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Mostrando entradas de junio, 2016

Mister Arkadin (1954)

<<Nada de presentaciones, esto es una mascarada>>, pronuncia Gregory Arkadin ( Orson Welles ) en su primera aparición entre las sombras. No son una negación y una afirmación caprichosas, sino que unidas desvelan más de lo que dicen. El personaje no solo se refiere a la fiesta de disfraces donde se encuentra con su opuesto  ( Robert Arden ), sino que hace alusión a cuanto se contempla en la pantalla: apariencias, verdades y mentiras que de una forma u otra se encuentran presentes en la obra cinematográfica de Orson Welles . Desde su debut en  Ciudadano Kane ( Citizen Kane ; 1941) hasta su despedida en Fraude ( F for Fake ; 1973) estas constantes fueron empleadas por el cineasta para reconstruir las personalidades de sus protagonistas a partir de la destrucción narrativa que experimenta con el uso del montaje (alterado por el productor en la versión internacional de este film), con la ruptura temporal, con los encuadres o la iluminación. Su afán experimental alcanz...

A tiro limpio (1963)

Desde una perspectiva cinematográfica, los años que siguieron a la Guerra Civil trajeron consigo un cine español en el que inicialmente primaban las producciones de propaganda al servicio de los vencedores. Películas como  ¡Presente! ( Heinrich Gärtner , 1939),  Frente de Madrid ( Edgar Neville , 1939),  Raza ( José Luis Sáenz de Heredia , 1941), Rojo y negro ( Carlos Arévalo , 1942),  aunque esta no tardó en ser retirada por su ideología falangista (la dictadura se alejaba de tal discurso para crear uno propio),  y tantas más que pretendían justificar y asentar los pilares del régimen franquista: catolicismo, ejército y su unidad nacional en torno a un solo hombre. Pero este tipo de film panfletario acabó dejando su lugar a otro menos propagandístico y más comercial que,  si bien continuaba aleccionando moralmente, perseguía entretener ofreciendo aventuras, romances o risas a una población que buscaba evadirse de la dura posguerra. Por aquellos años...

El arca de Noé (1928)

Poco se sabe de la primera película de  Mihály Kertész  más allá de su titulo,  Hoy y mañana ( Ma és holnap , 1912), y de que fue el primer largometraje de ficción del cine húngaro. Menos desconocimiento existe sobre el prestigio cinematográfico que alcanzó antes de abandonar su Hungría natal en 1919 para asentarse en Austria, donde trabajó hasta 1926. Allí se convirtió en el director estrella de la compañía  Sascha Kolowrat , en ella filmó diecinueve títulos con el nombre de  Michael Kertész , aunque fue el éxito de  La luna de Israel  ( Die Sklavenkönigin ; 1924) el que atrajo la atención de los grandes estudios hollywoodienses y el que convenció a los hermanos Warner para ofrecerle un contrato. La sustancial mejora económica y la posibilidad de rodar con los mejores medios técnicos, que la industria cinematográfica más potente del planeta ponía a disposición de los cineastas, resultaron dos atractivos que pocos de los grandes directores europ...

No tocar la pasta (1953)

Aferrado a su última opción para dejar atrás el entorno de criminalidad con el que ya no se identifica, pero donde se mueve a la perfección, gracias a los conocimientos adquiridos durante años, el delincuente de No tocar la pasta ( Touchez pas au grisb i) está condenado a perder, como también lo están los personajes principales de  Rififí  ( Du rififi chez les hommes ;  Jules Dassin , 1955) y  Bob el jugador  ( Bob le flambeur ;  Jean-Pierre Melville , 1956), otras dos películas clave que, junto a esta filmada por  Jacques Becker , marcaron el posterior desarrollo del cine negro francés, priorizando comportamientos, emociones y silencios, en definitiva, la humanidad que define a sus protagonistas dentro de ambientes nocturnos donde su código de conducta les obliga a asumir decisiones que, en el caso de Max ( Jean Gabin ), implican renunciar a su sueño, a cambio de la vida del amigo a quien en un momento de frustración califica de carga, pero a quie...

El viaje a ninguna parte (1986)

El viaje a ninguna parte  (1986) surgió de una idea que  Fernando Fernán Gómez  y Jaime de Armiñán barajaban para un guion en el que iban a colaborar, aunque este no llegó a concretarse y en su lugar escribieron el libreto de  Stico  (1985). Pero Fernán Gómez no se olvidó de aquella idea y no tardó en darle forma de serial radiofónico que, a su vez, le sirvió de base para la novela homónima y para la adaptación cinematográfica que filmó en 1986. Con El viaje a ninguna parte , el cineasta, actor y escritor rindió su personal homenaje a los cómicos, aunque, más que actores o actrices, los miembros de las compañías ambulantes como la Galván, protagonista de esta historia, son vagabundos condenados a deambular por las tierras y los pueblos de la España de la posguerra, divirtiendo y emocionando a un público embrutecido y casi tan hambrientos como ellos, bajo la imparable amenaza que, para los de su profesión, significan las proyecciones cinematográficas y los p...

Cuatro hijos (1928)

La pérdida de dos tercios de las producciones mudas de John Ford  genera un vacío en su etapa silente que impide acceder con mayor amplitud a su evolución como cineasta y, en ocasiones, que aquellas que sobrevivieron queden relegadas a un segundo plano dentro de su excelente filmografía. Aún así, no se puede obviar este periodo, fundamental en el desarrollo tanto de las temáticas sobre las cuales gira su obra como de la inigualable narrativa que iría perfeccionando hasta alcanzar la maestría con la que dio forma a sus grandes títulos sonoros. A lo largo de su aprendizaje y su afianzamiento creativo, en las películas que se conservan, las influencias de cineastas cercanos, su hermano Francis o  David Wark Griffith , se irían combinando con las posteriormente asumidas del expresionismo, sobre todo de  Murnau  y de sus películas  El último ( Der Letzte Mann , 1924) y  Amanecer ( Sunrise , 1927), obras clave que lo animaron a estudiar la iluminación y l...

La ciudadela (1938)

Las adaptaciones de las novelas de  A. J. Cronin y Ayn Rand filmadas por King Vidor en La ciudadela ( The Citadel , 1938) y en El manantial ( The Fountainhead , 1949) presentan a dos protagonistas, un médico y un arquitecto, que destacan por su individualidad y por la ilusión con la que encaran su oficios, sin embargo, el primero claudica ante la opulencia y la aceptación del supuesto éxito, mientras que el segundo nunca reniega de aquello que lo define: su pensamiento y su interpretación de sí mismo dentro de un entorno que no tolera a quienes se desmarcan de lo establecido, aunque su distanciamiento implique un avance social o cultural. Entonces, ¿se puede calificar de triunfador a quien ha renegado de su esencia para lograr el éxito material? ¿ O lo es quien asume la honestidad consigo mismo como punto de partida para convertir su existencia en un triunfo, aunque este no lo sea para los demás, ni implique riqueza o fama? Una de las diferencias entre los supuestos éxitos y f...