No hay que ser un lince ni ser filólogo para comprender que algunas palabras y expresiones empleadas de forma continua pueden hacer mella en el oyente —piensen en un bebé, en cómo aprende a decir mamá y papá—. Más complicado es realizar un estudio pormenorizado del cómo y el para qué, y más difícil todavía, hacerlo cuanto tu vida ya no te pertenece. Ese fue el caso de Victor Kemplerer, quien durante el periodo nazi realizó un minucioso (y clandestino) estudio del lenguaje empleado por los líderes y los medios del llamado Tercer Reich, haciendo hincapié en el uso de las palabras y de los símbolos empleados para manejar a la población, a la que los nazis querían no pensante, irreflexiva, ignorante, uniforme, manipulable a más no poder. <<El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente.>...