Dos abanicos elegantes, irónicos y refrescantes Por Antonio Pardines En su país natal, Ernst Lubitsch era un director estrella, a la altura de un Fritz Lang , un Joe May o un Murnau , o incluso más elevado. Así que era cuestión de tiempo que alguien de Hollywood se fijase en él. Y ese alguien fue Mary Pickford que, aparte de actriz estrella, era una productora «independiente» que buscaba un cambio de imagen que le permitiese dar el paso a producciones más complejas, en las que a su esplendor de icono indiscutible de la pantalla se uniese el de gran actriz. Rosita, la cantante callejera ( Rosita , 1923) fue un éxito de taquilla, pero no convenció ni a Lubitsch ni a Pickford . Ninguno de los dos parecían moverse con comodidad. Todo lo contrario sucedió en Los peligros del Flirt ( The Marriage Circle , 1924), la primera gran comedia hollywoodiense de alcoba de Lubitsch , la que aventuraba el «toque» que lo convertiría en uno de los directores más populares y admirados de Hollywood; l...