lunes, 27 de julio de 2026

Una sirena sospechosa (1966)



Doctora Day y Mister Lewis


Por Antonio Pardines


Guste o no, resulta innegable que existió un tipo de comedias de Jerry Lewis, y también uno de Doris Day. Ambos se hacían a medida de sus imágenes, aunque se situaban en las antípodas, pues donde en uno existía un tono subversivo en la segunda había conformidad. Tampoco cabe duda de que Lewis no sería el mismo Lewis sin Frank Tashlin, un director cuya capacidad para la comedia fue de las más notables de su época. El cineasta, que se había fogueado en la serie animada Looney Tunes, también se prestó a dirigir a Day en esta comedia que, en apariencia, apenas difiere del resto de películas coloristas, tirando a tonos pastel, de viva la alegría de la clase media y del cartón piedra. Pero, aunque no sea un guion propio, en Tashlin siempre hay más. Hay caos, hay una mirada subversiva a su entorno y a su época.


El comportamiento de los personajes de Lewis, su ingenuidad, su torpeza, el desastre que implica su generosidad desinteresada, lo hacen sospechoso. Obviamente, Doris Day no es Jerry Lewis, pero en La sirena sospechosa (The Glass Bottom Boat1966) aspira a serlo en su aparente torpeza, que no es otra cosa que el ir a contracorriente, aunque en Lewis ese paso de cangrejo es subversivo, pues nace de la postura del cineasta. Day no lo es, sin embargo se convierte en sospechosa a ojos de un agente de seguridad porque llama a su perro Vladimir, nombre ruso que suena a comunistas en un tiempo de guerra fría y de tecnología espacial.


Quizás, gracias a ese reírse de la paranoia del momento, así como de la tecnología a lo ACME, esta sea la mejor comedia de las protagonizadas por la famosa actriz, la más simpática y animada, la que gana cuando se deja de canciones y de amoríos y se entrega al slapstick que Tashlin maneja como nadie o como Blake Edwards en la década de 1960.


El prólogo se abre en las aguas de Santa Catalina, donde Rod Taylor pesca la cola del vestido de sirena de Jennie, la viuda protagonista que trabaja como guía en su empresa aeroespacial. Esa misma mujer de la que el millonario científico se enamora y a quien el guarda de su empresa escucha por casualidad e ignorando el contexto (que a quien telefonea es a su perro Vladimir). Pero ese recelo profesional, tal vez social ante lo ruso, la convierte en sospechosa de simpatizante, compañera de viaje e incluso de espía soviética infiltrada en un laboratorio espacial en plena carrera por la conquista del cosmos. Y ahí entra Dom DeLuise, dando vida a un operario patoso que, aun siendo un desastre, no es quien parece ser, pues resulta simpatizar con los del otro lado del Telón de Acero y quien pretende apropiarse de la tecnología desarrollada por ese Taylor enamorado de una sirena que, se vista de Lewis o se llame Jennie o Ariel, no deja de ser Doris Day.


Imagen de cabecera: Cartel promocional original de "The Glass Bottom Boat" (1966), dirigida por Frank Tashlin © Metro-Goldwyn-Mayer.

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