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La bella y la bestia (1978)



Julie y el cuervo


Por Antonio Pardines



Jean Cocteau y el gigante empresarial Disney, así como la serie televisiva protagonizada por Linda Hamilton y Ron Perlman, optaron por una bestia regia, cuya cabeza de león, envuelta en su hermosa melena, genera la idea de estar ante alguien mitad humano, mitad rey de la selva. En todo caso, asoman más aristócratas que la exhibida por la bestia de Juraj Herz en su adaptación del cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. El maldito de La bella y la bestia (Panna a netvor, 1978) presenta rostro avícola, quiero pensar que de cuervo porque es un ave que trae a la mente la oscuridad que tanto se relaciona con el terror y la literatura gótica decimonónica. Pero sea de cualquier tipo, sí resulta una cabeza más gótica que las de las versiones arriba señaladas.


Tal vez incluso pueda verse como un homenaje a Edgar Allan Poe, pues lo gótico en manos del autor de Boston es el reflejo oscuro del romanticismo, de las emociones y de los sentimientos que dan forma a los personajes y a las situaciones. Algo similar, aunque llevado a la pantalla en lugar de a la imprenta, sucede en las de este cineasta checoslovaco, ajeno a las florituras técnicas y a la experimentación formal de la nueva ola, cuya obra más prestigiosa es El incinerador de cadáveres (Spalovač mrtvol, 1969). Herz se decantó por ese tono oscuro, desolado, amenazador, para su cine de género, que le permitía jugar con las imágenes y con los censores. Fue de los pocos cineastas europeos que, por entonces, desarrolló claramente un cine de terror y fantástico. Escoger hacer cine de género no tenía que ser una claudicación frente al sistema, sino que bien usado aligeraba la vigilancia de la censura, que consideraba menos peligroso este tipo de producción, supongo porque minusvalorarían sus posibilidades subversivas, cuando en manos como las de Herz resultaba todo lo contrario.


El cuento pasa a un plano secundario, lo que importa es el ambiente, la atmósfera —primordial en el género, tal como ya habían demostrado el expresionismo, los estudios Universal y el productor Val Lewton—, las sensaciones que genera y nos atrapa junto a Julie (Zdena Studenková), personaje que pasa de la pureza al conocimiento o comprensión, y la bestia (Vlastimil Harapes). Encierra a su pareja protagonista dentro de lo que parece denso, amenazante, incluso en descomposición, la atrapa en nuestra propia imaginación, en la que nos vemos limitados por la imposición humana que ve horror donde puede existir hermosura, donde existe el conflicto y la complejidad que al condenado le hace verse monstruoso, lo cual se contrapone con la simplicidad de quienes lo juzgan como tal por su cuerpo y su rostro…

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