un momento accidental que, por combustión, transforma los pensamientos que habitan las hojas en humo. Y el segundo me devuelve a Indiana Jones frente a las hogueras en el Berlín de la época nazi. Está siendo testigo de un acto programado para impactar a propios y extraños, tras el cual se percibe una declaración de intenciones. Las llamas, el papel ardiendo, los personajes, las situaciones dispares se confunden al pensarlas. Entonces presumo que reflexiono y divago. Me digo que la imagen de la Inquisición quemando libros —aunque al llamado Santo Oficio se le asocia más con la quema de personas, lo cual tamb...