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Mostrando las entradas etiquetadas como yasujiro ozu

Ozu: gramática vs sensibilidad

  Nunca he hecho demasiado caso a las teorías, aunque creo conveniente conocerlas, menos aún si se trata de arte, porque, de teorizarse el hacer artístico o el cómo hacerlo, el arte corre el riesgo de perder su esencia artística. Claro que todo arte tiene un lenguaje, reglas y códigos, técnicas, pero de nada sirven al artista si no rompe con ellos, si no trasgrede la teoría en busca de su propia expresión y expresividad. Podría ponerme pesado y ser pedante —no dudo que en ocasiones haya sido ambos— y hablar de una gramática del cine o mismamente de la novela, pero eso solo obedecería a creerme que así quedaría por encima o que estaría diciendo algo de peso; tal que “ahí queda eso, a ver cómo lo rebaten”. Lo cierto es que si decirlo me parece estúpido, rebatirlo también, sobre todo si uno piensa que, como cualquier medio expresivo que se ha querido ver como arte, el cine tiene sus teorías, ciertas reglas (a seguir o transgredir, según se decida) y un lenguaje que permite su expresió...

El sabor del té verde con arroz (1952)

Historias de familia, historias cotidianas, urbanas y contemporáneas, historias de vecindario y de encuentros en barras de bares, historias estacionales, de primaveras tardías, de principios de verano o ya otoñales, historias crepusculares o equinocciales. En definitiva, el cine de Yasujiro Ozu nos sitúa frente a historias humanas a las que observa sin intención de intervenir ni de adulterar su transcurrir. Ozu contempla, pero ¿qué mira? ¿La superficie? ¿El interior? ¿Donde se posiciona y qué nos cuenta? ¿Qué busca y encuentra en la aparente quietud en la que se establece y filma a sus personajes en sus cotidianidades? Desde la calma, en la que nada y todo pasa, en la contención, Ozu mantiene la distancia respecto a sus personajes y al público. Respeta a ambos, y se sitúa equidistante para no invadir la intimidad de unos ni obligar a los otros a impresiones y emociones inmediatas, febriles y, por tanto, pasajeras. Deja que los movimientos y las palabras fluyan en aparente naturalidad, ...

Yasujiro Ozu: Me gustaría retratar la flor de loto en medio del barro

El siguiente texto fue publicado por primera vez en noviembre de 1949, en Asahi Geino Shinbun . Por aquel entonces, Yasujiro Ozu ya era considerado uno de los grandes maestros del cine japonés, con más de veinte años de cine a la espalda y títulos tan importantes como Nací, pero ( Umarete wa mitakeredo , 1932), Historia de un vecindario ( Nagaya shinshiroku , 1947) o Primavera tardía ( Banshun , 1949), sin embargo todavía era un perfecto desconocido fuera del archipiélago nipón. Mas aquella ignorancia no borraba de la obra de Ozu la belleza de lo cotidiano, de lo humano, incluso allí donde aparentemente no se espera hallar, pero el cineasta encuentra emociones, sentimientos, humanidad, hermosura, vida, incluso en el barro donde con su mirada nos descubre la flor del loto... <<¿Qué intenciones tengo? Nada de particular. Hago las cosas a mi manera, como acostumbro. En otras palabras: ruedo como me sale, espontáneamente. Pero eso es una cuestión de método... s...

Flores de equinoccio (1958)

Los primeros planos de los rostros no siempre logran captar las sensaciones que embargan a los personajes, a veces las desvirtúa al forzarlas en exceso. Tampoco los constantes movimientos de cámara que los envuelve eliminan la inmovilidad de una película, ni ocultan las carencias de films vacíos y sin alma. El movimiento cinematográfico es algo más complejo que el montaje vertiginoso o que el uso excesivo e indiscriminado de travellings, de panorámicas o de continuos cambios de encuadre, porque si no captan y transmiten vida, no dejarían de ser un ornamento o un recurso superficial. Lo mismo podría decirse de los planos que nos acercan a los rostros y nos muestran sorpresa, alegría o lágrimas o del plano-contraplano ( Ozu  lo empleó en esta película con sencilla precisión) que pretende ofrecernos información y reacción. A veces juegan contra la propia esencia de los personajes y, consciente de ello, Yasujiro Ozu  no precisaba ni mover insistentemente su cámara n...

Principios de verano (1951)

Su maestría era tal, que las emociones en sus personajes fluyen o se contienen naturales como la vida que transcurre en ellos y ante ellos, como si nada pasara y pasando todo. Apenas nos percatamos que hay una cámara o una planificación minuciosa detrás, pues la una y la otra solo son recursos que, entre otros, le permitían elaborar con imágenes y silencios su poesía, tan humana que, cuando la contemplamos, algunos comprendemos que estamos ante algo que no sabemos cómo definir, aunque sí sabemos que nos está calando en lo más hondo, quizá porque sus películas no dejen de ser reflejos de emociones que sentimos y compartimos, en definitiva, son sinceros reflejos de vida. Así era el cine de Yasujiro Ozu , un cine de matices, sutil y sugestivo que atrapa y no se olvida, un cine que encuentra su principio y su final en la interioridad humana, a menudo golpeada por circunstancias cotidianas que generan preocupaciones contenidas o exteriorizadas en susurros nunca forzados, ni insistentes, ...

Crepúsculo en Tokio (1957)

A medida que aumenta mi curiosidad, también lo hace mi desconocimiento, al tiempo, en mi mente, se fija con firmeza la idea de que en todas las artes existe un grupo muy, pero que muy reducido de artistas inimitables cuyas obras se encuentran por encima de las del resto, a una distancia insalvable, porque existe algo en ellas que, al tiempo, las humaniza y “diviniza” en formas y sustancias únicas, legado artístico imprescindible que no puede ni debe perderse. En el caso del cine, encuentro en Yasujiro Ozu a una de esas maravillosas excepciones que, con su poética, sus silencios (que expresan cuanto sienten sus personajes) y su aparente sencillez, provocaron que mi afición por el cine, de hoy, de ayer, de aquí y allá, diera un salto hacia arriba y adelante transformándose la afición en la fortuna que para mí significa descubrir, disfrutar y valorar películas como Crepúsculo en Tokio ( Tôkyô boshoku , 1957), no desde una perspectiva teórica que contemple un análisis técnico que no pose...

Un albergue en Tokio (1935)

Aunque tardía, la exitosa incorporación del sonido y de los diálogos al cine japonés provocó que los directivos de la compañía cinematográfica  Shochiku apurasen a  Yosujiro Ozu  para que rodase su primera película hablada, filmada en 1935, sin embargo el cineasta continuó realizando producciones mudas hasta 1937. Dicha circunstancia resulta comprensible en un creador como  Ozu , ya que su arte visual no necesita palabras para captar y expresar,  desde la serena y sincera mirada de su cámara, la sensibilidad de sus personajes. Estas se hacen visibles, casi palpables, sin la presencia de diálogos que no harían más que forzar los sentimientos y las situaciones cotidianas (también las excepcionales) que fluyen desde la naturalidad de imágenes que exteriorizan  las emociones de hombres, mujeres o niños como los que protagonizan esta historia, cuyos rostros y movimientos hablan por sí mismos dentro del espacio marginal donde el mundo infantil y el adult...

Ozu, cronista de una época

<<Lo más importante, lo primero que pienso cada vez que ruedo una película, es que con ella quiero reflexionar a fondo sobre algo y recuperar la humanidad que la gente tiene por naturaleza>>. Yasujiro Ozu A estas alturas nadie pone en duda que Yasujirô Ozu  fue y es uno de los directores más representativos e importantes de la cinematografía mundial. Sin embargo, la obra de este autodidacta, que dijo no tener maestros, no se dio a conocer más allá de las fronteras de su país natal hasta después de su muerte, a pesar de que en 1961 el Festival de Cine de Berlín ofreciera una retrospectiva de sus películas. En vida, solo dos de sus producciones se estrenaron fuera de Japón, aunque su debut tras las cámaras se produjo en 1927, cuando realizó La espada penitente , el único de sus films ambientado en una época ajena a la suya. <<En determinado momento apareció una película americana llamada Civilización (1916), de Thomas Harper Ince . H...

Nací, pero...(1932)

Al igual que otros grandes cineastas formados durante el periodo silente en su transición al cine sonoro,  Yasujiro Ozu  aprendió el oficio de director desde abajo, primero viendo las películas que se proyectaban en el cine de su barrio y, una vez dentro del medio al que consagró su vida, desempeñando labores de ayudante de cámara y de dirección hasta que debutó como realizador en  La espada penitente ( Zange no yaiba , 1927), su única producción de época y un film que no resultó de su interés. El resto de su filmografía expone historias contemporáneas que, en su mayoría, se desarrollan en ubicaciones urbanas donde se descubre otra de las características esenciales de su obra: su predilección por los silencios como medio para expresar las emociones y los sentimientos que nacen de las relaciones humanas que se producen en entornos donde, desde la cotidianidad, se enfrentan modernidad y tradición. Esta facilidad para captar lo significativo, desde la ausencia de pa...

El otoño de la familia Kohayagawa (1961)

Los inicios de Yasujiro Ozu se remontan al cine mudo, pero durante su vida solo dos de sus películas fueron estrenadas más allá de las fronteras japonesas, sin embargo, en Japón se le consideraba un maestro, algo que también ocurriría en occidente después de su muerte, cuando tardíamente (más vale tarde que nunca) se descubrieron las poéticas imágenes que conforman su filmografía. Su estilo lírico, silencioso, pausado, sensible, se descubre en El otoño de la familia Kohayagawa ( Kohayagawa-ke no aki , 1961), exquisita reflexión sobre la decadencia de un entorno familiar, mediante el cual se descubre el choque generacional que se produce tanto dentro como fuera de su seno. Aunque no era habitual en su cine, Ozu combinó comicidad con momentos de gran profundidad emocional para ahondar en el enfrentamiento entre tradición y modernidad, el cual se observa desde los comportamientos, sentimientos y sensaciones de los Kohayagawa. Manbei ( Ganjiro Nakamura ), el patriarca, se descubre como u...

Memorias de un inquilino (1947)

La sensibilidad de  Yasujiro Ozu  para profundizar en sus personajes es una de las más sobresalientes de la historia del cine, su enfoque transmite más de lo que se dice o se muestra a simple vista, cuestión que se aprecia a la perfección en la emotiva y reflexiva  Memorias de un inquilino (Nagaya Shinshiroku) , también conocida como  Historia de un vecindario . La aparición de Tashiro ( Chishu Ryu ) con un niño ( Hohi Aoki ) que deambulaba perdido por las calles inicia el periodo de cambio en Tané ( Choko Iida ), aunque este se hace esperar, pues, tanto ella como el resto de sus vecinos, rechazan al muchacho al tiempo que se muestran solitarios, poco dispuestos a cambiar sus hábitos, dominados por un pesimismo que les aleja de sentimientos afectivos. El pequeño observa sin hablar, mientras, escucha como nadie desea hacerse cargo de él y, por lo que puede deducir de las conversaciones de los adultos, su presencia resulta una molestia. Finalme...

El sabor del sake (1962)

Yasujiro Ozu sienta a sus personajes y sitúa la cámara a la altura de estos, les sirve sake, cerveza o whisky, y permite que hablen de sí mismos y de sus preocupaciones. El sabor del sake (Sanma no aji)  presenta un nuevo Japón, invadido por letreros luminosos que anuncian los locales de tipo occidental que empiezan a abundar en las ciudades; una nueva cultura se impone en un país de fuerte arraigo tradicional, donde el baseball ha irrumpido con fuerza y los neones ya forman parte del ámbito urbano. Los consumidores de sake son tres amigos, adultos, que se reúnen con frecuencia para charlar sobre ellos y el mundo que les rodea. Uno de ellos está casado con una mujer de la edad de su hija, circunstancia que choca y divierte a sus compañeros; otro pretende casar a la hija de Hirayama para que ésta no se convierta en una solterona. El tercero, Hirayama ( Chishu Ryu ), es un viudo que vive con dos de sus hijos, sin darse cuenta de que su pequeña ya es una mujer. Poco...

Cuentos de Tokio (1953)

Por mucho distanciamiento cultural que exista entre las diferentes latitudes y longitudes en las que se divide el globo terráqueo, los sentimientos que se producen sobre él son universales, y esta universalidad sentimental se encuentra uno de los motivos que hacen que el cine de Yasujiro Ozu sea para todos y que  Cuentos de Tokio ( Tokyo monogatari , 1953) sea una excelente oportunidad para descubrirlo, observando las relaciones familiares, los fracasos o la imposibilidad comunicativa que aleja a los protagonistas y que los convierte en seres extraños a pesar de ser padres e hijos. Otra de las constantes temáticas de Ozu aparece en el enfrentamiento entre un mundo moderno y e tradicional, que se observa en el choque generacional y en el inevitable deterioro de las relaciones como consecuencia de la distancia física que separa a los protagonistas. Los tiempos han cambiado, esto es algo que descubre el anciano matrimonio que llegan a Tokio con la intención de visitar a sus hi...

Primavera tardía (1949)

En  Primavera tardía  ( Banshun , 1949 ) se produjo el reencuentro de   Yasujiro Ozu  con el guionista  Kogo Noda , quien, desde entonces y hasta el último film de  Ozu , escribiría al lado del cineasta japonés los guiones de sus películas, títulos que desnudan la interioridad de los personajes, sus preocupaciones y sus motivos. Su ritmo lento, el cine oriental no vive de las prisas del occidental, transmite una sensación de profunda armonía y lirismo que nos invita a conocer las reflexiones de unos seres condicionados por la modernidad y la tradición, que viven enfrentadas tanto en su interior como en cuanto les rodea. Son dos polos opuestos que se presentan ante una protagonista que inicialmente tiene claro lo que desea, sin embargo, los hechos que se desarrollan ante ella le provocan confusión. ¿Qué hacer?, se pregunta. ¿Debe aceptar aquello que se le recomienda (aunque casi se trate de una obligación) o debe actuar según los dictados de su concienci...