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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Tras la pista del zorro (1966)

Las primeras películas de  Vittorio De Sica tras las cámaras fueron cuatro comedias que nada tenían que ver con el neorrealismo que le dio fama internacional y que ya forma parte fundamental de la historia del cine. Pero hay quien ignora de qué se trata. <<¿Qué es el neorrealismo?>>, pregunta la antigua estrella de la pantalla interpretada por Victor Mature , antes de que su representante ( Martin Balsam ) exclame: <<¡Sin dinero!>>. La broma está hecha y tiene su gracia, sobre todo cuando se piensa que la imagen que muchos tenían de las películas neorrealistas era de pocos recursos —y a menudo, así era, más si cabe en la inmediata posguerra—, pero en boca del  Cesare Zavattini  teórico neorrealista la respuesta habría sido otra, quizá más imaginativa y ajustada a la realidad que contemplaba hechos y personas que dotaban de humanidad y valor social a sus guiones, fuesen situaciones extraídas de la calle o inventadas. Suena contradictorio unir “ima...

El viejo doctor (1939)

Finalizan los títulos de crédito para descubrirnos un primer plano de un letrero que reza: <<... a cualquier lugar que acuda, solo me guiará el beneficio del enfermo... Hipócrates>>. La cámara se desliza hacia la izquierda de la pantalla y encuadra la sala donde un doctor atiende la herida de un niño a quien anima e insta a sonreír. Se trata de Carlos Arguello ( Enrique Muiño ), un médico comprometido con su profesión que no calla ante la precariedad y la falta de medios que observa en el hospital donde trabaja. Se cierra la escena, otras se suceden hasta que la cámara muestra a la pareja de ancianos que, descendiendo la escalera, abandona la consulta comentando que <<este médico no sabe nada... Es muy antiguo...>>, por Arguello, quien los ha atendido durante años y quien afable y comprensivo acaba de comentarles que la enfermedad que padece la mujer es la misma dolencia que ha revisado veinte veces: un achaque consecuencia de la edad. En una secuencia poster...

Ser y tener (2002)

Es innegable que durante los ochenta años que separan  Nanuk, el esquimal ( Nanook of the North ; Robert J. Flaherty , 1922) de Ser y tener ( Être et avoir ; Nicolas Philibert , 2002) el cine experimentó cambios y transformaciones, pero tampoco se puede negar que existen aspectos que, invariables en su origen humano, unen ambos documentales, tan entrañables como distantes en el tiempo. Si  Flaherty  pasó un año de su vida al lado de su protagonista en las frías y solitarias tierras del norte de Canadá para rodar su película, ocho décadas después,  Philibert hizo lo propio en la región francesa de Auvergne, donde fue testigo de la cotidianidad de la escuela rural que se convierte en el escenario principal de su propuesta cinematográfica, la cual, en contadas ocasiones, abandona el aula para acceder al patio del colegio, al entorno familiar de los escolares, a las excursiones primaverales o a la visita al centro de secundaria adonde algunos accederán en cursos venid...

El mundo del silencio (1955)

Es de suponer que cada quien tiene familiares y amistades con aficiones, ideas y pasiones, iguales, distintas o complementarias a las propias, gustos e inquietudes que enriquecen el entorno que los rodean. Yo tengo un amigo cuya pasión por el mar lo desborda, no por su belleza natural ni por la bravura salvaje de sus rugidos y de su furia incontrolable. Su pasión son las profundidades, sumergirse en ellas y bucear por el fondo marino que cada fin de semana llama a su puerta para invitarle a disfrutar de un silencio de luces, sombras, flora y fauna, un universo de vida bajo la superficie cristalina que antes que a él ya había conquistado el corazón de otros muchos. Quizá algo tuviese que ver en dicha conquista el mítico investigador marino Jacques-Yves Cousteau , quien, al contrario que mi amigo -cuyas fotografías, experiencias y conocimientos comparte con sus cercanos y con quienes visitan su blog fotosubgalego - divulgó entre un público mayoritario las profundidades oceánicas con s...

Niñera moderna (1948)

<<Tacey King: Me permite preguntarle cuál es su profesión. Lynn Belvedere: Desde luego. Soy un genio.>> Por si alguien duda de la genialidad de Lynn Belvedere ( Clifton Webb ), solo tiene que observar sus múltiples cualidades y aptitudes a lo largo de los minutos que componen la divertida Niñera moderna ( Sitting Pretty , 1948). Pues, aparte de ser un tipo poco sociable, excéntrico, a quien no le gustan los niños, y poco simpático, al menos si tomamos como referencia la primera impresión que de él tienen los King, Belvedere sí es un genio. Además, para quien contempla sus ademanes, escucha sus respuestas y su aparente impertinencia, sí resulta un tipo divertido, como también lo resulta su actitud frente a la contrariedad de quienes le abren las puertas de su hogar pensando que han contratado a una mujer. La imperante necesidad de encontrar a una niñera que cuide de sus tres hijos y ayude en las labores del hogar obliga a Tacey ( Maureen O'Hara ) y a Harry ( R...

Generación (1954)

Hace algunos veranos, un peregrino se acercó al grupo de amigos del que yo formaba parte. Él estaba solo y por sus palabras e indumentaria supimos que había recorrido muchos kilómetros a pie. Lo que no dijo, aunque sí comprendimos era que buscaba un momento de evasión, de modo que no tardó en hablar de su experiencia por el camino y en el Camino, de su Polonia natal y de su cine, alabando su grandeza, aunque solo nombrando a Roman Polanski . Esta circunstancia me hizo pensar: <<o sus conocimientos sobre la cinematografía polaca dejan mucho que desear o solo pronuncia Polanski porque cree que no nos suena el nombre de otro director polaco>>. Fuera una u otra, permanecí en silencio y atendí a la conversación que durante los minutos que siguieron intercalaba en una charla informal cuestiones de allí (él) y de aquí (el resto de los presentes). Entre risas por ambas partes y sin profundizar en los temas, se estaba produciendo el acercamiento entre dos culturas y supe que habí...

Genoveva (1953)

Habrá quien haya rodado más de cien películas y ninguna buena, como también habrá quien haya realizado una, dos, tres..., y todas ellas destacadas, de modo que en el cine, como en cualquier otro arte, no se juzga la cantidad de obras creadas, sino la calidad de las mismas. Por ello, y a pesar de su breve filmografía, no tengo inconveniente en señalar la importancia de Henry Cornelius en la evolución de la comedia británica, importancia inversa a la cantidad de proyectos que, como director, productor o guionista, la componen. De entre sus aportaciones brillan tres comedias fundamentales en dar forma a las características de la comedia Ealing . Estos tres títulos son la inclasificable  Clamor de indignación ( Hue and Cry , 1947), realizada por  Charles Crichton  a partir de una idea del propio Cornelius  y escrita por T.E.B. Clarke , la magistral  Pasaporte para Pimlico ( Passport to Pimlico , 1949) y la inolvidable  Genoveva ( Genevieve , 1953). En el...

Crepúsculo en Tokio (1957)

A medida que aumenta mi curiosidad, también lo hace mi desconocimiento, al tiempo, en mi mente, se fija con firmeza la idea de que en todas las artes existe un grupo muy, pero que muy reducido de artistas inimitables cuyas obras se encuentran por encima de las del resto, a una distancia insalvable, porque existe algo en ellas que, al tiempo, las humaniza y “diviniza” en formas y sustancias únicas, legado artístico imprescindible que no puede ni debe perderse. En el caso del cine, encuentro en Yasujiro Ozu a una de esas maravillosas excepciones que, con su poética, sus silencios (que expresan cuanto sienten sus personajes) y su aparente sencillez, provocaron que mi afición por el cine, de hoy, de ayer, de aquí y allá, diera un salto hacia arriba y adelante transformándose la afición en la fortuna que para mí significa descubrir, disfrutar y valorar películas como Crepúsculo en Tokio ( Tôkyô boshoku , 1957), no desde una perspectiva teórica que contemple un análisis técnico que no pose...

El pícaro (1974)

<<¿Qué es la picaresca? ¿Qué es un pícaro?>>, pregunta Fernando Fernán Gómez en la introducción de su serie producida por Televisión Española , la única cadena que, ninguneando a la segunda con su (a mis sentidos) sempiterna carta de ajuste, existía en la España del año de mi nacimiento, el mismo año que mis padres se debatían entre dejarme a la puerta de la capilla vecina, en la entrada del lupanar de enfrente o bajo las aguas de aquel pequeño riachuelo cuyo curso transcurría tranquilo, y sin alterarse por tan feliz acontecimiento. Aquel año también fue testigo de otros natalicios, entre ellos el de la formación musical The Ramones , de la dimisión de Richard Nixon, de la publicación de la última novela de Ernesto Sábato , del postrero adiós de  Vittorio de Sica y de la puesta en órbita del primer satélite artificial español, el cual, a buen seguro, no preocuparía tanto a la población como la esperada puesta en órbita de la democracia que no llegaba. A fin de cuentas...

Mario Soffici. Pionero del cine social argentino

De haber nacido cinco centurias antes, quizá habría sido un artista en su Florencia natal o quizá un anónimo más que pasaría por la Historia sin dejar testimonio de sus actos, de sus fracasos y de sus logros. Pero Mario Soffici no nació durante el Quatroccento florentino, lo hizo el mismo año que iniciaba el siglo que sería testigo del triunfo de un invento que, desarrollado a finales del XIX, acabaría por extenderse e imponerse en los dos hemisferios donde vivió este destacado cineasta argentino. Con nueve años, su familia emigró de Italia y se asentó en la argentina Mendoza. Aquella era una edad idónea para sentir especial atracción por el circo, por sus payasos, por las acrobacias y por la magia que envolvía las pistas circulares y los escenarios que no tardarían en dejar de tener secretos para el joven. Aquel muchacho creció y su afición al circo y a la actuación se transformó en su medio de sustento, sin embargo  Soffici no destacó en la cultura argentina por sus payasada...

Dioses y monstruos (1998)

En  La novia de Frankenstein  ( Brige of Frankenstein ,  James Whale , 1935) el doctor Petrorius brinda  <<por un mundo nuevo de dioses y monstruos>> y de este  brindis Bill Condon extrajo el título para su película, la cual, lejos de ser una biografía, recuperaba para la cultura popular la figura  del cineasta responsable del mítico díptico sobre la criatura de Frankenstein, dos films imprescindibles para el éxito del ciclo de terror realizado por  Universal Pictures  durante la década de 1930. Similar a su personaje más famoso, aquella solitaria y rechazada criatura que se convirtió en icono del horror cinematográfico, James Whale fue un hombre incomprendido y repudiado dentro de un entorno más deshumanizado de lo que su glamourosa imagen atestigua, una imagen tras la cual se ocultaban desenfreno, envidias, escándalos, intereses, miserias, prejuicios y rechazos similares al expuesto por el realizador inglés en  El doctor Fr...

El rostro pálido (1922)

Desde el cine mudo hasta que a inicios de la década de 1950 Anthony Mann  con La puerta del diablo  ( The Devil's Door ;  1950)  y Delmer Daves en  Flecha rota  ( Broken Arrow ;  1950)  pusieran de moda el western pro-indio, lo habitual en Hollywood era presentar en la pantalla a los distintos pueblos oriundos de Norteamérica desde una perspectiva simple y partidista que, supeditada al espectáculo, aumentaba la emoción de las películas y la heroicidad de sus protagonistas, hombres blancos de origen anglosajón que acababan venciendo los continuos ataques de aquellos "pieles rojas" que, sin entrar en detalles del por qué de su comportamiento belicoso, los cineastas concedía el rol de enemigos salvajes de colonos, trabajadores del ferrocarril o del ejército. No obstante, hubo alguna que otra excepción, entre ellas una tan inesperada como la de  Buster Keaton  y Eddie Cline  en El rostro pálido ( The Paleface , 1922), quienes, parod...

Pampa bárbara (1945)

Cada país tiene su Historia y esta ha servido de inspiración para que cineastas y guionistas encuentren en el pasado la posibilidad de desarrollar dramas y épicas que exponen desde perspectivas crítico-reflexivas o desde la exaltación de la identidad nacional que, en el caso del cine argentino, podemos observar en dos exitosas películas realizadas por el director  Lucas Demare  para la  AAA ( Artistas Argentinos Asociados ), la productora y distribuidora que él mismo había fundado en 1941 al lado de los actores Elías Alippi ,  Francisco Petrone , Enrique Muiño  y  Ángel Magaña .  La guerra gaucha (1942) y  Pampa bárbara (1945), esta última dirigida junto a  Hugo Fregonese  (que debutaba en la dirección tras trabajar de asistente de Demare en El viejo hucha  y en la popular adaptación cinematográfica de los relatos de Leopoldo Lugones ), combinan western, melodrama épico, influencias hollywoodienses y características autó...