Aunque no sea una de las grandes películas de Joseph L. Mankiewicz, y quede oculta entre dos de sus títulos míticos —El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, 1946) y Carta a tres esposas (A Letter to Three Wives, 1948)—, Escape (1947) no está nada mal y la presencia de Peggy Cummings en el papel de Dora da luminosidad al conjunto en el que Rex Harrison, cuyo saber estar hace que parezca que su actuación sea fácil, muestra sobriedad en su personaje, Matt Denant, mientras que Mankiewicz aprovecha un material que no es suyo —el guion es de Philip Dunne, que adapta la obra de John Galsworthy— para introducir algunos temas propios como las apariencias y su postura contra la intolerancia de la moral bienpensante, la cual se descubre con claridad en la escena en la que el fugitivo telefonea mientras una mujer despotrica ignorando que él es el “criminal” al que aluden sus palabras. Esta postura alcanzaría mayor esplendor y protagonismo en Murmullos en la ciudad (People Will Talk, 1951), pero es recurrente en un cineasta que no solo se interesa por la psicología de los personajes, sino también de la sociedad a la que pertenecen o en la que se descubren distintos, con lo que esto supone. La atmósfera lograda por Mankiewicz, que inicia su relato con una analepsis que explica tanto el carácter del protagonista como el delito por el que se le condena a tres años de trabajos forzados, el empeño del fugitivo, que se niega a aceptar la culpabilidad que el tribunal le atribuye más que la condena que se le ha impuesto, y la rebeldía de Cummins, que ayuda al evadido sin saber porqué lo hace, aunque sea porque algo en su fuero interno la lleva a rebelarse contra el orden establecido por su hermana mayor (Jill Esmond), funcionan en su conjunto y logran entretener durante sus ochenta minutos de cine en el que Mankiewicz plantea también la fragilidad de lo cotidiano —Matt pasa de ser un caballero a un criminal por la muerte accidental de policía y el juicio posterior en el que le declaran culpable— y la falibilidad del sistema judicial…
miércoles, 15 de enero de 2025
lunes, 13 de enero de 2025
Rex Harrison, comediante de salón
viernes, 10 de enero de 2025
Siete esposas para un marido (1954)
Amnésico, parece evidente; la desmemoria de Charles, Peter, Bill,… o cómo se llame en realidad el mujeriego gentleman a quien da vida Rex Harrison, es fruto de un trauma psicológico, puede que de una huida de su poligamia. No lo sabe, pues desconoce todo de sí cuando despierta en la habitación de un hotel que no reconoce, en una localidad costera de la que ignora su ubicación y en donde no entiende el idioma de los marineros a quienes pregunta extrañado, tal vez asustado de no saber quién es la imagen del espejo. Pronto descubre que se encuentra en Gales. <<¿En Gales?>>, se pregunta sin respuesta. Tampoco se la da el doctor Llewellyn (Cecil Parker), a quien acude y que le ayuda en sus primeros pasos para recuperarse, para conocerse y saber que está casado con Monica (Kay Kendall), una fotógrafa de éxito, que aboga por ser independiente, pero que bebe los vientos por él. Así parece que el protagonista de Siete esposas para un marido (The Constant Husband, Sidney Gilliat, 1954) se halla en el buen camino para rememorarse y descubrirse. Sin embargo, solo es el inicio de una pista que le conduce a otra esposa y luego a otra y así hasta un total de siete. Don Juan y Barba Azul, la octava espera o esta queda para Ernest Lubitsch, maestro de la ironía y de la comedia, en La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard’s 8th Wife, 1938), de la que la película de Sidney Gilliat, aparte de no beber, se encuentra lejos. Pero aun así tiene sus buenos momentos, en su caricatura amable del estereotipo inglés y de la mujer británica, que apunta independencia pero que todavía no la siente totalmente propia, lo que la lleva a caer rendida en brazos de un caballero que acaba convirtiéndose en portada de los medios más prestigiosos, cuando se le acusa de poligamia. <<Insólito caso atrae la atención mundial a los tribunales. Dos son compañía, siete merecen un “juicio”, dice la última esposa>>, puede leerse en uno de los periódicos que Gilliat introduce en pantalla antes de que asome la abogada defensora (Margaret Leighton), aparición que genera la sospecha de un nuevo idilio y asegura la defensa del siete veces casado y desmemoriado…






























