La década de 1980 vivió la última época de los “pequeños” cines de pueblo y ciudad, poco después, los videoclubes, la proliferación de canales de televisión, que incrementó el número de películas emitidas —la escena de la terraza el día del estreno de Toro Salvaje (Ranging Bull, Martín Scorsese, 1980) no puede ser más clara al respecto—, y las multisalas en las superficies comerciales urbanas, se hacían con el mercado y apuraban la desaparición de estas salas independientes y familiares. Hoy sobreviven en excepciones físicas, en las imágenes de algunas películas y en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de conocerlas, quejándonos o sin quejarnos de sus butacas de madera y (algunas) de fino acolchado. Una de esas salas podría ser el cinema Splendor, que desalojan de su historia en una fecha inmediatamente posterior a los estrenos en Italia de La chaqueta metálica (Full Metal Jacket, Stanley Kubrick, 1987) y Notte italiana (Carlo Mazzacurti, 1987), pero no del recuerdo de Jordan (Marcello Mastroianni), quien, observando por última vez aquel hogar del celuloide, evoca un instante de su niñez, cuando su padre y él llegaron a un pueblo de tantos recorridos de la Italia de Mussolini para desplegar su sabana blanca y sobre ella, ante la mirada inquisitoria del párroco, proyectar Metrópolis (Fritz Lang, 1927). Así se establece que Jordan creció viendo, soñando y amando las proyecciones en el cinema ambulante paterno, ejerciendo de ingeniero de sonido, como nos comenta directamente su yo niño, mientras su padre se encargaba del proyector. Las imágenes se trasladan en el tiempo, supongamos que unos treinta y dos años, que es el periodo que separa la fecha de rodaje del film de Fritz Lang de las dos películas que anuncia la entrada del cinema Splendor —lucen los carteles de La Gran Guerra (La Grande Guerra, Mario Monicelli, 1959) y Ben-Hur (William Wyler, 1959)—. Es la sala propiedad de un Jordan maduro y todavía soñador, una sala de comedias, dramas, guerras y romances, una sala que comparte con Chantal (Marina Vlady) y Luigi (Massimo Troisi), y con quien se siente en sus butacas para disfrutar de un instante de sueño o de ensoñación.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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