viernes, 3 de junio de 2022

Pajaritos y pajarracos (1966)


La mejor comedia observa el mundo con ironía y ahí reside su grandeza, en mirar desde la distancia irónica que le permite reírse de sí misma y de aquello que expone, aunque sea un tema serio; sobre todo si es un tema serio, como deja claro todo el cine de Charles Chaplin, que gira en torno a problemas sociales que parecen no afectar el ánimo de su personaje, más bien le precipita a emplear cualquier recurso para desligarse de la moral e hipocresía del orden dominante y sobrevivir en un entorno deshumanizado e insolidario en el que sin pretenderlo su presencia pone una pizca de humanidad. Decía Fernando Pessoa, en su Libro del desasosiego, que <<La ironía es el primer indicio de que la conciencia se hizo consciente>>; y creo que esto puede aplicarse a las mejores comedias y a los grandes cineastas y literatos que la han practicado. Las mejores son irónicas porque son plenamente conscientes de su razón de ser. Es decir, de aquello de lo que se ríen para mostrar la gravedad del asunto que no les hace pizca de gracia o les hace demasiada, porque la propia realidad ya resulta exagerada. Hay inteligencia en ese tipo de humor, puesto que la ironía es si cabe el mayor signo de inteligencia en seres que presumimos de ella a la menor oportunidad, pero nos cuesta demostrarla mínimamente en nuestra cotidianidad, quizá porque el día a día no la exija, exija trabajar y babear, y solo en las fiestas de guardar se practique; o porque no lo seamos o solo lo sea la minoría que destaca en los distintos ámbitos sociales, artísticos o científicos; los replantea, los transforma y abre nuevos y viejos caminos.



¿Somos halcones o gorriones? ¿Borregos, tal vez? Puede, incluso quienes guían pueden serlo o no dejan de serlo. ¿Somos inteligentes? Depende donde pongamos el baremo que lo indique. Esto también vale para la comedia, la hay de varios tipos y no toda ella responde a una intención irónica, ni crítica ni analítica. Las hay escapistas, infantiloides, descerebradas, disfrazadas de transgresoras, groseras, elegantes, cínicas, amargas, ácidas e irónicas. Seguramente me dejo alguna, pero mi memoria fotográfica ya no es la que era hace apenas unas fotografías, ahora es otra y me trae a estas líneas a Pier Paolo Pasolini y su Pajaritos y Pajarracos (Uccellacci e uccellini, 1966). La originalidad de su inicio —la voz festiva de Domenico Modugno, que canta los títulos de crédito, y el ritmo musical de Ennio Morricone invitan a la sonrisa— anuncia que se trata de una comedia, pero de qué tipo. Intentar clasificar una comedia de Pasolini es harto complejo o demasiado sencillo, más si cabe si pienso que no conozco más referencia cómica en su filmografía que el episodio La Terra vista della luna del largometraje Las brujas (Le streghe, 1966) y este film protagonizado por el inolvidable Totò y Ninetto Davoli, imagen inocente del cine del pensador italiano, y por un cuervo, <<intelectual de izquierdas, por así decirlo, de antes de la muerte de Palmiro Togliatti*>>, al que le gusta filosofar y que proviene del país de Ideología, de padre el Miedo y madre la señora Conciencia. Sin querer o quizá lo contrario, arriba sale el verbo que, transformado en adjetivo, podría aplicarse al film para etiquetarlo como comedia filosófica, puesto que sin duda está realizada por un lúcido pensador que plantea cuestiones y reflexiones sobre el pasado, el presente, el futuro del ser humano en su relación con sus semejantes y ve que nada cambia. “Semejantes” es un decir, ya que existen las diferencias de clase, halcones y gorriones, obreros, campesinos, propietarios, la opulencia de unos y la miseria de otros, el hambre y la certeza de que el fuerte se come al débil y este a uno más débil que él, y así hasta cuándo o hasta que la vida acabe. En definitiva, el mundo humano, deshumanizado e insolidario, visto desde la mirada humanista y ya desencanta de Pasolini, que pregunta <<¿hacia dónde va la humanidad?>>, y expresa su <<¡boh!>> como respuesta irónica, una respuesta que cobra forma cinematográfica en el recorrido de Totò y Ninetto por espacios marginales, rostros, situaciones e interrogantes en compañía del cuervo que les fabula la misión encomendada a los dos franciscanos a quienes un San Francisco marxista envía a evangelizar halcones y gorriones. Ese cuervo se expresa, pero sus ideas no son comprendidas, quizá ni escuchadas, y que, al igual que Pasolini, es consciente de que nada puede hacer en el orden de las cosas, un orden que no cambia y nada apunta que vaya a cambiar.



*Palmiro Togliatti (Génova, 1893 - Yalta, 1964) fue un político italiano, considerado uno de los padres de la democracia italiana y secretario general del Partido Comunista Italiano desde 1927 hasta su muerte en 1964, año que podría considerarse como un punto de inflexión en el pensamiento de Pasolini, quien ya en Pajaritos y Pajarracos muestra signos del desencanto que se transformará en “rabia” y posteriormente en una “denuncia” intelectual que concluiría con su muerte en 1975.




2 comentarios:

  1. Junto con "Teorema", una de mis películas preferidas de Pasolini.

    Saludos.

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    1. Coincido; también es una de las que más disfruto de Pasolini. Creo que Totò y Ninetto Davoli forman una espléndida pareja cómica. Y con el cuervo, un trío inolvidable.

      Saludos.

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