Todo fluye, pero ¿quiénes establecen el curso de la riada y quiénes cavan las fosas de quienes se ven arrollados por su corriente?
Todo fluye, pero ¿quiénes establecen el curso de la riada y quiénes cavan las fosas de quienes se ven arrollados por su corriente? Por Antonio Pardines El fallecimiento de Stalin, en 1953, abría el vacío de poder que desató la lucha que llevó a Nikita Jrushchov al trono soviético. Tras su victoria, el nuevo líder del partido comunista inició una política de cara la galería que se conocería como Deshielo —nombre que procede de la novela homónima escrita por Ilyá Ehrenburg, que así renegaba quizás para salvar el pellejo de su estalinismo—. Se trataba de un periodo en el que parecía que la Unión Soviética se abría al mundo, y a un mayor sentido de la justa proporción con los suyos y con los países satélites, aunque la proporción y la justicia continuasen siendo meras ilusiones. Pero algo estaba cambiando. Hasta entonces, la Justicia que prevalecía en la Unión de Repúblicas Socialistas era la dictada por el interés de Stalin, pero ahora, muerto este, había dos posibilidades: callar o desv...