El rótulo que abre El cerco (1955) explica que <<los hechos que a continuación se relatan han sucedido realmente. Son cinco sucesos que tuvieron lugar en Barcelona y en su día fueron publicados en la presa. Sólo han variado los nombres y las circunstancias>>. Y señala que <<el presente film no tiene otro objeto que recordar que el crimen no escapa jamás a su justo castigo>>. Esta información apunta dos características fundamentales del policíaco español de la época: su ubicación en la Ciudad Condal, donde se desarrolló un tipo de thriller que combinaba aspectos autóctonos, realismo urbano e influencias del cine negro americano y del polar francés, y la "certeza" de que los criminales siempre pagan por sus delitos, ya sea por la ambición desmedida que les lleva a enfrentarse entre ellos, por la supuesta eficacia (y la violencia omitida) de las fuerzas del orden o por la inevitable intervención de la censura a la hora de dar el visto bueno a los guione...