Ir al contenido principal

Ser y tener (2002)


Es innegable que durante los ochenta años que separan 
Nanuk, el esquimal (Nanook of the North; Robert J. Flaherty, 1922) de Ser y tener (Être et avoir; Nicolas Philibert, 2002) el cine experimentó cambios y transformaciones, pero tampoco se puede negar que existen aspectos que, invariables en su origen humano, unen ambos documentales, tan entrañables como distantes en el tiempo. Si Flaherty pasó un año de su vida al lado de su protagonista en las frías y solitarias tierras del norte de Canadá para rodar su película, ocho décadas después, Philibert hizo lo propio en la región francesa de Auvergne, donde fue testigo de la cotidianidad de la escuela rural que se convierte en el escenario principal de su propuesta cinematográfica, la cual, en contadas ocasiones, abandona el aula para acceder al patio del colegio, al entorno familiar de los escolares, a las excursiones primaverales o a la visita al centro de secundaria adonde algunos accederán en cursos venideros. Pero más allá de los espacios aislados, donde se desarrollan sus vidas, lo que une a Nanuk y a los protagonistas de Ser y tener es la humanidad que emanan en todo momento y en cualquier situación. La colleja que una madre propina a su hijo para que este se concentre en sus tareas escolares, la preocupación de otra por el distanciamiento que observa en su silenciosa hija, las lágrimas de Olivier cuando habla a su maestro de la irreversible enfermedad paterna o la intervención del profesor ante la cámara, para desvelar sus orígenes campesinos y su vocación docente, forman parte de esta humanidad que rompe la barrera del tiempo y enlaza a dos cineastas que intentaron (y consiguieron) plasmar momentos de vida en imágenes que, a pesar de la presencia del objetivo que los observa (y el posterior corta y pega en la mesa de montaje), nos ofrecen naturalidad y emotividad, nos devuelve a la inocencia de dos estados o etapas humanas no tan distantes: la “incivilizada” —Nanuk y familia son como niños a ojos de la civilización industrial y mercantil que llama a su puerta para imponerse— y la infancia.


Para ir dando forma a su documento, 
Philibert abre su experiencia mostrando el medio rural cercano a la escuela unitaria de Saint-Etienne sur Usson donde acuden los niños y niñas, de entre cuatro y once años, que viven en los alrededores. El espacio ganadero y agrícola forma parte de la cotidianidad de los pequeños que, en su mayoría, acuden a la escuela en la furgoneta que los recoge en sus casas y los traslada hasta la puerta del edificio en cuyo interior se descubren una única aula y un único docente. A un año y medio de su retiro, en Georges Lopez, el Nanuk de este espléndido documental, se combinan el ser maestro y el tener vocación para serlo, atendiendo las distintas necesidades individuales, educativas y humanas de niños como Jojo (el de las manos machadas del cartel), Olivier, Marie,... y el resto de quienes durante los veinte años que el docente lleva en el centro han pasado por esa habitación para dibujar paisajes, letras y números, también para convivir y socializarse o escribir los dictados que forman parte de jornadas que, más allá de lo laboral y lo educativo, son parte de sus experiencias humanas. Es evidente que los alumnos ven en Lopez a la autoridad, pero también encuentran en él al guía en quien buscar respuestas y al mediador en conflictos o discusiones que surgen a diario mientras sus relaciones les vinculan y actúan beneficiosas, sintiendo la protección, la cercanía y la comprensión de quien, a su vez, saborea la satisfacción que conlleva la labor a la que ha entregado treinta y cinco años de su vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...