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Mostrando entradas de noviembre, 2020

El barrio contra mí (1958)

Después de que Forrest Gump ( Robert Zemeckis , 1994) le inspirase sus pasos de baile, Elvis Presley se convirtió en estrella de Rock. En realidad, se convirtió en el Rey del Rock tras alcanzar el número uno de las listas con su primer álbum. Elvis no desaprovechó el momento y asentó su reinado gracias a las emisoras de radio estadounidenses y a la televisión que emitían sus canciones. Su ritmo, su música y sus movimientos causaban furor. El Rey apuntaba a fenómeno musical nunca visto, quizá el más vendible hasta entonces, puede que incluso el más revolucionario —si tenemos en cuenta como sus canciones sonaban a todo volumen en los tocadiscos de adolescentes y jóvenes que, con mucho ritmo y un amago de rebeldía, martirizaban los oídos de sus padres, miembros de una generación que distaba de la juventud de posguerra un trecho y tres cuartas partes de otro. Lo dicho,  Elvis fue un fenómeno arrollador y un icono tan rentable que Hal B. Wallis  no quiso quedarse sin su parte d...

Alice (1990)

Las ideas que pueblan el cine de Woody Allen  son sencillas y cercanas. No son complejas o él no las hace complejas, puesto que su cine no es el de ningún existencialista heredero de Kirkegaard o Sartre . Su pensamiento es el de un neoyorquino de clase media, de educación media y de cultura media, que creció entre programas de radio, anuncios publicitarios y el cine estadounidense (clásico): musicales, cine negro o comedias como las de los hermanos Marx . Posteriormente descubriría la televisión y a cineastas como Fellini o Bergman , que influyeron en diferentes etapas creativas de su carrera artística. Y de la mezcla de numerosas influencias nació la originalidad propia de ese tipo cercano que, en ocasiones, asoma en la pantalla neurótico e ingenioso; no obstante, en Alice (1990) ese rol lo hereda el personaje interpretado por Mia Farrow , quien aparte de la herencia alleniana también asume una imagen romántica y soñadora atrapada en una monotonía que corta las alas de su fan...

El príncipe de los zorros (1949)

Veinticuatro años después de filmar Romola (1924), Henry   King volvió a rodar en Italia, lo hizo con una historia ambientada en el Renacimiento, y con el protagonismo de Tyrone Power  —actor a quien dirigió en once películas— y con el antagonismo de Orson Welles , que dio vida a César Borgia, uno de los políticos más destacados de su momento. Maquiavelo , que estuvo a su servicio, lo escogió como uno de los modelos de El príncipe , donde escribe que <<reunidas, pues, todas las acciones del duque, nada encuentro en ellas digno de represión. Al contrario, creo poder proponerlo, como he hecho, como modelo a cuantos por fortuna o con la ayuda de fuerzas extranjeras llegan al poder>>. Pero si Borgia encaja en el modelo del político que el florentino propone como ejemplo de alcanzar el poder mediante armas y fortunas ajenas —<<ni encontrará ejemplos más vivos que los hechos del duque quien quiera, en su nuevo principado, prevenirse contra enemigos, ganarse amig...

A veces, insiste, pero...

A veces, insiste, pero sencillamente no me llega la luz, solo veo oscuridad que iluminar. Así de claro, así de sencillo; e igual de fácil me resulta comprender que si quiero claridad, necesito encontrar un hueco por donde uno de los dos se cuele y gatee al encuentro del otro. Quizá ella no pueda llegar o yo no sepa moverme, o puede que en algún momento nos encontremos y ella me desvele parte del entorno que ilumina, pero, a oscuras, no hago más que darme golpes. No es masoquismo, ni necedad, ni falta de infrarrojos, ni desgana. Es más simple. No puedo ver en la noche, mis ojos carecen de visión nocturna y aunque encuentre el acceso a la realidad iluminada, sospecho que será limitada y no evitará que siga dándome golpes. A veces, insiste, pero donde hay luz también me engañan los reflejos, las chispas que saltan y los destellos cegadores que me obligan a cerrar los ojos. La claridad trae consigo sombras antes inexistentes, por imposibles de distinguir en la negrura donde he vivido de es...

John Cassavetes. Emociones a contracorriente

En su faceta de cineasta, John Cassavetes comprendió, o se vio forzado a comprender, que dentro de la industria cinematográfica de Hollywood no encontraría la libertad necesaria para hacer el tipo de cine que pretendía realizar. Fue un descubrimiento que implicó decepción, mas no derrota. Cassavetes  había debutado en la dirección con Sombras ( Shadows , 1958), un film independiente que llamó la atención por su aparente espontaneidad, aunque nada de lo expuesto en la pantalla obedecía a la improvisación, sino a ideas concebidas antes de su puesta en escena.  Sombras llamó la atención por su atipicidad, por su contacto con seres reales en espacios reales, pero sus dos siguientes trabajos — Too Late Blues (1961) y Ángeles sin paraíso ( A Child Is Waiting , 1962)—, realizados dentro del sistema, fueron experiencias que le convencieron para desmarcarse de los estudios y de los pr...

Sigamos la flota (1936)

Supongo que apenas importa, marina, ejército de tierra o aviación, pues lo significativo de Sigamos la flota ( Follow the Fleet , 1936), si tiene algún significado, reside en que la realidad no importa o, mejor, que no tiene cabida en el espectáculo. Y eso nos lleva a la fantasía, a la irrealidad de un musical que, siguiendo la fórmula de  La alegre divorciada ( The Gay Divorce , 1934) y Sombrero de copa  ( Tap Hat , 1935), da rienda suelta a las imágenes donde vemos a  Fred Astaire y Ginger Rogers haciendo aquello que les dio fama. Y “aquello“ es su capacidad para fugarse de los espacios reales y de los personajes transcendentes, con ritmo, música y gracia. Da igual la rama militar a la que pertenece su personaje o que, como actor, Astaire carezca de registros dramáticos o sean limitados. Tampoco importa que Rogers , ante todo, sea actriz, y no una bailarina, aunque se deja guiar (muy bien, por cierto) por su pareja de baile. La trama es lo de menos, además de ser t...

Las aventuras de Marco Polo (1938)

  Si la ficción cinematográfica concediese demasiada importancia a la realidad, dejaría de ser ficción y sería otra tipo de cine. En la ficción prevalece la invención o la adulteración de hechos cotidianos o históricos, y lo mismo valdría para los personajes. Por otro lado, da igual que el espacio exista, se invente o se recree, incluso que no nos movamos de los decorados de un estudio. Y es indiferente porque la magia de cine se encarga de trasladarnos a lugares como la Venecia de decorado de Las aventuras de Marco Polo ( The Adventures of Marco Polo , 1938) o a la China de cartón piedra y madera a donde llega el comerciante veneciano. Nos da igual porque las imágenes nos engañan y nosotros aceptamos viajar desde nuestro asiento y acompañar a un Marco Polo ajeno al real. El que vemos es un supuesto aventurero y un héroe que, en apariencia, responde a las características de Gary Cooper , de hecho es más Cooper que Polo. Siempre es a la estrella a quien vemos, pero, en esta ocasi...

Cuerpos celestes. Discusión en la galaxia

  Después de la última supernova, los ánimos estaban bastante caldeados en esta parte de la galaxia. Me cuesta creer que la discusión, que llevaba más de mil años centrada sobre el mismo punto, fuese consecuencia de tres satélites que llamaron insensible a un pequeño planeta de las inmediaciones de la mediana naranja a cuatro años luz cuesta abajo; aunque aquí, con tanto giro, espiral y espacio vacío, nadie sabe dónde cae arriba y dónde sube abajo. Lo amenazaron de gravedad, con no dejar de girar a su alrededor, por tener mayor radio y distinta opinión. Más o menos ese fue el comienzo de toda esta farsa. Pero seamos serios, por favor. Si solo dijo <<que hay astros luminosos que comparten su luz mientras otros la exhiben. Su luminosidad es una pose. Exhibicionismo y poco más. Son fantasmas en el espacio y en el tiempo>>. ¿Qué hubo de malo? No lo comprendo, si es un hecho probado que las estrellas, salvo las fugaces, que su impaciencia las consume, no entran en colapso po...

De Mayerling a Sarajevo (1940)

  El imperio alemán vio nacer a Max Ophüls , pero el cineasta encontró mayor atractivo en la irrealidad espectral de la imperial Austria-Hungría  que en la Alemania de marcialidad prusiana. Ni armas ni desfiles militares interesan en su cine, que se decanta por la elegancia y la armonía de melodramas como De Mayerling a Sarajevo ( De Mayerling à Sarajevo , 1939) o  Carta de una desconocida ( Letter from a Unknown Woman , 1946). La fantasía ophulsiana  del imperio de Austria-Hungría nace en la ensoñación de un director que armoniza imágenes y movimiento en sueños cinematográficos que brillan y se apagan, condenados a desparecer debido a su propia naturaleza onírica —y a la imposibilidad de que el sueño sobreviva en su enfrentamiento a la realidad de la que, por un instante, los protagonistas escapan amando—, pero que perviven en su forma de celuloide. En sus películas, el cineasta atrapa a sus protagonistas en el amor, en su ilusión de amor, y les obliga a sentir e...

Lola (1961)

Una de las Lolas cinematográficas más atrayentes y atractivas resulta que se llama Cécile ( Anouk Aimée ), vive en Nantes, trabaja en un local nocturno y es madre soltera. En el cabaret donde la descubrimos la conocen por su nombre artístico y, salvo Michel y Roland, el resto se refiere a ella por el Lola que Jacques Demy escogió para dar título a su primer largometraje. No voy a  enredarme y a hablar de la nouvelle vague, “movimiento” al que inicialmente se adscribe o adscriben el cineasta, aunque no tanto por intereses y rasgos cinematográficos comunes, como por el contacto y la cercanía espacio-temporal. Pasaré de largo la nueva ola, al menos aquí y ahora, porque Demy  no fue un “olista”, ni vanguardista, ni pretendía romper con el cine previo, ni había sido crítico cinematográfico. Como tantos otros realizadores franceses de la época,  Demy  está influenciado por el cine hollywoodiense y por algunos cineastas ...

Cena a las ocho (1933)

  Cena a las ocho  ( Dinner at Eight , 1933) supuso para la carrera de  George Cukor  un salto de prestigio, no solo por rodar en la MGM , por aquel entonces el estudio más poderoso, ni por contar con un espléndido elenco de actores y de actrices, sino por su dominio de la puesta en escena. Ni exprime los recursos del medio cinematográfico ni abusa del lujo habitual en el estudio del león. No lo precisa, de hecho sería contraproducente en un film cuyo eje son los personajes. Sobre ellos gira cuanto sucede y  Cukor  así parece comprenderlo. Entiende sus peculiaridades y sus intimidades, que son las que dan forma a un film de historias entrelazadas y ambientadas en la alta sociedad neoyorquina. En apariencia, la película tiene todos los ingredientes para ser una producción por y para mayor gloria de sus estrellas y de la Metro , algo así como Grand Hotel ( Edmund Goulding , 1932), pero la naturaleza del film, de mayor complejidad que el desfile de astros pro...

Al borde del lago

  Cantaban las ardillas una alegre melodía, saltaban los pájaros de árbol en árbol, el bosque abría sus claros a la luz de un nuevo día. Y caminando entre el verdor de aquel cómodo sendero, de repente, me encontré al borde de un lago. Fue inesperado, pero las indicaciones de la ruta señalaban el camino. Está bien —me dije—, y me adentré por aquella estrechez con la idea de que el sendero se ensancharía un poco más adelante. Fue algo extraño, no sabría calcular cuánto, pero diré que bastante. Ya no había rastro de vegetación a mi alrededor, ni roedores cantores ni aves saltadoras. Cuando el verde desapareció, sentí algo que no logro describir. No era frío ni cálido, ni alegre ni triste, en realidad, era nada y todo. De nuevo, eché un vistazo al letrero que parecía seguirme y leí que la dificultad de la ruta era sencilla, quizá sí para una hormiga —pensé—, pero no para un metro noventa y sus kilos de relleno. El letrero se detuvo y claramente vi un punto rojo sobre el cual alguien ha...

Una relación en estado vegetativo

Flor está tumbada sobre la cama de su habitación, iluminada por una luz mortecina y leyendo Madre noche . Col se encuentra en la sala de estar, sin apenas pestañear ante la pantalla de televisión, pero  su mirada no se detiene en las imágenes. Se congela en algún punto al que no tengo acceso. Quizá piense en el frío que le rodea, en la médium o en la pasión de antes. —¿Para qué, si el tiempo de piedra, papel, tijera pasó a mejor vida? —le pregunta al televisor. —Ahora solo nos queda el <<buenos días>>, al levantarnos; el qué tal el trabajo, al regresar a casa; el no tengo ganas de jugar, ni yo lo necesito; o el ¿sabes que a B o a C le ha sucedido esto o aquello?  No lo asume. Se niega el reconocer que no piensa en mí con la emoción de antes; de hecho, la mía camina hacia la puerta de salida y amenaza con dar portazo. El canal emite una película en blanco y negro en la que se habla de un mismo crimen desde perspectivas distintas, que se contradicen en mentiras, inte...