<<Hay una definición importante, con la que me interesa empezar. A ver si adivináis a quien corresponde. Dice: “El cine es servidumbre asiática, odio sin exotismo, nirvana barato del pueblo. El tiempo en el cine no es cósmico ni sideral, es, simplemente, absurdo”. Esto lo decía don Ramón Otero Pedrayo en la revista Vida Gallega , en el año 1955. Parece que don Ramón —como muchos monstruos de la cultura gallega— no vieron El halcón maltés , ni Ciudadano Kane , ni El tercer hombre , ni Viva Zapata , ni siquiera se dio cuenta de que su amigo Xaquín Lourenzo rodara O carro e o home 1 hacía poco, allá, en Lobeira. Definitivamente, no quiero ir contra absolutamente nadie, sino, simplemente, definir una actitud que se produjo a lo largo de este siglo en Galicia. El cine, como todos sabéis, desde el año 1896 hasta que se estabilizó en las salas hacia el año 1910, fue considerado como un espectáculo de barracas para niños y para la plebe. A partir de ahí empezaron a suceder cosas...