Previo a su llegada a España, Marco Ferreri había fundado junto a Ricardo Ghione la revista Documento mensile —de la que solo salieron seis números—, trabajado con Alberto Lattuada , Cesare Zavattini o Luchino Visconti , y realizado producciones publicitarias, pero estas actividades se antojaban insuficientes para que su futuro profesional fuese el cine. No obstante, como sucede en algunas películas y en realidades paralelas a la mía, un encuentro cambió el rumbo de dos vidas: la suya y la de Rafael Azcona . Contratado como comercial, Ferreri viajó a Madrid en 1955, con el encargo de vender lentes para pantallas panorámicas. Ignoro cómo le fue el negocio, pero, en un momento quizá de ocio, cayó en sus manos Los muertos no se tocan, nene y, con su lectura, nació el deseo de conocer al autor para proponerle producir —que era su intención inicial, y no la de dirigir— una adaptación que por distintos motivos no fructificó. A pesar de este primer revés, su...