Corría el sexto mes de un curso imaginario y ya más de tres siglos nos separaban de la publicación de Ars conjectandi , del matemático suizo Jakob Bernoulli, y otros tratados que habían dado vía libre a la probabilidad matemática moderna. —Pascal y Laplace fueron algunos de sus máximos responsables. No obstante, como suele suceder, ya otros habían tratado el tema, por ejemplo Galileo, a quien Bertolt Brecht y Joseph Losey llevaron al teatro y al cine respectivamente, y Gerolamo Cardano, antes de Galilei. —El Galileo ese me suena, pero del Galilei y los otros ni idea. ¿Quiénes son? ¿Colegas? Lo digo por llevarlo al cine y eso. ¿Y el tal Cardamo? —preguntó el chaval que gustaba llevar los pantalones a la altura de los tobillos, cuyo pelo no era rubio oxigenado el viernes anterior. Le respondí que Cardano fue un matemático del siglo XVI, contemporáneo de Tartaglia —apodo de Niccolo Fontana que, por ser a última hora de la mañana y por lo que pude leer en la expresión facial del muchacho, ...